Opinión

[OPINION] Percepción de la política en Chile: veredicto social por el cambio (Silvio Becerra Fuica)

Teniendo presente los resultados de los últimos procesos eleccionarios (2021) para elegir nuevas autoridades en Chile –gobernadores regionales, alcaldes, concejales– todo esto en el contexto de conformar a todos los integrantes de la mesa constituyente, que será la encargada de elaborar los textos de la nueva Constitución, nos permite apreciar que los ciudadanos, en respuesta a esta convocatoria de tener que votar para establecer cambios definitivos y universales al estatus socio–cultural y económico actual, hacen uso de una especie de inconsciente colectivo -figura abstracta de difícil definición- que contabilizó un pronunciamiento abrumador por la opción de cambiar el régimen político vigente, al igual como si hubiese existido un previo acuerdo para hacerlo. Es lo que en el ámbito del sentido común se conoce o manifiesta como “sabiduría popular,” la que no se ajusta a la idea de sabiduría que tenemos, la que se manifiesta y reconocemos en una determinada persona, de la cual decimos que es un sabio por su actuar cauto, informado y prudente al momento de tomar decisiones.

Ante este tipo de reacciones del mundo social, en abstracto, pero que tienen un origen a partir de una dura realidad social, es difícil tener una idea clara de qué es lo que está pasando realmente en este nivel de relaciones humanas donde, sin que nadie se lo proponga, se van gestando lugares comunes que van cobrando fuerza en la sociedad y que en un momento determinado pueden llevar a que los individuos puedan tomar decisiones insospechadas que sorprenden por completo a otros estamentos de la sociedad como el político, por ejemplo.

Esta situación real y efectiva en cuanto fenómeno requiere de un profundo análisis que debería ser capaz de dilucidar las causas que llevaron a que ocurriera un fenómeno político-social como este en nuestro país. Quizás fue un error legalizar el voto voluntario o simplemente tenemos a la vista una sociedad de trabajadores, estudiantes y pasivos, que no ven cumplidas sus mínimas aspiraciones y expectativas de vida asociadas, producto de la maraña de acciones que se llevan a cabo en la superestructura que sustenta el hacer político, en las cuales el hombre común y corriente no se siente considerado, más bien excluido.

A pocos días de concluidas las elecciones hemos podido conocer las reacciones del mundo político que se manifiesta incrédulo ante el hecho de que pueda existir otra fuerza social no concertada –invisible para estos- que pueda manifestarse de manera diferente a lo que son las reglas de la política partidista ortodoxa.

Pensando positivamente, lo acontecido es un hecho y oportunidad para todos, un punto de partida que pone en primer plano la materia prima fundamental que puede permitir a los políticos escapar del círculo vicioso en que por décadas se han mantenido, y que puedan ser capaces de repensar en forma radical, lo que significa ser un representante elegido por los ciudadanos llevando, en lo posible, a un cambio en los paradigmas existentes que permita un actuar en sintonía entre los integrantes de una sociedad en cuanto totalidad que, en términos de teoría de sistemas, permita su desarrollo mediante la acción integradora de todos sus elementos o componentes.

Este pronunciamiento ciudadano exige cambios radicales y estructurales, al modo en que el mundo político está llevando a cabo la acción de gobernar en el Chile de hoy; cambios que están siendo solicitados a todas las corrientes políticas, las cuales no obstante tener diferencias en lo relacionado con los principios e ideologías que los sustentan, en la práctica y en los hechos del día a día no manifiestan grandes diferencias en la forma concreta de actuar y de hacer política.

Es importante tomar nota de este hecho, pues en esta realidad de falsos contrarios, que sólo en teoría se oponen, podría estar la respuesta de por qué la sociedad chilena, especialmente en el sector de los más jóvenes, está solicitando cambios profundos que conduzcan a una administración del Estado más inclusiva, más equitativa y definitivamente más transparente. Recordemos que, para que exista una verdadera síntesis de conocimientos y experiencias, debe existir una realidad de contrarios actuantes, que son los únicos garantes de que un proceso en el ámbito social pueda activar cambios estructurales convenientes para todos.

