Históricamente la política pública relativa a trabajo infantil ha buscado reducir el trabajo de niños, niñas y adolescentes con el horizonte de que sus energías estén puestas en su desarrollo integral y el de sus intereses. Actualmente, según la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA) 2023, 178 mil realizan trabajos remunerados.
Si miramos con atención los datos, nos encontramos con fenómenos que se concentran según la zona, género y también condiciones socioeconómicas. En áreas rurales, por ejemplo, el trabajo infantil alcanza 22,1% versus el 14,7% registrado en zonas urbanas. Del mismo modo, los trabajos remunerados prevalecen entre niños con un 6,6% respecto al 4,2% correspondiente a las niñas, mientras que el trabajo doméstico no remunerado pasa a ser un 10,1% en varones y sube a 12,3% en mujeres.
Al mismo tiempo, el nivel socioeconómico está relacionado con la prevalencia del trabajo infantil. Los datos evidencian que, mientras mayores ingresos tienen los hogares, disminuye significativamente el trabajo de niños, niñas y adolescentes. Del mismo modo, datos ofrecidos por el Ministerio del Trabajo y Previsión Social, establecen que en los hogares cuyas jefaturas tienen menor escolaridad, hay mayor incidencia del trabajo infantil.
La evidencia es clara: el trabajo infantil en sus peores formas puede impactar negativamente el desarrollo de la niñez en distintos aspectos. Las labores pesadas pueden generar dolencias y enfermedades laborales, pero, sobre todo, el trabajo de niños niñas y adolescentes es nocivo cuando los priva de otros derechos. Según datos del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, los niños que trabajan disminuyen en once puntos su asistencia con respecto a los que no. Además, el 41% tiene un rendimiento muy bajo, bajo o regular en el colegio, versus un 27% en caso de los que no trabajan.
Del mismo modo, priorizar el trabajo, ya sea remunerado o no, resta tiempo a los niños, niñas y adolescentes de atender otros elementos fundamentales para su desarrollo, como las atenciones de salud, el tiempo de juego o recreación e incluso su participación en la vida pública. Problematizamos la falta de acceso a los derechos como un elemento que facilita la reproducción de desigualdades, lo que no permite la erradicación del trabajo en esta etapa de la vida.
El deber es claro: debemos garantizar el acceso a los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes y el trabajo, en extensión de horas y según condiciones, ya sean remunerado o no, no debe importunar su desarrollo integral. Como Ministerio de Desarrollo Social y Familia y el Ministerio de Trabajo y Previsión Social hemos instado permanentemente la promoción universal de los derechos de la niñez y la erradicación del trabajo infantil. De esta manera y sobre todo con la cooperación de toda la sociedad podemos avanzar hacia este horizonte y terminar de una vez con las brechas que reproduce.
Claudia Espinoza Carramiñana
SEREMI de Desarrollo Social y Familia
Arife Mansur Acevedo
SEREMI del Trabajo y Previsión Social
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