[OPINION] Los unos y los otros: ¿Por qué nos importa tanto lo de Lago Ranco? (por Marcia Pérez Rojas)

 

 

Parte de la libertad ganada consiste en ir donde se quiera, o hasta donde rinda el billete, incluso a los lugares donde tienen casa los que tienen más dinero porque, cosa curiosa, los paisajes son los mismos, el goce del que mira, los bienes son públicos y las leyes garantizan el libre acceso a todos. Eso deben haber pensado las tres mujeres que se sentaron a orillas del lago Ranco en febrero de 2019.

Todo lo anterior tiene que ser fatal para los que tienen orgullo de casta. La condición básica de una casta es que requiere de muros eficaces que la separen de los otros. Para ello se toma vacaciones en determinados lugares, se asiste a determinados colegios, universidades, clubes, se vive en barrios exclusivos, se pierden en “el triángulo de las Bermudas” que conforman determinados lugares de encuentro y vacaciones. Se toma distancia de los otros asumiendo una supuesta superioridad ancestral, de linaje, espiritual, intelectual, de casta y, por supuesto, económica. Los muros sociológicos y sicológicos de pertenencia a la casta funcionan mediante gestos y actitudes, como determinados gerentes y, hasta hace poco, algunos curas, respecto a los “otros” cuyos destinos solo se rozan de manera distante, como si la mera casualidad los hubiera puesto en el mismo camino, un accidente que no debiera ser la regularidad, breve y estrictamente necesario y después, como en la canción de Serrat, “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a su misa “. Así funcionan las cosas, o así suponíamos todos que funcionaban.

Entonces, un día de febrero de 2019, un orgulloso y selectivo representante de la élite se enoja con una monja y dos amigas sentadas en la extensión de su jardín, pues ellas, sin quererlo, han roto la condición básica de separación de espacios físicos y de clase: los muros que protegen y separan a los unos y los otros.

Lo que lo enoja es que son sus invitados, o sea, un anexo de su propia pertenencia al club los que se topan a una distancia tal que parece hasta se pudieran mirar, compartiendo el mismo lago con una monja, entonces la exclusividad del lago se fue a las pailas, un lago que como extensión de sus fantasías de grandeza supone suyo y para los suyos, no para los otros.

Un incidente como el que ocurrió en Ranco hubiera terminado hace años con la salida rápida de los “invasores”, tal vez con humildes disculpas, más hoy no fue así. Gente clara, más enterada que el abogado que las expulsa, de los usos y límites de los sitios públicos, una grabación por celular y su exposición por las redes sociales (qué modernidad), y llevamos una semana sin poder dejar de ver la panza enorme del dueño de la casa del Lago Ranco expulsando a tres mujeres que se niegan a salir y protestan por ser humilladas.

¿Por qué nos importa tanto Ranco? Creo no equivocarme si digo que tocó una fibra sensible del tejido social; dejó claro el sentido de pertenencia, la prepotencia y del hastío de los unos con los otros; mostró cómo la élite y sus cercanos aspiracionales cerraban filas con Pérez Cruz. Teresa Marinovic, por ejemplo, ideóloga de “los unos” llamó a cortar los comentarios de los detractores; Lucy Ann Walton solidarizó y luego suavizó su apoyo; Kast, a quien el empresario donará algo así como un millón de pesos, estuvo casi mudo.

¿Y los otros? Pues se han dado un festín. Masivamente. El empresario en su peor facha (se lo ve mejor cuando va vestido) y utilizando un lenguaje dudoso (“se me van”) muestra actitudes que no calzan con el siglo 21, ese que nació con las redes sociales y que llamó a una fiesta masiva en el mismo lugar de los hechos, que no ocurrió porque Carabineros no la autorizó, pero que va, la fiesta fue toda la semana, tuit por tuit, reproducido hasta nivel de bullying, dejando expuesta una realidad de la que se sabe mucho pero no se muestra.

¿Y Pérez? Pérez en el fondo es un tipo inseguro. Si no se afirma en su clasismo tal vez le quede poco más, tan aterrado de perder su conciencia de clase como cada vez menos preocupados están los otros de mirarlos como referentes, felices de volcarse a valorar lo que son. O sea, la no élite. ¿Tiempos mejores?Opinion_MarciaPerez

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