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Robinson Delgado Martínez: “Queremos caminar hacia una sociedad comunitaria”

(Entrevista al candidato independiente al Concejo Municipal de Valparaíso realizada por Adolfo Estrella)

¿Te parece si comenzamos con una breve presentación tuya?

-Soy una persona de 48 años. Porteño. Me he desarrollado profesionalmente en el ámbito de la cultura y, en concreto, en la promoción de la cultura popular de Valparaíso. Nací en 1973, por lo tanto, una parte importante de mi niñez y juventud estuvo marcada por la dictadura y eso influyó en mi visión de la política. Para mí, ha sido siempre algo valioso, pero con la condición de entenderla como algo participativo. Con la perspectiva del tiempo, vemos que la primera época de la llamada “Transición” estuvo caracterizada por una democracia ultra representativa. Generó ciudadan@s que elegíamos representantes a los cuales no les pedíamos rendición de cuentas y, más bien, les dábamos carta blanca para que actuaran.

¿Desde tu punto de vista, cuáles fueron las consecuencias de eso?

-En ese proceso nos fuimos transformando en una sociedad que no se hizo cargo de su propio desarrollo y que entregó a una clase política la toma de decisiones. Los acuerdos sociales fueron más bien imposiciones construidas por cúpulas políticas transversales que tenían detrás poderes económicos y el poder militar que nunca abandonó la escena. En la década siguiente, dentro del mismo esquema de acuerdos transversales, se abrió una posibilidad de participación, pero bajo la forma de pedir la opinión a la gente, que en la inmensa mayoría de los casos se quedaba en los cajones de algún ministerio y funcionaban más bien como una validación de las mismas decisiones que habían tomado anteriormente. Pero creaba una sensación de que sí estábamos participando de la política cuando en realidad no estábamos haciendo lo más importante en política que es la toma de decisiones. Ahora ya no basta con que alguien nos represente o que consulte nuestra opinión. Las comunidades quieren ejercer el poder de manera plena y, por lo tanto, tomar sus propias decisiones.

¿Le otorgas algún papel a la Revuelta de octubre a ese cambio en las exigencias de la comunidad?

-La Revuelta fue el punto de ebullición final de un proceso que se venía incubando desde antes. En la Revuelta explota y ese deseo de participación se convierte en sentido común. En los años noventa el sentido común era: elegimos a alguien y que decida por nosotros. En los años 2000 a 2010, el sentido común era que ellos tomaban las decisiones, pero podíamos opinar. Ahora el sentido común es tener control sobre las decisiones que se toman y, fundamentalmente, poder ser parte de las decisiones que nos conciernen.

Pero eso también les plantea exigencias a las propias comunidades…

-Claro, como contrapartida, para no caer en la irresponsabilidad comunitaria. Cuando generamos un mandato para que sea ejecutado por quien nos representa, debemos hacernos cargo de ese mismo mandato. Esto es parte de lo que nosotros llamamos Democracia Integral que significa que las comunidades que están generando ese mandato, entiendan que son tanto o más responsables que los mismos representantes de que ese mandato se ejecute. La Democracia Integral contiene la representación, la participación, la generación de un mandato y la responsabilidad comunitaria de que ese mandato se cumpla. Nuestro objetivo siempre es aumentar la participación de las y los ciudadanos en las decisiones que los implican y que la institucionalidad reconozca ese poder vinculante. Nosotros queremos que la participación se desarrolle de la manera más plena y amplia posible.

¿Cómo ves al actual proceso constituyente?

