[OPINION] El nuevo orden neoliberal securitario (por Alfonso Madrid)

La racionalidad económica neoliberal muestra también los límites de la democratización capitalista. Una de estas manifestaciones, al parecer poco estudiada, es el nuevo orden neoliberal securitario, consistente en una adaptación militarizada al cambio climático. Chile, mencionado laboratorio del neoliberalismo a nivel mundial, no se escapa de esto, ni tampoco lo hacen países del área latinoamericana que hoy en día muestran, quizás, un insuficiente avance en la búsqueda de nuevas formas de organización social que se traduzcan en políticas que puedan ser implementadas por la mayoría de las poblaciones humanas que habitan estos territorios, y que respondan organizadamente a los embates y al crimen, por ejemplo, del deterioro irreversible del aire que respiramos, el agua que bebemos, y que luchen incansablemente por toda forma de vida que mejore -en todo sentido- el medio natural donde existimos.

Haciendo un poco de historia, constatamos que el nuevo milenio empezó mal. Desde los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Norteamérica, asistimos a un gran retroceso en la práctica y protección de muchos derechos y libertades, a lo menos pregonadas, por los gobiernos del mundo occidental. En el mes de octubre de ese mismo año, aviones militares estadounidenses y británicos, apoyados por otros países europeos, iniciaron sus incursiones mortíferas sobre Afganistán, comenzando la operación “Justicia infinita”. Luego vendría otra operación militar con iguales características, “Libertad duradera”, que inauguraba la llamada “Guerra contra el terrorismo”. Tiempo después, en la primavera del año 2003, se culminó la destrucción de Irak, planificada minuciosamente más de 10 años y apoyada por un embargo tras la ”Operación tormenta del desierto”, en enero de 1991.

Desde lo descrito más arriba, hemos visto cómo la defensa retórica de los derechos humanos ha servido de cobertura y, a veces, ofensiva para violarlos de manera sistemática; que han ido justificando no solo ingerencias sino groseras intromisiones como lo son hoy en dia en Nicaragua, Venezuela, Brasil, Bolivia y Cuba; todas cubiertas bajo el manto del humanitarismo. La Organización de Naciones Unidas y la Unión Europea no escapan a esto. La clara injerencia imperialista ha encontrado en el discurso de los derechos humanos un valioso recurso ideológico igual a lo que representó en la época colonial la llamada ”misión civilizatoria”, doctrina con la cual fuimos educados muchas y muchos de nuestra generación en Occidente.

El verdadero retroceso en los derechos y libertades no se ha producido únicamente en las relaciones internacionales. Dicho retroceso de las libertades democráticas ha sido intenso en el interior de las sociedades de todo los paises occidentales. La génesis de esto se debe buscar en la promulgación de la Patriot Act del 26 de octubre de 2001, en EEUU, argumentada y promulgada en la necesidad de fortalecer la capacidad del Estado en una guerra contra el terrorismo. Al imponerse esta última como política de Estado en los diferentes paises, ha llevado como resultado el tener que elegir -en la práctica- entre mayores cotas de seguridad o mayor protección de las libertades de los ciudadanos.

A principios de los años 80, con la llegada de los gobiernos neoliberales, el Estado optó por recortar la libertad de mercado ofreciendo en reemplazo una amplia gama de servicios públicos de tipo universal que garantizaron derechos sociales y libertades democráticas. En las últimas décadas, el Estado neoliberal comenzó a desmantelar los sistemas públicos de protección social, abriendo con ello una rígida inseguridad existencial a la libertad absoluta de un mercado controlado por el capital, transformándose prácticamente en un distrito policial obsesionado por el orden, la seguridad y, por sobre todo, el mantenimiento del statu quo.

Lo sucedido en el periodo de los años 80, particularmente en los Estados neoliberales, evolucionó hacia un Estado securitario, que en el contexto de un trágico deterioro ecológico, una asimétrica globalización y una profunda crisis social, responde a toda muestra de malestar en las comunidades, endureciendo de manera brutal el aparato punitivo y creando leyes que ponen en cuestionamiento, primeramente, libertades y garantias legales.

