La charlatanería, antes rechazada con tenacidad por la Iglesia Católica Apostólica y Romana, ahora es acogida por ella. Cualquier recurso es válido con tal de salir de las sombras mediáticas en que se encuentra, a propósito de su desprestigio por los crímenes de abuso sexual y de violaciones de jóvenes feligreses de ambos sexos, quienes batallaron y batallarán su vida entera con esa cruz, impuesta por el muñequeo corrupto de personajes de todos los rangos eclesiásticos a lo largo de los siglos recorridos por esta iglesia esparcida por el mundo y que -sin duda- continúan. Pero ahora, si los delitos se descubren y denuncian, se pueden enjuiciar y recibir no solamente la condena social, sino también la legal correspondiente, como crímenes justiciables que son.
El periodismo nacional y las comunicaciones dominadas por el poder establecido que enarbolan al sistema neoliberal opresor adhieren y consagran esta charlatanería, inundando los medios de comunicación masivos con la visita de la argentina Leda Bergonzi, más conocida como la Sanadora de Rosario, quien cruzó la cordillera acogida por la Iglesia Católica chilena, la que facilitó el histórico Templo Votivo de Maipú para el primer show de oratoria de la señora.
Buenas son las sanadoras cuando se quiere seguir negando un Estado de Bienestar en nuestro país que -entendemos- es a lo más que podemos aspirar si vemos la correlación de fuerzas de cambio, económicas, políticas y culturales existentes hoy ante la crisis de representación popular nacional, continental y mundial.
¿Hasta en esto de la influencia en la fe popular se está queriendo emular las prácticas de la dictadura de Augusto Pinochet? Recordemos que en la última década del período dictatorial los medios de comunicación nacional levantaron la figura de Miguel Ángel Poblete, un adolescente de la localidad de Peñablanca que veía a la Virgen María y recibía los mensajes que enviaba a los chilenos. Sabemos en qué terminó esa experiencia, pero en su momento cumplió la función de mover multitudes a la fe popular y a la gracia divina de la redención y, de paso, cubrir con un velo la realidad criminal de la dictadura y su decadencia.
Entretener dramáticamente al pueblo creyente ante la dura realidad del desempleo, sueldos de hambre, inflación y el paupérrimo, e incluso nulo avance en la línea de volver a poner los derechos sociales en su verdadera dimensión, es parte de las estrategias de manipulación a las que acude el sistema cada vez que tiene la oportunidad, y en complicidad no sólo con la Iglesia Católica, sino con todas las iglesias a las cuales les conviene cooperar para obtener su cuota de poder pedestre, que probablemente les rente más que vender el camino al cielo.
La Sanadora de Rosario se despachó la siguiente frase: “El cáncer es una enfermedad del hoy, creo que es una enfermedad que, para los que trabajamos en la salud, sabemos que es reincidente y que hay mucha gente que la tiene. Sabemos que tiene un origen, que es la falta de perdón”. Es decir, quien padece de cáncer es responsable de tenerlo, porque no es capaz de perdonar. Sólo las charlatanas o charlatanes son capaces de dar por cierta semejante barbaridad, que alcanza a cruzar el ideario colectivo rebotando en la necesidad de perdonar los crímenes de lesa humanidad, por ejemplo, para no morirnos de cáncer. Y, por qué no, para perdonar las fechorías de los curas pedófilos o redimir cualquier otro crimen de la corruptela institucionalizada del modelo económico, impuesto a sangre y fuego, por un golpe de Estado que cumplió 50 años y que sigue vigente en la Constitución que aún nos rige, en una democracia que no ha llegado a ser y que deja el camino abierto a un Estado policial que se manifiesta de múltiples formas.
Si el pueblo se deja manipular y ante sus problemas opta por apelar a Dios como primer y último recurso para intentar obtener soluciones, y de paso perdona a sus opresores -o peor, no los visualiza correctamente-, no cabe duda que enfrentamos un estancamiento o un franco retroceso en la tarea de superar el presente adverso, y una vez más los titiriteros que han trabajado para tener esta ventaja pueden seguir moviendo sus hilos como quieran, con toda tranquilidad.
Esperar a un salvador o a una salvadora no ha sido ni es opción para un futuro terrenal digno. El empoderamiento personal y colectivo es fundamental para provocar un cambio significativo en beneficio de nuestra vida particular y de la vida de nuestra sociedad en su conjunto. Necesitamos superar el miedo, y unidos atrevernos a diseñar y construir nuestro propio destino.
Proyecto La Comuna

