Opinión

[OPINION] Los territorios al poder (por Rafael San Martín)

Nuestra declaración de independencia, entre otras cosas, dice: “Era preciso que algún día llegase el término de esta violenta sumisión; pero, entretanto, era imposible anticiparla: la resistencia del débil contra el fuerte imprime un carácter sacrílego a sus pretensiones y no hace más que desacreditar la justicia en que se fundan”.

A más de 200 años pareciera anticuadamente republicano volver a leer este fragmento, sin embargo, (aunque muchos no lo quieren ver) puede cobrar un nuevo sentido que no es otro que la rebelión del poder originario al orden, por degeneración, establecido.

El diagnóstico es claro y ya por todos conocido, debatido y madurado desde nuestras asambleas barriales en los cerros de nuestro Valparaíso: el actual sistema imperante no satisface siquiera la más elemental de nuestras necesidades humanas.

Dicho lo anterior, desde nuestros barrios -el poder originario- tenemos la convicción de que cada uno cuenta y que nuestra participación debe ser directa y de cara a las instancias de reflexión y deliberación que construyó el pueblo desde el 18-O: nuestras asambleas.

Se puede criticar, si usted gusta, el asambleísmo, pero hoy parece ser la única forma de no caer en un gatopardismo constitucional que muchos vislumbramos fruto del “acuerdo por la paz”, otra “cuisine politique” de los partidos políticos constituidos.

Quiérase como se quiera, para bien o para mal, nosotras y nosotros estamos llamados hoy a apoderarnos del momento histórico constituyente que, a propósito de la declaración de independencia, nos corresponde por derecho natural y republicano. Esta es una atribución previa a cualquier ley o entidad estatal que busque imponernos un marco, sistema o siniestros quórums antimayoritarios.

Cierto es que dicho plato que nos ha servido el poder establecido sabe tan rancio como cualquiera otra “soma” de la felicidad, pues no garantiza, e incluso me atrevería a decir, impone barreras de entrada insoslayables para nosotras y nosotros.

Entonces cabe preguntarse ¿cuál es la propuesta desde nuestras asambleas que se conforman en una energía horizontal de diálogo y debate inclusivo? ¿Cómo idear de manera colectiva la mejor fórmula para que nuestros territorios se encuentren representados en el órgano constituyente?

Sería bueno quizás pensar en constituir en Valparaíso una especie de “Concejo de todos los Cerros” algo así como un gran cabildo comunal, que desde el poder originario reflexione y ejercite la democracia directa para buscar una vía de representación en el órgano constituyente, ya que ni el acuerdo ni el proceso constitucional en curso, nos resultarán suficientes.

Rafael San Martín
Abogado
Vecino Cerro Florida

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