Vivimos en un orden neoliberal securitario. Poderes económicos y políticos han evolucionado estrechando cada vez más sus actuaciones y demostrando en cada una de éstas una fusión con la empresa privada, trayendo como consecuencia inevitable la politización de esta última en la medida que el Estado se privatiza, lo que resulta en un indiscutible, y ahora muy visible, privilegio a una clase dominante constituida por poderosas corporaciones al mando de “eficaces” empresarios.

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS ESTADOS SECURITARIOS

En los Estados que han ido perdiendo paulatinamente su función protectora, reguladora y distributiva, sustituyendo estas propiedades por represión y penalización, como se aprecia claramente en países llamados del tercer mundo, aparece con una intensidad cada vez mayor el cambio climático ligado a sus amenazantes consecuencias.

Las actividades humanas, aquellas denominadas antropogénicas, afectan a la atmósfera de diferentes maneras: produciendo calor, partículas o gases. Tras el incremento de la quema de combustibles fósiles, aquellos como el petróleo, carbón, gas natural y gas licuado del petróleo que se han formado a partir de la acumulación de grandes cantidades de restos orgánicos provenientes de plantas y de animales, estamos cambiando significativamente algunos parámetros atmosféricos. Estos cambios afectan al clima de diferentes maneras: incrementando el efecto invernadero (1) y la incertidumbre climática, contaminando el aire y destruyendo la capa de ozono.

La concentración media mundial de dióxido de carbono (CO2) el año recien pasado en la superficie de la Tierra fue de 405 partes por millón (ppm), 2,2 ppm más que en 2016, siendo la más alta concentración de gases en los registros modernos de mediciones.

Estudios recientes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los EEUU (NOAA, por su sigla en inglés) señalan que la tasa de crecimiento global de CO2 se ha casi cuadruplicado desde principios de la década de 1960. EEUU es el segundo pais más contaminante del mundo después de China, pero sabemos que se retiró de sus compromisos medioambientales bajo el gobierno de Donald Trump en la Cop21, Conferencia de las Partes celebrada en París, en 2015.

MITIGACIÓN Y ADAPTACIÓN

Las acciones únicas y sostenidas que propone el poder mundial para enfrentar los efectos del cambio climático se llaman mitigación y adaptación. En Chile, uno de los centros élites de estudio e investigación del cambio climático, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, reúne a investigadores de distintas disciplinas de las ciencias naturales y sociales que estudian cómo el cambio climático impacta a los ecosistemas y a la sociedad chilena. En la presentación de dicho centro se expresa que: “el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 apoya(r) la definición de medidas de adaptación y mitigación para construir una sociedad más resiliente al cambio climático”. Sobre resiliencia ya hemos escrito y para las y los interesados podemos sugerir leer, de mi autoría, Desarrollo Sostenible y Resiliencia (2).

De lo anterior expuesto, existe la necesidad, a nivel mundial y particularmente en Chile, de mitigar las causas del cambio climático y lisa y llanamente adaptarnos a sus efectos…es el discurso oficial. Sin embargo, la adecuada adaptación requiere enfrentar crisis previas -el militarismo y el neoliberalismo- mediante la organización desde y con las bases populares, y una planificada y necesaria inversión social. Una real mitigación requiere abandonar la ortodoxia de una economía de libre mercado, que únicamente impide nuevas formas e intentos de enfrentar el cambio climático y buscar salidas del régimen económico social capitalista.

La mitigación significaría en la práctica una reducción de nuestra producción de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, como el metano y los clorofluorocarbonos, que impiden que el calor del sol irradie nuevamente hacia el espacio. La mitigación supone una gran transformación en el uso de las energías a fuentes limpias como el viento, la energía solar, la geotérmica o la energía marina. En la práctica significa clausurar las plantas de energía alimentadas por carbon, liberar a nuestra economía del petroleo y construir un sistema de energías alternativas. La pregunta queda abierta frente a este enorme desafió: ¿Estamos en Chile logrando avances y se ha resuelto de manera democrática y participativa, teniendo en cuenta la experiencia internacional, un adecuado y correcto horizonte de futuro limpio y beneficioso para la vida en el territorio? La respuesta es: ¡no!

