[CRONICA] Nueve viñetas para Juan Luis Martínez – Segunda parte (por Guillermo Rivera)

1. Cortázar afirmaba que el protagonista más importante de sus ficciones era el narrador, y en una línea instaurada por Baudelaire, el verdadero protagonista era la ciudad. Creo que en la Nueva Novela el foco narrativo ya no está en la construcción habitual del personaje y, como Borges, Martínez considera que el verdadero protagonista de su novela es la biblioteca, y por descontado, si esto es así, el lector.

En el mundo de la ficción crear un personaje “vivo” significaría ir hasta el fondo de su problemática. Lo cual significa, ir hasta el fondo de algunas situaciones, de algunos motivos, incluso de algunas palabras con las que está hecho. Ver al hombre bajo la bóveda celeste de la biblioteca es una nueva forma de encadenamiento narrativo –alguien podría decir que siempre ha sido así-, pero el énfasis de Juan Luis es mayor, y es precisamente ese énfasis el que lo llevará a su camino de desaparición.

2. La novela, en estos términos, examina la realidad de la ficción, su condición de existencia: el crimen de Raskolnikov jamás ha tenido lugar, la Maga nace de la imaginación de Cortázar y Belano no es Bolaño. Cierta tendencia del género exige, por ejemplo, que la novela se deshaga del artificio del personaje,  que a fin de cuentas, según esto, no es más que una máscara del autor. En la novela de Juan Luis comprobamos que su lectura se precisa, se individualiza por su lugar respecto a las palabras circundantes, y el yo del autor (más allá de la tachadura del nombre) es indetectable.

3. Tomemos como ejemplo de lectura, esa lectura particularmente fascinante, desestabilizadora, en ese singular delirio de Kafka. Nos expresa éste que es, precisamente, Sancho Panza quién con el correr de los años conjuró una cantidad de novelas de caballerías y bandoleros, logrando apartar de sí a su demonio. Sancho dio en llamar a ese demonio Don Quijote, el que pronto se hizo dueño de su autor y se convirtió en el amo de Sancho Panza.

Evidentemente ésta interpretación nos remite a Roa Bastos quien toma “La verdad sobre Sancho Panza” escrito por Kafka alrededor de 1917, para ponerse a reflexionar como autor acerca de su propia obra. El escritor paraguayo destaca en su ensayo, aquella parte donde Kafka concluye: “La desgracia de Don Quijote no es su fantasía, sino Sancho Panza”. Lo que significa elevar a la doble potencia el poder de la ficción, pues nos hemos enterado por Kafka que Sancho es el verdadero autor de “la cantidad de libros de caballería”, cuya incesante lectura acaba por sacar del juicio a Alonso Quijano (lector) y transformarlo en Don Quijote, demoledor de mitos y embelecos de la caballería –que persisten como vestigios de una edad ya muerta.

4. Se ha dicho que La Nueva Novela avanzaría por una suerte de efecto acumulativo, pero no por uno de tipo argumentativo o narrativo. No obstante, si tomamos el asunto visual de los soportes y los desplazamos al cine por ejemplo,  los desplazamos al cine de Bresson, y a las afirmaciones de Bresson sobre la imagen,  podríamos concluir que a pesar de ser éste fundamentalmente un medio visual, el cine más que una experiencia plástica es una experiencia narrativa.

Pienso que en La Nueva Novela sucede algo similar.

Así, cada parte de la Nueva Novela no está relacionada con otra por un nexo causal, cada una tiene su propio ámbito de personajes y está construida a su modo. No se parecen “las tareas de aritmética” al “desorden de los sentidos”, y éstos al “epígrafe para un libro condenado”. Sin embargo, en su lectura me parece distinguir un hilo o un puente que abarca la expansión de los soportes, reuniendo  los libros de la biblioteca y los ojos del lector en un punto en que ambos  se encuentran.

5. Según Agamben, el autor -en su ensayo el autor como gesto-  trataría de alguien que actúa como trasfondo subterráneo de la multiplicidad, alguien que filtra con su singularidad la inscripción de la escritura. Pero  ¿de qué multiplicidad nos habla? Y, en definitiva, ¿cuáles serían los modos de filtrar una escritura?

