[OPINION] No a la Ley Machuca (por Marcia Pérez Rojas)

Una ley como la “Ley Machuca” nos devuelve, sin querer, a ese experimento social del Colegio Saint George y que fuera replicado en la película del mismo nombre, dirigida por un ex alumno del colegio en cuestión. El experimento ocurre en los principios de los ‘70, unos 50 años atrás. Cabe preguntarse si creemos que la sociedad no ha cambiado nada desde entonces, que no existe movilidad social ni acceso a información, ni bienes; como si todavía la miseria extrema no tuviera otra chance que aspirar a un poco de lo que tenía la clase social privilegiada.

Imagina ahora que eres niño, tienes 5, 6 años, y te llevan a un colegio donde te enseñan, básicamente, que eres diferente por ser pobre, que eres de un nivel inferior, que accedes a ese colegio solo por una política de caridad, que tus compañeros de sala de clase no te invitan a sus cumpleaños por ser diferente, ni tu madre tendrá la valentía de invitar a tus compañeros al tuyo. Que mientras todos tienen pares y similares, salen con las hermanas de los amigos, tú serás el extraño que llega a luchar, a esforzarse más que los otros, aspirando a parecerte alguna vez a aquellos que te discriminan. Te mostrarán, a temprana edad, que no encajas con ellos, que no vales. Te enseñaran, en suma, que lo aspiracional, querer ser como la clase alta, el arribismo al fin, es la meta correcta y debes esforzarte por ello.

Esa es la educación que propone la “Ley Machuca”. Una ley que lejos de dar oportunidades, replica la estratificación social educacional, marcando las diferencias entre la educación de calidad (supuestamente la que se da en colegios con una alta cuota) respecto de los municipales, la de menor calidad.

Una educación de calidad debe educar desde el respeto a lo que el alumno es y no tratarlo como un producto defectuoso, valorar el medio en que se crió y reconocer que es lo que hay de valioso en él, su familia y su entorno. Educar para ser feliz y generar en él la curiosidad y la alegría de aprender no será suficiente, pero sí el mínimo a exigir al sistema

Pensar que la única manera de tener educación de calidad (lo que sea que eso signifique) y que unos pocos la tendrán gracias al esfuerzo y caridad de algunos, equivale a renunciar al rol educativo del Estado, admitiendo que es incapaz de dar una educación municipal acorde a lo que requiere nuestro Machuca; o sea, usted, yo, cualquiera. Es la derrota del Estado y sus políticas públicas que replica la desigualdad e instala la idea del arribismo como bien superior. Es la derrota de la educación pública, que no tiene los mecanismos ni la imaginación para transformar una educación mediocre en otra que nos haga olvidar que necesitamos leyes Machuca. Porque si la educación fuera de calidad en cualquier lugar, nadie estaría pensando en una idea tan descabellada como convertir a un niño, con todo el potencial de convertirse en alguien que aporte a su comunidad, en un convencido que “el progreso”, para él y los suyos, es huir de donde vienen, parecerse a lo que no son, en lugar de mejorar la calidad de sus vidas y de los suyos, tal vez, sin ir tan lejos de donde crecieron.

No a la Ley Machuca. Sí a la educación pública de calidad.Opinion_MarciaPerez

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