Actualmente, Chile es parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismo internacional conformado por países desarrollados y en desarrollo, como es el caso de Chile, el que al ser aceptado como miembro de la OCDE, asumió voluntariamente el compromiso de orientar sus esfuerzos tras la búsqueda de los estándares que mantienen los demás países miembros de esta organización en las diferentes áreas del desarrollo: salud, educación, bienestar, medio ambiente, crecimiento económico y equidad social.

En este contexto, es importante comentar que la OCDE, durante el mes de octubre del año 2013, dio a conocer la publicación “Estudios económicos de la OCDE, Chile visión general,” mediante la cual entrega una visión general del comportamiento económico y desarrollo de nuestro país, desde su ingreso como miembro activo de la OCDE hasta el año 2013.

A juicio de la OCDE, Chile ha mostrado avances significativos, pero aún insuficientes para alcanzar el nivel de los demás países de esta organización internacional, motivo por el cual recibe algunas recomendaciones que apuntan al reforzamiento de medidas que se deben tomar para el desarrollo y avance en áreas específicas que así lo requieren, las que no solo deben mejorar en forma compartimentada o particular, sino que de manera integrada con las demás áreas relacionadas, única forma en que los beneficios y avances se puedan evaluar y apreciar desde un punto de vista con enfoque sistémico. Esto quiere decir que poco ayudaría el que algunas áreas en particular se desarrollen en forma óptima, si las demás áreas no lo hacen de la misma manera, lo que indudablemente, desde el punto de vista de la totalidad –proceso- impide una línea de desarrollo con proyección futura.

Para entender las recomendaciones del año 2013, hechas por la OCDE a nuestro país -las que son completamente aplicables al Chile 2021- y poder dar paso a su cumplimiento, es necesario internalizar que crecimiento económico, por sí solo, no es todo lo que se requiere para alcanzar un desarrollo sustentable, por lo cual es interesante tener a la vista que el crecimiento económico es solo una de las fases o etapas que se deben cumplir para alcanzar este tipo de desarrollo, el que debemos entender como la resultante de políticas integradas que apunten al crecimiento económico (materialización de procesos), equidad social (negociación de procesos) y sustentabilidad ambiental (manejo de procesos que considere medio ambiente y recursos), que es lo que la gente reclama se haga efectivo.

A la luz de los hechos, es necesario señalar que la participación de CHILE en la OCDE tiene que ser consecuente y transparente con la realidad político-social que nuestro país sustenta en estos momentos, la que, como podemos ver, está solicitando cambios profundos de inclusión social que estén acordes con la idea de hacer de Chile un país más justo e igualitario.

En el contexto anterior, que se refiere específicamente a la visión que tienen los ciudadanos de los políticos que han elegido y que formalmente deberían ser sus representantes y nexo fundamental con todas aquellas instancias que deciden los destinos del país, se han convertido definitivamente en el sector más mal evaluado, perdiendo fuertemente toda credibilidad. Si observamos esta situación que es anterior al estallido social del 18 de octubre de 2019, podemos darnos cuenta como ya se perfilaba el descontento social en el país por todas las irregularidades e inequidades sufridas por los ciudadanos desde el año 1973 en adelante.

Finalmente, de lo que estamos hablando es que el mundo político, de una vez por todas, debe poner sus pies sobre tierra firme y tomar consciencia de que como sector están para servir y no para ser servidos. Es el momento preciso de que tomen en consideración y como una oportunidad el lenguaje claro y duro  de los hechos recientes; los que indican que es necesario y perentorio enmendar el rumbo de esta embarcación que es Chile, para así evitar, hablando metafóricamente, que nos estrellemos en los duros y fríos roqueríos costeros producto de la indiferencia o incapacidad de poder entender y asumir el claro mensaje que la ciudadanía les entrega -al igual que un faro desde tierra- que orienta y traza el rumbo a seguir, para salvar con seguridad peligrosos escollos, de manera tal que quienes en la práctica detentan el poder político sean capaces, llegado el momento, de legislar, de tomar decisiones que en sinergia trasciendan al mundo social. Lo anterior significa que quienes legislan, en cumplimiento de su verdadero rol político, deberían encontrar el justo equilibrio que permita satisfacer, en la medida de lo posible y en forma sustentable, estas aspiraciones sociales, sin que esto signifique una desestabilización de los recursos del Estado.

Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía


Categories: Opinión

Tagged as: ,

Deja un comentario