
(Reportaje de Octavio Soto Ormeño)
La Feria “La Merced” nació a finales de los ’70 en manos de un reducido grupo de porteños y porteñas acostumbrados a situarse los fines de semana a un costado de Plaza O’Higgins, en ese entonces por calle Rawson, para vender una variedad de artículos a los transeúntes. Ya sea por el empuje que da una ciudad que guarda un enorme potencial patrimonial, o bien por una simple ocurrencia, era usual encontrar allí objetos con una atractiva cualidad: la antigüedad.
Aun cuando funcionaran a pocas cuadras dos tradicionales anticuarios (Antigüedades El Abuelo y Casa de Antigüedades Lagazio), la venta de piezas con décadas, e incluso siglos de historia, a precios económicos y en un concurrido punto de Valparaíso, tuvo un éxito tal que llevó al conjunto de comerciantes a dedicarse por completo a aquel rubro. Pasó poco tiempo más para que la Municipalidad notara cómo pasaban de manejar puestos callejeros a constituirse como una feria popular de gran potencial. Bajo estos términos, fue establecida formalmente como tal y se trasladó a un sector de la plaza donde gozaban de una mayor comodidad estructural.
La “Feria de Antigüedades y Libreros La Merced” fue titulada así en honor al nombre original de la Plaza O’Higgins y la antigua iglesia homónima ubicada al frente.
Así, con los años, la “Feria de Antigüedades y Libreros La Merced”, tal como lo indicaba su toldo albiverde por calle Victoria, tomó parte en el amplio catálogo costumbrista y cultural de la ciudad puerto y se convirtió en un Patrimonio Inmaterial, título que adquirió en 2012 desde el municipio. Con 84 puestos, todos los sábados, domingos y festivos, han de ofrecer artículos decorativos, muebles, piezas de colección y libros usados.
La Merced, a sus 41 años de actividad, sin embargo, es asaltada por cierta melancolía. El 2014 fue trasladada a Plaza Sotomayor debido al cierre perimetral de Plaza O’Higgins, para la construcción de estacionamientos subterráneos, la realización de arreglos y mantención. Hoy, lo que pareciera ser uno de los más rentables núcleos turísticos de Valparaíso, a los pies de los “héroes” de la Guerra del Pacífico y frente al corazón del puerto, no les ha entregado todo lo que quisieran, y aquello a lo que estaban acostumbrados en su tradicional ubicación.
Para ello, Roa hizo un llamado al Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu) para su pronunciamiento ante el estancamiento de la obra. “Esperamos haga su trabajo de manera diligente y oportuna para no provocar más retrasos”. Según lo informado tras el acuerdo entre la Municipalidad y la empresa constructora encargada, los trabajos -que conforme al último registro están al 98%- culminarían el primer semestre de este año.
“Ha sido muy negativo el cambio, hemos sufrido mucho”, aseguró Olivares, quien también fue dirigente de la Asociación Gremial. Para él, el cambio de sitio fue como si lo sacaran de su casa, y le ha costado principalmente reivindicarse con la clientela que, cree, gran parte ni se ha enterado del cambio a Plaza Sotomayor, lugar poblado mayormente de turistas.
Su esperanza es que, al volver a Plaza O’Higgins, renovada y mejorada, prospere su situación y la de sus compañeros, pero es escéptico. Considera que incluso factores como la globalización y el internet afectan de forma ineludible a su labor, aquella por la cual ha dejado toda una vida, aquella que le ha enseñado tanto.
Eran más de las 13:00 horas y recalcó que desde temprano sólo había vendido cuatro mil pesos. Pero quiso ser más gráfico aún, y aprovechó que se acercara una señora:
-¿Qué precio tiene esta?
-(Pedro) Perlas de río…
-¿Cuánto valen?
-(Pedro) ¿Cuál de todas?
– (Señala una pulsera)
-Esa la tengo en ocho mil pesos…
-(La mira y se va)
“Mira, le acabo de ofrecer en ocho mil una cuestión que vale más de 25 mil pesos, y no la compra. Ocho mil pesos… ¡Perlas de río, esto no es plástico!”, concluyó Olivares.