Podemos encontrar una respuesta en Borges, en  aquello que Borges hizo con el cuento. Recordemos que  publicó Ficciones en 1944. Esto de algún modo marcó un hito en la literatura hispanoamericana, ya que se trataba de uno de los experimentos literarios más radicales de ese tiempo. Se trataba de un libro que exigía al lector  modificar su modo de leer y a cambiar la noción de lo que era un cuento. Se trataba de una síntesis inaudita de ficción y ensayo que combinaba la invención literaria con comentarios intertextuales, desdibujando los límites de lo que se consideraba escritura de ficción y literatura crítica, haciéndolos flotantes. En ese mundo, en Tlon, para dar un ejemplo, la  ficción posee  valores absolutos. Así, para Alberto Julián Pérez, Tlon fue concebido para fascinar a los hombres  y, hasta cierto punto, para curarlos de un exceso de realidad. Una suerte de antídoto, de antídoto poético.

6. Ahora bien, ante la afirmación de la otredad en términos creativos, Juan Luis deja de lado el yo soy otro, en la vertiente moderna de Rimbaud, y se acerca –tal vez de un modo inconsciente- a Menard, a algo que  Menard podría haber  afirmado y orientado en todo su esfuerzo literario y poético: “No solo ser otro sino escribir la obra de otro”. Esto no se referiría al tópico de la muerte del concepto de autor de Foucault y Barthes en  los años sesenta, sería, desde mi punto de vista,  algo más literario, un proceso afín que abriga la esperanza de un cruce de ramificaciones poéticas entre los procesos que produce la ficción y los que produce la conciencia del lector.

El mismo Juan Luis ensaya una reflexión al respecto: ¨…Pero ningún libro, aunque se pretenda, está solo en este mundo, y la lectura de cualquier libro lleva a la búsqueda de su autor y a la memoria que éste arrastra de otros libros y otros autores. La literatura es un gran espejismo donde los muchos autores y los muchos libros terminan por ser un texto sin autor”.

7. Veamos cómo esta asimilación se produce en ese ejemplo formidable de la literatura que es “Pierre Menard autor del Quijote”. En mi opinión, si tomamos el consejo de Cezanne que el arte, en su conexión máxima, consistiría en acercarse lo más posible, Pierre Menard sería la figura literaria más influyente de La Nueva Novela. Su ramificación se extendería por todas sus páginas, donde la forma, soportes, contenido, y espíritu mismo de la ficción es captada por éste.

8. Digamos que se trata de un personaje que decide escribir su lectura, pero a diferencia de Juan Luis  su caso de citación total está referida a un solo libro, y ubicándose más allá de las nociones de autor y original, escribe letra por letra el Quijote.

El proyecto es asombroso: producir páginas que coincidan, palabra por palabra y línea por línea- con las de Miguel de Cervantes. Según el narrador, Pierre Menard no quería componer otro Quijote, lo cual es fácil, sino el Quijote.

El narrador nos cuenta: “El método inicial que imaginó era relativamente sencillo. Conocer bien el español, recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o el turco, olvidar la historia de Europa entre los años de 1602 y de 1918, ser Miguel de Cervantes. Pierre Menard estudió ese procedimiento (sé que logró un manejo bastante fiel del español del siglo XVII) pero lo descartó por fácil. ¡Más bien por imposible! dirá el lector. De acuerdo, pero la empresa era de antemano imposible y de todos los medios imposibles para llevarla a término, éste era el menos interesante. Ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII le pareció una disminución. Ser, de alguna manera Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo –por consiguiente, menos interesante- que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote a través de las experiencias de Pierre Menard.”

9. Así, podríamos señalar que tanto Martínez como Menard,  echan por tierra la idea de identidad fija de un texto;  también la idea del autor, y con esto la idea de una escritura original. Tanto en la ficción de Martínez como Menard, no existen las escrituras originales.

Ahora bien, si ninguna originalidad puede ser reclamada por ningún texto, si todo sentido nuevo surge de la lectura o de la escritura en contexto, la inferioridad de “las orillas” se desvanece.

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