La izquierda chilena está en crisis. Lo que antes era un movimiento que luchaba por los derechos de los trabajadores, hoy parece más preocupado de pelear entre ellos mismos y de buscar beneficios personales. Muchos de sus líderes han olvidado a la gente que dicen representar, y se han convertido en parte del mismo sistema que criticaban. El poder los ha corrompido, y ahora actúan como si estuvieran en un prostíbulo político, donde todo se vende y se compra al mejor postor.
Esta crisis no es solo un problema de los políticos, sino también de la clase trabajadora. Muchas veces, los trabajadores no tienen acceso a la educación necesaria para entender cómo funciona el poder y cómo se toman las decisiones que afectan sus vidas. Por eso, es fácil que los engañen con promesas falsas o que los manipulen para que voten por quienes no los representan. La falta de educación política y crítica ha permitido que este sistema corrupto siga funcionando.
La solución a esta crisis no es simple, pero tiene un punto de partida claro: hay que educar a la clase trabajadora. No hablamos de una educación formal, de libros complicados o teorías difíciles de entender. Hablamos de una educación práctica, que les permita a los trabajadores entender cómo funciona el poder, quiénes son los que realmente defienden sus intereses y cómo pueden organizarse para luchar por sus derechos.
Esta educación debe ser accesible y clara. No se trata de llenar la cabeza de la gente con conceptos complicados, sino de darles herramientas simples para que puedan analizar la realidad y tomar decisiones informadas. Por ejemplo, entender qué es el presupuesto público, cómo se reparte el dinero del país, quiénes son los dueños de las grandes empresas y cómo las decisiones políticas afectan sus vidas cotidianas.
Además, es importante que los trabajadores aprendan a organizarse. La izquierda no puede seguir dependiendo de líderes que, en muchos casos, terminan traicionando a su propia gente. La fuerza de la clase trabajadora está en su capacidad de unirse y luchar juntos por un objetivo común. Para eso, es necesario que haya espacios de discusión y formación, donde la gente pueda compartir sus experiencias, aprender de sus errores y construir una verdadera fuerza colectiva.
La crisis de la izquierda chilena es también una oportunidad. Una oportunidad para que la clase trabajadora tome las riendas de su propio destino y deje de depender de políticos que solo buscan su propio beneficio. Pero para eso, es fundamental que la gente se eduque, se informe y se organice. Solo así podremos terminar con este prostíbulo del poder y construir un país más justo para todos.
La tarea no es fácil, pero es necesaria. La educación y la organización son las herramientas que nos permitirán cambiar las cosas. Y ese cambio no vendrá de arriba, sino de la base, de la gente común y corriente que está cansada de vivir en un sistema que solo beneficia a unos pocos. Es hora de que la clase trabajadora tome el control de su futuro y empiece a construir un Chile más justo y solidario.
Jorge Bustos Bustos
Director Ejecutivo
Fundación Defendamos la Ciudad Región de Valparaíso
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muy acertado su análisis.