-Muchas de las candidaturas para la Convención expresan ese deseo de la ciudadanía de tomar para sí la democracia y el poder y traspasarlo a sus representantes como un mandato que sea claro y que sea construido constantemente. Por eso son relevantes los cabildos, las asambleas y la reactivación o formación de una serie de dispositivos comunitarios como las juntas de vecinos, los comités de vivienda, las brigadas de salud y muchas otras. También hay una activación de la lucha ambientalista absolutamente distinta. Lo que se busca es que las actorías sectoriales y territoriales sean las que tomen las decisiones y que tengan un rol más relevante que el mismo representante. El candidato o candidata es ahora menos importante que antes. Lo importante es el grupo de apoyo que elige a un representante para que represente lo que ellos y ellas quieren que represente, no que se represente a sí mismo. Lo relevante es el compromiso mutuo entre mandante y mandatado o mandatada.

¿Y cuál es aquí el rol de los partidos políticos?

Robinson Delgado junto al vocero nacional de MODATIMA, Rodrigo Mundaca, candidato a Gobernador Regional de Valparaíso.

-Los partidos políticos no han dado el ancho. Lo que tenemos que hacer es avanzar hacia una nueva militancia y hacia una nueva concepción de lo que es un partido político y su articulación con las comunidades. Aquí podemos tener como referencia ciertos activismos políticos independientes de los partidos, como por ejemplo la militancia feminista. Hay mujeres que están construyendo alternativas desde el propio feminismo, no desde los partidos políticos. Lo mismo sucede con las luchas medioambientales, donde tenemos el ejemplo de MODATIMA.

¿Y, en concreto, cuál es la propuesta del Proyecto La Comuna al cual perteneces?

-Nuestra iniciativa política, que es el Proyecto La Comuna, decide incorporarse en la disputa del poder institucional acompañado y reforzado por la actividad comunitaria que es una actividad de desarrollo de poder local también. Tomamos la decisión de construir candidaturas que le otorgan más valor al ejercicio democrático del poder de las comunidades que a la propia candidata o candidato. En Valparaíso eso lo concretamos asumiendo un compromiso formal, a través de un documento notarial, en el cual la candidatura, junto con un grupo de cerca de 50 actores sociales, dirigentes y miembros de colectivos de distinta índole, desde el mundo feminista, medioambiental, gremial, juntas de vecinos, cultural, etcétera, asumimos un compromiso colectivo para construir un espacio que hemos llamado el “Consejo de la Concejalía”.

¿En qué consiste este Consejo de la Concejalía?

En la jornada de recolección de firmas ante notario de las y los primeros integrantes del Consejo de la Concejalía.

-Es un ámbito de participación donde van a tener cabida, si ganamos las elecciones a Concejal, todas las personas que quieran comprometerse con el proceso para llevar adelante el ejercicio del poder colectivo. No se trata sólo de crear un programa entre todas y todos, porque eso tiene poca validez si el programa después no es ejecutado. Además, un programa no puede hacerse cargo de situaciones nuevas e impredecibles y, por lo tanto, las decisiones deben ser distintas de acuerdo a las circunstancias que afecten al Municipio. Como ejemplo, tenemos la pandemia que ha requerido de acciones no pensadas con anterioridad. Por lo tanto, pensamos que el ejercicio del poder y la democracia no es algo que suceda sólo al inicio de las elecciones, sino que debe actualizarse en cada momento con la participación colectiva; es un ejercicio constante.

¿El Consejo de la Concejalía es un espacio de poder?

-Claro, en el Consejo del Concejalía se estarán tomando decisiones permanentemente acerca de las acciones que debe llevar a cabo el representante elegido y que estará en el Concejo Municipal. Pero es un poder colectivo, es una expresión de Poder Comunitario. Es la entrega de un mandato que dice que las decisiones las debemos tomar entre todos y todas y permanentemente. Esto implica que, incluso, el colectivo político al cual pertenezco tendrá que recibir y aceptar las decisiones que provengan de este espacio. El Consejo de la Concejalía, si bien no tiene una existencia institucional, sí tiene una existencia política porque ahí se ejerce poder, y donde se ejerce poder está la política.

¿Se parece esto al “mandar obedeciendo” de los zapatistas?

