[OPINION] Cambalache y el Intendente Jorge Martínez Durán (por Jorge Bustos)

Las personas son respetadas por su consecuencia, por mantener sus convicciones y por pelear por ellas, aunque el mundo se les venga encima e incluso hasta entregar su vida por ellas .

Septiembre es un mes donde se contrapone la consecuencia con la traición: por un lado la figura de Salvador, quien encarnó la total consecuencia, el apego a los principios democráticos, quien prefirió ser acribillado a traicionar a su pueblo (el mismo pueblo que no ha sido capaz de defender su legado) y por otro el traidor Augusto, enemigo de los principios democráticos, que entregó las riquezas de la patria que juró defender, mutando de valiente soldado a simple y rastrero ladrón y asesino.

El anterior ejemplo “emblemático” de mutación o metamorfosis de principios y posturas se sigue dando en todos los niveles de la política criolla, y en mi ciudad un caso patético lo constituye el del intendente Jorge Martínez Durán, quien hace unos cuatro años nos impresionó con un sólido discurso anti terminal N°2 y que hoy preside una comisión regional (dicho sea de paso, sin sustento ni conocimiento de los elementos administrativos y menos científicos) para aprobar la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) que permitiría la construcción del T2. Llama poderosamente la atención pues en ese momento Martínez oficiaba de directivo del DUOC y, por lo tanto, el puerto tapaba la inversión que se realizó en la antigua Ratonera. Lo que queda claro, es que hoy, siendo intendente, apoya lo que hace un tiempo fustigó, pasando de ser un personaje respetado por su postura locuaz y contundente, a marioneta del grupo de poder del centralismo que se empecina en construir el proyecto del T2, carente de aguas abrigadas, de vía de acceso, que contamina y, además, se quiere construir sobre territorio patrimonial.

Pero lo que resulta realmente más contradictorio es ver que quienes defienden el T2, aduciendo la defensa del trabajo y de los trabajadores, por un lado vociferan discursos anti neo-liberales y, por otro, apoyan a que una transnacional se quede con la concesión de dicho proyecto. Sería bueno que aquellos que despliegan carteles se instruyeran, al menos, sobre la concentración monopólica de las actividades económicas tal como la del comercio internacional, y de la famosa tesis de “la economía a escala” que no es nada más que la contracción laboral, es decir, reducir las personas que trabajan.

Veremos en el futuro si seremos capaces de unirnos para defender la decencia y las leyes de la República. Así como van las cosas, los pequeños y medianos empresarios navieros y su silencio oprobioso se sumarán para ser cómplices de que el Estado (es decir, todos los chilenos) deba pagar las mitigaciones y las compensaciones que debiesen pagar quienes contaminan y destruyen.

Pero bueno, las desilusiones no llegan solas, siempre están acompañadas… de la vergüenza ajena.

Opinion_JorgeBustos

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