Opinión

[OPINION] El Pueblo quiere Dignidad (Constanza Valdés)

Se acerca el momento en que se va a resolver uno de los hitos del proceso constituyente: la elección de las y los convencionales. No podemos sino mirar con cierta angustia cómo, a cada día que pasa y nos acercamos a la fecha, más crece la posibilidad de un quiebre irreversible con los fundamentos que echaron a andar todo este proceso.

Si nos remontamos a 2019, o al ciclo de movilización que le precedió, el “estallido” asemejaba a aquella metáfora que se utiliza para describir el comienzo del universo, en el sentido de que convergían distintas identidades, demandas, generaciones, etc. y, asimismo, se derivaban de ellas, al menos potencialmente, líneas creativas de una nueva sociedad. La primera línea de esa creación de un nuevo mundo de parte de ese pueblo, se conceptualizó como la “Dignidad”.

La concentración de perspectivas y luchas otrora segmentadas -y todavía aún no articuladas- se entre cruzaban en espacios de reflexión; nuevos usos y roles de diversas reparticiones estatales surgían. A su manera, todos estaban preocupados de hacer avanzar y canalizar un proceso de transformación que, si bien era gigante, debía comenzar con los apremios directos por los que atravesaba y atraviesa la ciudadanía. Allí residía buena parte del potencial constituyente.

La escena en ese sentido ha retrocedido. Los municipios que promovieron la realización de un plebiscito hoy están preocupados de los Cesfam y la repartición de cajas en el cruce entre crisis sanitaria y precarización social; no ha habido reformas sociales ni atención a los apremios directos de la ciudadanía más que el retiro del 10% de los fondos de las AFP -de los cuales se benefician grupos cada vez más acotados-; la crisis sanitaria ha redundado en mayor autoridad para el Ejecutivo; la creación de una nueva constitución se ha transformado en una campaña electoral más en el panorama; y llueven las definiciones de competencia electoral presidencial. Mientras, los empresarios siguen haciéndose más ricos.

Se dice que del proceso constituyente se derivarán los próximos 40 años de nuestro país. Pero nuestro desafío más relevante sigue siendo el presente. Al día de hoy, no es cierto que se haya consolidado lo que el estallido de octubre de 2019 abriera. Hay que prepararse para sostener un proceso de transformación.

Para ello es necesario recuperar los fundamentos del propio estallido social: enfrentar los abusos del presente, que generan agobio y precariedad aquí y ahora y se agravan con el modo en que las autoridades han enfrentado la crisis sanitaria; construir derechos sociales, sexuales y reproductivos, que nos devuelvan un piso mínimo y autonomía para enfrentar el día a día; dar el necesario protagonismo popular a la democracia chilena, secuestrada por las élites hace décadas.

Para realizar estas tareas es que tenemos que organizarnos, y es nuestro llamado a las izquierdas y las fuerzas democráticas. Dentro de las luchas que anticiparon octubre-2019 hubo participación de diversas organizaciones sociales y políticas, partidarias y no partidarias, que tomaron parte activa en la tarea de construir fuerza alternativa a la política de los últimos 30 años. La línea divisoria entre “independientes” y “militantes” no describe a las fuerzas que deben volver a converger para rescatar el potencial constituyente de este proceso.

En octubre pasado el 80% de nuestro país dijo “Apruebo”. El pueblo hoy pone sobre la mesa cuál es la prioridad del presente: construir Dignidad.

Constanza Valdés
Candidata constituyente por el Distrito 7
Lista Apruebo Dignidad

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