-Sí, aunque son realidades diferentes. Nuestro colectivo político, el Proyecto La Comuna, tiene el convencimiento de que el ejercicio más sano del poder va en esa línea. Hoy día, la autoridad institucional tiene que perder protagonismo, incluso el mismo concepto de autoridad tiene que tomar otro sentido para que los intereses egoístas que se enquistan habitualmente en los espacios institucionales pierdan preponderancia. En la medida en que el poder se diluye más es menos corruptible. Lo primero que tenemos que resolver es cómo cambiamos la forma de ejercer el poder y el desarrollo de la democracia. Por eso que la “Concejalía de muchas” incorpora la diversidad: muchas luchas, muchas historias, muchos proyectos están invitados a este espacio. Y ahí asumimos que el poder no va a ser ni para el candidato ni para el colectivo al cual pertenece el candidato, sino que se va a ejercer de una manera colectiva abierta. Tampoco es que el colectivo le diga al concejal lo que tiene hacer, sino que nos pongamos de acuerdo acerca de lo que vamos a hacer juntos. La responsabilidad es de todos y todas. La “Concejalía de muchas” es una provocación a la autoridad institucional para que se vaya acomodando a una nueva realidad de participación.

Ha quedado clara la relación de ese espacio con el Concejal. Pero al revés, ¿qué es lo que debe hacer el Concejal para garantizar la expresión de esa diversidad?

-Creemos que la energía de las comunidades está subvalorada. Y la manera que tenemos que relacionarnos con esa energía es como uno más. La manera en que definimos nuestro Proyecto la Comuna es “somos vecinos y vecinas”. No somos gente distinta y no venimos a solucionar los problemas de otros o a traerles la buena nueva. Lo que venimos es a generar un proceso en el cual estamos insertos porque somos parte de ese espacio a través de nuestras juntas de vecinos y vecinas, nuestra labor comunitaria en clubes deportivos etc. Todos, los y las militantes de nuestro colectivo, tienen el compromiso de tener una participación comunitaria. Ser miembros de una junta de vecinos, ayudar a formarlas sin necesidad de cargos, sino que basta con ser parte activa de su comunidad.

¿Quiénes podrán participar en el Consejo de la Concejalía?

-Es un espacio abierto, pero las y los participantes deben adscribir a un conjunto de principios o valores comunes. El valor de la democracia, por ejemplo, el del cuidado del medio ambiente y de los animales, el respeto a todo tipo de diversidades. Además, deberán mostrar una conducta intachable en relación a todo tipo de maltratos, de género, a niños, a adultos mayores etc. Por eso el compromiso es de todos y todas, no sólo del concejal.

¿Pero, a su vez, estos miembros del Consejo deberán ser representantes de sus respectivas comunidades?

-No necesariamente. Lo que se les pide es que tengan participación activa en sus comunidades, no que las representen. No van a hablar por sus comunidades, pero sí deben participar en ellas. Esta participación es lo que más nos interesa. Porque nuestra apuesta es caminar hacia una Sociedad Comunitaria, que implica una concepción colectiva de la vida y de cómo asumimos los desafíos que la vida en común nos va presentando. Creemos que la sociedad se construye desde las comunidades y que ahí radica el Poder Comunitario. Sociedad Comunitaria y Poder Comunitario son conceptos y realidades complementarias. Ambos se oponen a las lógicas individualistas y competitivas. Creemos en una sociedad colaborativa, comunitaria y eso implica leer desde esta perspectiva las demandas de vivienda, salud, educación, cultura, patrimonio, etc. Por ejemplo, decimos que la salud comunitaria lo que busca no es sanarnos de las enfermedades sino evitar que nos enfermemos. Nuestra experiencia nos dice que necesitamos más liderazgos colaborativos y comunitarios que liderazgos caudillistas. Necesitamos más acompañar procesos comunitarios que liderarlos. Necesitamos más sanchos que quijotes.


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