Opinión

[OPINION] Valparaíso deportivo: un patrimonio a rescatar (Nicolás Andrade)

En el mar, todas las mañanas podemos ver a personas explorando nuestra costa. Grandes y chicos parten desde el Muelle Barón para navegar mientras disfrutan de la vista de nuestros cerros, se adentran en las profundidades para observar nuestro patrimonio marino o se ponen a prueba desafiando las olas con la natación.

Un poco más allá destaca el Centro de Escalada Tornamesa, ubicado en un lugar patrimonial. Ahí, las personas aficionadas a este deporte se preparan para desafiar a la naturaleza y quizás hasta las menos experimentadas ponen a prueba su resistencia a través de esos movimientos cortos y verticales. Porque justamente ahí están sus valores. Por un lado, incentivar la actividad deportiva para hacerla accesible, masiva y que toda persona aprenda a superar sus propias habilidades. Por otro, darle valor a un lugar que estaba en el olvido.

Valparaíso está lleno de eso, el básquetbol nos perfila como una ciudad que se ha caracterizado por sacar jugadores y jugadoras de primer nivel. Los clubes de fútbol amateur, que se levantan en cada rincón de los cerros y el Plan, ofrecen un espacio recreativo y enseñan de compañerismo, superación y otros aprendizajes claves para la vida en comunidad.

¿Qué tiene que ver todo esto con la política local? ¡Mucho! Sobran ejemplos para hablar de cómo el deporte forma a la infancia, facilita un espacio de organización social a personas adultas y mayores, fortalece el tejido social, construye redes de apoyo, aporta al comercio local y hasta nos ayuda a la recuperación patrimonial. Tan importante en un lugar como Valparaíso, lleno de infraestructura histórica.

Lamentablemente, y como inicia esta columna, no se puede negar que aún con todo lo que ofrece la práctica deportiva, no ha sido una de las áreas impulsadas desde el gobierno local y regional. Las brechas educativas, la escasez y los pocos recursos disponibles hacen que la organización deportiva se sature, se desanime, se deprima, se desplome. Bajo esa perspectiva, necesitamos actualizar las políticas públicas deportivas, reformular los objetivos para que las instituciones sociales y deportivas se reconstruyan bajo la asociatividad, disponiendo así de recursos estables que generen cohesión social. Estos principios de reconquista de nuestros espacios deportivos locales son fundamentales para el Chile de mañana, para la comuna que queremos. Tenemos que entender que cuando gestionamos deporte, gestionamos calidad de vida.

Es un desafío que debemos emprender. El Valparaíso que soñamos es también de los miles de deportistas y profesionales del área que habitan la ciudad. Gracias a ellos y ellas, emerge la vida activa.

Avanzando en esa dirección, estas organizaciones barriales podrán tomar un nuevo ímpetu y ocupar su lugar en la construcción de un nuevo país, ese que hace ya buen rato soñamos.

Nicolás Andrade
Candidato a Concejal por Valparaíso

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1 reply »

  1. El deporte en Valparaíso ha sido relegado a ser una actividad que puede dar redito político o mediático, poco hay de construcción a largo plazo, Valparaíso Cerro Abajo, Copa Pancho, las ligas de futbol amateur, son ejemplo de ello.

    La ciudad se configura con un escenario natural e ideal para prácticas emergentes y patrimoniales, pero la verdad, parece ser que la autoridades tienen otras prioridades, haciendo vista gorda a esto, tal cual se olvidaron del valor histórico que tienen las baldosas de la Plaza Victoria.

    Sin embargo y pese al abandono en muchos aspectos que tiene la ciudad, su gente, los porteños y otras personas que llegaron y se enamoraron de esta ciudad, rescatan, valoran y luchan contra ese olvido. La Tornamesa es un buen ejemplo, de cómo un estudiante de arquitectura de la USM parte a través de una idea a crear un centro de escalada en lugar patrimonial de la ciudad, colándose entre trenes, la bahía y los conteiners. El club de Las Galaxias, en subida ecuador también es otro ejemplo de rescate, valor y comunidad dentro de la ciudad. Ellos pasaron de jugar a la pelota en la YMCA a la adjudicación un terreno en el pasaje Prieto y cumpliendo el sueño de la cancha propia, pero sería mezquino solo quedarse en esa gran gestión, porque hacen más, es un grupo de personas muy heterogéneos que se respeta más allá del deporte, buscan de aportar a su comunidad cercana, porque sienten que esa cancha de pasto sintético es más que lugar de ir y jugar, es un espacio común de deben cuidar y mejorar.

    Y así existen más clubes barriales que aún mantiene su labor de formación de personas, pero que poco a poco están siendo desplazadas por otras prioridades, sin un nulo apoyo institucional de ciudad.

    Lo esperanzador de esta realidad, es que su gente sigue ahí, construyendo y protegiendo ese valor vivo, aparecen y desaparecen historias ligadas con el deporte y la actividad física que están ligadas al puerto, lo que falta es atención y la implementación de políticas deportivas verdaderas, no aquella acción de la foto con la entrega de implementación deportiva, si no que un trabajo a largo a plazo que vaya construyendo personas más integrales para su comunidad, que entregue herramientas para aquellos que quieran implementar sus sueños deportivos, falta una verdadera intención de mejorar el deporte en la ciudad.

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