Por otra parte, adaptación significa prepararnos como especie para formas de vida y convivencia con otros seres vivos, y para  con los efectos del cambio climático, algunos de los cuales ya padecemos y que son inevitables y lamentablemente irreversibles. A esta adaptación habría que agregar, fuera de su inherente dimensión biológica, las implicancias técnicas y políticas. Es, sin duda alguna, una problemática compleja.

También debemos considerar que una adaptación técnica implica, por sobre todo, un cambio cultural que transforme nuestra interacción con la naturaleza a medida que esta naturaleza se va también transformando y, a su vez, aprendiendo a vivir con lo que nosotras y nosotros mismos, de una u otra manera, hemos sido afectados.

La adaptación política, para Nick Buxton, responsable de comunicación del Transnational Institute (TNI) y Ben Hayes, investigador independiente especialista en políticas de seguridad de ámbito nacional e internacional, implica en profundidad transformar nuestras propias relaciones humanas y las relaciones sociales entre la población. Se ha señalado que una adaptación política exitosa al cambio climático significa: “desarrollar nuevas formas de contener, evitar y reducir la violencia alimentada por el cambio climático. Esto demandará redistribución económica y desarrollo, así como de una nueva diplomacia para la construcción de la paz” (3).

Desde el punto de vista de una estrategia militar, en donde se insertan los arriba citados autores, convienen en que el cambio climático ya está en marcha y que de manera acelerada lo podemos apreciar y será cada vez más notorio, respondiendo con armamentismo, formas de exclusión cada vez más evidentes: el olvido, la impunidad, la consabida represión policial, los seguimientos, vigilancia y hasta los asesinatos; estos últimos situaciones que a diario afectan dramáticamente territorios del Abya Yala, particularmente Latinoamérica, y que en Chile hoy emergen dolorosa y lamentablemente, como es el caso del dirigente del Cabildo Abierto Quintero-Puchuncaví, Alejandro Castro, amenazado de muerte y encontrado muerto el 4 de octubre pasado a pocas horas de haber participado en una masiva marcha en Valparaíso en protesta por la crisis ambiental que se vive en la zona declarada de “sacrificio ambiental”, término morboso que comienza a difundirse desde los tiempos de la Guerra Fría (1945- 1991) y, como resultado, de la lluvia radioactiva caída.

Este tipo de fascismo climático, basado en la exclusión, el exterminio selectivo, la segregación y la represion, nos resulta terrorífico. Sin embargo, podemos augurarle con beneplácito que está condenado al fracaso. Los pueblos que luchan no pueden colapsar sin llevarse irremediablemente en su desplome a las economías ricas. Si permitimos, por otra parte, que el cambio climático arrase economías y pueblos enteros, no habrá suficiente barreras, muros, armas, alambre de púas, drones armados y mercenarios que puedan poner en resguardo a las élites mundiales del colapso planetario.

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(1) Efecto invernadero es un fenómeno por el cual ciertos gases retienen parte de la energía emitida por el suelo tras haber sido calentado por la radiación solar. Se produce, por lo tanto, un efecto de calentamiento similar al que ocurre en un invernadero, con una elevación de la temperatura. Este efecto invernadero se produce por la acción de varios componentes de la atmósfera planetaria. El proceso de calentamiento ha sido acentuado en los últimas años por el modo de producción capitalista que implica, entre otras causas, la emisión de dióxido de carbono, metano y otros gases.

(2) https://prensaopal.cl/2018/02/25/desarrollo-sostenible-o-resiliencia/

(3) Cambio Climático S.A. Buxton, Nick y Hayes Ben ;Fuhem Ecosocial, 2017, pags 64, 65.Opinion_AlfonsoMadrid

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