Valparaíso

[CARTA] Los números no dan

  • Carta a la redacción.

En un diario de circulación nacional, se da cuenta de que más de 130.000 personas trabajan como “Uber” y con esto muchos de ellos elevan sus ingresos mensuales hasta tres veces el sueldo mínimo, pero sin imponer nada. Chile cuenta con más de 3 millones de trabajadores informales, con salarios no declarados y en que muy pocos de ellos tributan, pero es claro que, en un número importante, ganan muy por sobre la mayoría de los trabajadores asalariados que tributan tanto para sus pensiones como para su salud. Aun así, muchas veces estos trabajadores no pueden acceder a beneficios sociales.

Modificar este tema es sumamente difícil, ya que a mi parecer ninguna empresa chica o mediana podrá igualar y menos superar lo que estas personas ganan como informales. Tampoco vemos propuestas al respecto por parte de los políticos en el Congreso ni en los candidatos a la Presidencia.

Una solución salomónica, pero que destruiría al país, sería igualar la cancha para todos y que nadie tributara, que todos vendiésemos en negro y en billetes, estilo Vega Central o Meiggs. Si ello sucediese, aquellos empresarios que tributamos mes a mes y año a año correctamente, podríamos obtener los recursos económicos y aumentar hasta el doble los salarios mensuales a nuestros empleados.

La solución real que aminoraría este serio problema es que todos los trabajadores informales tributen por al menos una renta mensual presunta acorde a su información comercial, que suele estar más actualizada que la información del Estado. Y es que el mercado pareciera ser más eficiente a la hora de estimar la renta de las personas que herramientas como el Registro Social de Hogares y otras por el estilo, que son vulneradas a diario por miles de inescrupulosos que acceden a beneficios sociales en desmedro de quienes realmente los necesitan (gratuidad universitaria o salas cunas, por mencionar solo algunos).

Aun así, creo que la mayoría no lo aceptará y preferirá seguir trabajando en forma informal, pues ganan más, a menos que se establezcan los incentivos correctos para la formalización. Y es que simplemente los números no dan; cada vez son menos los trabajadores formales y mayor la carga que estos deben soportar. Entre los millones de informales que demandan cada vez más servicios, sumados al creciente número de empleados públicos, no habrá recursos suficientes para nadie y los últimos en la fila serán los trabajadores formales. Más mal pelado el chancho, imposible.

Atentamente,
Daniel Zapata Zapata

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