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[OPINIÓN] De los rebeldes será el reino de la miseria (Claudio Corvalán Robert)

Desde la mitad del siglo XX, los chilenos de a pie (nunca más exacto que en aquellos años en que los automóviles distinguían a las clases más pudientes), lograron a través de sus luchas, una serie de conquistas políticas y sociales que debían conducir a la construcción de una sociedad más progresista, eficiente y justa. No sólo los poderosos partidos de la izquierda impulsaban esta gigantesca empresa, sino el gran partido de centro -la Democracia Cristiana- había definido, repetidas veces, la vía de desarrollo comunitaria no capitalista.

Pero el hecho que tal modelo de desarrollo llegara a buen puerto, era demasiado peligroso para los amos del mundo, y el imperio norteamericano puso todo su poder económico y militar en contrarrestar el empeño del pueblo de Chile, hasta que finalmente, en 1973, se produce el más cruento golpe de Estado ocurrido jamás en la historia de nuestro país, derrumbando las esperanzas de los chilenos y sometiéndonos, hasta hoy, a un sistema explotador de nuestras riquezas, inhumano e injusto.

Si hasta aquí le parece que estoy contando una película de terror, Ud. esta en un error, es la verdad sin adornos y dicha con cierta dulzura porque en verdad el crimen cometido fue indescriptible.

Como es de público conocimiento, la arremetida del imperio contra nuestro modesto país, trajo el paredón y la muerte para 2123 personas, la desaparición de otros 1093 y la tortura, prisión y/o destierro de más de 38.000 chilenos, de los cuales quedan vivos aproximadamente 23800.

Treinta años más tarde, el 2003 y 2004 la sociedad chilena decidió, que las víctimas de esta masacre impulsada por el imperialismo, debían ser compensadas con algunos derechos, servicios y una compensación económica de tipo «simbólica» (en palabras del Presidente de la República de la época).

Sin embargo, una parte importante de estas 38.000 personas producto de su propia historia de prisión tortura y exilio,  siguieron sufriendo una vulneración indirecta de sus derechos, durante un largo periodo -más allá del tiempo que permanecieron en prisión- al ser estigmatizadas y marginadas por el sistema, lo cual les puso en desventaja frente a sus iguales, al no tener empleos estables y de calidad, ni crédito, ni previsión social; en suma, muchos de ellos enfrentaron la vejez sin propiedades, sin fondos de jubilación suficientes, sin salud, ni reconocimiento social.

Para estas personas la Ley 19.992 (Ley Valech) que les otorgaba un reconocimiento y una pequeña y simbólica compensación fue una alegría y una esperanza de recuperar parte de la dignidad perdida.

Pero, 4 años más tarde, en el 2008, aparece una nueva Ley, la 20.255 que en sus subterfugios y vericuetos vuelve a clavar la daga del castigo y el desprecio sobre estos luchadores sociales que dieron parte de sus vidas por los derechos de todos los chilenos. La citada Ley dictamina que aquellas personas que no tengan fondos previsionales suficientes para obtener una jubilación mínima, serán apoyados por un «Pilar Solidario» creado por el Estado para ese fin, pero si alguna de estas personas, que no tienen fondos previsionales, era a su vez una víctima de la violación a sus derechos humanos y estaba cobrando  la compensación «simbólica» fijada por el Estado de Chile, el monto de esta indemnización le será descontado de el monto que potencialmente les aportaría el Pilar Solidario (Art 36 de la Ley 20.255) es decir, con esta Ley se anula el derecho de estos chilenos a recibir un apoyo a su jubilación o, lo que es más  grave, anula su derecho a ser indemnizados por la violación de sus derechos humanos.

La mencionada Ley 20.255 fue modificada y reemplazada por la Ley de la PGU la cual en su Artículo 18 ratifica absolutamente lo dispuesto en la Ley anterior, eternizando el castigo para estos 24.000 chilenos que solo merecen reconocimiento y apoyo por la mantención de sus principios de solidaridad y justicia, que les llevaron a convertirse en victimas de de la ambición imperialista y sus cómplices chilenos.

¿Será acaso que aquellos que se rebelaron contra la injusticia arriesgando sus vidas y su futuro, no merecen ser parte del reino de la abundancia y serán castigados hasta ser borrados de la faz de la tierra como deseaba el Sr. Nixon?

Claudio Corvalán Robert
Proyecto La Comuna

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