Cultura

[RESEÑA] “El Observador de Pájaros”: Relatos distópicos de Adolfo Estrella (Pepa Mena)

Ocho Libros Editores 2023. Santiago de Chile

“El Observador de Pájaros”, libro de relatos de Adolfo Estrella, me impactó tanto la primera vez que lo leí que no pude armar un texto capaz de ordenar la cantidad de impresiones, de distinto tipo, que me dejó su lectura.

Vuelvo a leerlo ahora y de nuevo su texto tiene ese efecto que solo atino a llamar “desconcierto”. Un desconcierto que se vuelve más intenso cuando se advierte que, en realidad, Adolfo Estrella va desgranando en sus relatos la composición de un cercano “cuadro de época” que palpamos, pero que nos resistimos a ver. 

Y el primer desconcierto proviene, ya, desde el título… Si a usted, como a mí, “El Observador de pájaros” lo lleva a imaginar a un plácido hombre entregado al avistaje de aves, y si la palabra “pájaros” le hace imaginar un cielo en donde vuelan, libres y bellas, aves de todos colores y tamaños, se equivoca. Porque en cuanto se entra al primer relato, el lector capta que se está internando, de la mano de una pluma elegante, limpia y concisa, a la narración de la vida cotidiana en un mundo distópico. Un mundo al que, si no estamos ya pisándole los talones, queda a la vuelta de la esquina. Lo que quiero decir es que el libro de Adolfo Estrella huele a ciencia ficción, pero no lo es tanto. Los relatos se sienten tan próximos que son casi un registro de actualidad, aderezado sí por una serie de instituciones de control y represión propias de los relatos kafkianos. Instituciones que, si bien aún no existen, aluden a los operativos insensatos de un mundo asesinado por el que ya pasamos en este Chile. O sea, no tan ciencia ficción.

Recorren este libro de relatos un escritor que abandona sus escritos; un investigador científico que, inerme ante los datos sobre un “un mundo en extinción”, empieza a aislarse y a ausentarse de su trabajo; un pintor que deja de pintar ante la ausencia de paisaje; un loco encerrado en el psiquiátrico que dice a voz en cuello lo que, aunque se sepa, no conviene mencionar; una pareja que se recluye en un refugio de “supervivencia”. Un amante de los pájaros (los que ha estudiado y contemplado por años) que, de pronto, descubre que se han ido (o extinguido). Pero también hay, y es bueno decirlo, un escritor que pese a todo escribe y escribe porque “es lo único que sabe hacer”…Aunque se intuye que también escribe por porfía, por estética política, por amor, porque sí. Por testarudo, por no entregarse. Porque un escritor escribe, registra el mundo. Una y otra vez. 

Y si el libro de Adolfo Estrella logra agarrarnos de la mano para atravesarlo es porque su escritura lo permite: un estilo sin adornos, con distancia entre el narrador y lo narrado, restándole ese dramatismo tan propio de la literatura “catastrófica”. Y creo, también, porque logra contar episodios de un mundo que se está yendo a pique desde espacios cotidianos que nos son conocidos. De ese modo, y no otro, Adolfo logra animarnos a zambullirnos en estos relatos para dejarnos reflexionando, como dice Jaime Collyer “en torno a un futuro que no pinta nada bien, por decir lo menos».

Por último, un comentario lateral pero no tanto. Anoche, mientras cada tanto aparecían una que otra idea para este comentario, leía un libro llamado “Las gratitudes”, de Delphine de Vigan. Me topé con estas líneas: “Veo, como si estuviera allí, esas extensiones vacías, áridas, esos caminos devastados que surgen en mitad de las frases (…) Paisajes desolados, sin luz, de una trivialidad inquietante y nada, absolutamente nada a lo que aferrarse. Imágenes del fin del mundo”. La descripción hace referencia a una anciana que ha perdido por completo el lenguaje y la memoria. Una derrota final a manos de la voracidad del Alzheimer…La crisis climática ¿puede ser, como el Alzheimer, la devoración de la humanidad?

Pepa Mena
Redactora/editora

Categories: Cultura

Tagged as: , ,

Deja un comentario