[OPINIÓN] La cultura de culpar al otro en la vida en condominio (Yarella Núñez)

Vivir en comunidad nunca ha sido sencillo. El ser humano, por naturaleza, tiende a priorizar sus intereses individuales por sobre los colectivos, y en un condominio esta tensión se hace evidente día a día. Una de las expresiones más claras de esta dificultad es la constante práctica de culpar al otro frente a cualquier inconveniente.

Los ejemplos abundan: cuando se choca un portón, se acusa al conserje; cuando una mascota llora o ladra en exceso, se apunta a la administración; cuando los gastos comunes suben, se cuestiona al comité. Todo, menos asumir la propia cuota de responsabilidad. Esta conducta, más allá de ser incómoda, refleja un problema cultural que afecta la sana convivencia: la falta de autocrítica y la incapacidad de reconocer errores.

Lo paradójico es que los registros, las pruebas y los hechos suelen ser claros. Cámaras de seguridad, comunicados y acuerdos de asambleas muestran que muchas de las situaciones conflictivas son consecuencia directa de la imprudencia, el descuido o la falta de empatía de algunos residentes o de sus visitas. Sin embargo, persiste la idea de que desviando la culpa hacia terceros se logrará evadir la responsabilidad, o peor aún, que la comunidad completa asumirá el costo de las consecuencias.

Esta actitud no solo encarece la vida en condominio, porque cada reparación, multa o trámite genera gastos adicionales, sino que erosiona la confianza entre vecinos. Y cuando la confianza se pierde, la vida comunitaria se convierte en un espacio de sospecha y conflicto permanente.

El camino para revertir esta cultura es simple de enunciar, aunque complejo de aplicar: asumir la responsabilidad de nuestros actos y de quienes dependen de nosotros, ya sean familiares, arrendatarios o visitas. El que rompe paga, el que molesta corrige, y el que daña asume las consecuencias. Esa es la base de la justicia y del respeto mutuo.

No se trata de vivir en un régimen de sanciones ni de señalar culpables con dedo inquisidor, sino de cultivar la honestidad y la coherencia. En una comunidad, los derechos y deberes son compartidos: si exigimos respeto, debemos ser los primeros en darlo; si pedimos orden, debemos contribuir a mantenerlo.

Dejar de culpar al otro es un acto de madurez comunitaria. Solo así será posible transformar los condominios en espacios de verdadera convivencia, donde cada uno entienda que el bienestar común empieza por la responsabilidad individual.

Yarella Núñez
Administradora
ASADEDYCON


Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de su(s) autor(es) y no necesariamente representan las del Diario La Quinta. 

 

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