Opinión

[OPINION] Lecciones de una noche amarga (Gato Dequinta)

Tras el fracaso del acuerdo por primarias entre el PS con el PC y el Frente Amplio, ha devenido un vendaval de recriminaciones y acusaciones mutuas, que dejó al PS sin pan ni pedazo, al PPD como oportunistas, al PC-FA como faltos de grandeza y, en general, un sabor amargo en la izquierda, que vio cómo, entre todos, se farrearon una oportunidad histórica para cambiar Chile.

Pero pongamos las cosas en contexto y veamos cómo se echó por la borda la decisión política más importante de los últimos 30 años, que pudo haber sido histórica y terminado con la famosa “transición”, al mismo tiempo que pudo haber creado un poderoso instrumento político para llevar a cabo, por fin, las transformaciones que Chile masivamente anhela y exige.

LOS VETOS DEL PPD Y EL PS

Desde el año pasado, los partidos de la Unidad Constituyente, especialmente el PPD, habían expresado que no estaban disponibles para una primaria con el PC y el Frente Amplio. Así lo confirmaron Heraldo Muñoz y el actual presidente del PPS, Francisco Vidal, apenas cinco días antes de las elecciones del 15 y 16 de mayo.

El PS, mientras tanto, mantenía la ambigüedad, enfatizando una primaria en Unidad Constituyente, pero sin descartar del todo una primaria más amplia.

La DC y el Partido Radical rechazaron de plano cualquier entendimiento con comunistas y frenteamplistas.

EL TSUNAMI ELECTORAL

Y llegaron las elecciones. Fue un verdadero tsunami electoral para los partidos tradicionales. La DC solo sacó dos constituyentes, el PR uno solo, el PPD 3 y el PS salvó su honor logrando 15. Entonces, a raíz del magro resultado que obtuvieron, quedó la debacle en esos partidos.

Ahí Unidad Constituyente entró en pánico. Comenzó la desesperación. El PS, el más fortalecido tras los comicios, se creyó con el derecho de dirigir la orquesta del Titanic exconcertacionista. Y no se lo mandó a decir con nadie: estaba dispuesto a una primaria con Narváez sólo si la DC bajaba a Ximena Rincón y en su reemplazo nombraba a Yasna Provoste.

La DC, en su desesperación, corrió al teléfono para que su entonces presidente Fuad Chahín llamara a Provoste y, con una angustia brutal le preguntara sin rodeos si estaba dispuesta a ser candidata presidencial. Provoste, hábil como siempre, captó que no estaba el horno para bollos y rechazó el presente griego que le ofrecía su partido. Mientras tanto, ya Ximena Rincón se había bajado de su candidatura ante la Junta Nacional. Resultado: La DC quedó sin candidata.

Mientras, en el PS ganaba terreno la postura de ir con el PC y el FA. El escalonismo miraba con terror cómo el partido terminaba con 30 años de alianza con la DC. A las seis de la tarde todo era miel sobre hojuelas para el PS. Poco antes había llegado Pablo Vidal a entregarle su apoyo a nombre del exiguo grupo de exfrenteamplistas, “Nuevo Trato”, así como el pequeño Partido Liberal, ambos grupos prófugos del FA hacía pocos meses.

En el PPD cundía también el pánico. Oportunistas como siempre, corrieron con Heraldo Muñoz a la sede del PS a apoyar a Paula Narváez. Para enredar aún más las cosas y mostrar en toda su planitud la falta de principios del PPD, a la misma hora que Heraldo Muñoz y el maquiavélico senador Girardi apoyaban a Paula Narváez, el senador Jaime Quintana y la senadora Loreto Carvajal rechazaba esto y respaldaban públicamente a…¡Yasna Provoste!

Con esas peculiares mochilas como aliados concurrieron los socialistas al encuentro del PC y del FA. Pero allí los pararon en seco cuando llegaron planteando no solo acuerdo para las primarias, sino que también un acuerdo para las elecciones parlamentarias, el que incluía de contrabando al PPD, al Partido Liberal y al “Nuevo Trato”.

El PC y FA los esperaban con los resultados en la mano. El FA eufórico. “Borrachera electoral” le llaman algunos. El PC no tanto, pero con un candidato que puede ser el próximo Presidente de Chile y que se sintió con el derecho de hacer lo que él quería.

ACUERDO, PERO SIN “COLADOS”

Elizalde señaló que no podía haber vetos (olvidando que su mismo partido había vetado a Rincón y exigido que la candidata DC fuera Provoste), pero desde el PC y Convergencia Social les recordaron que los primeros que vetaron al PC y al FA fueron Heraldo Muñoz y Francisco Vidal y que ahora, con un carerrajismo total, querían ser incluidos en los acuerdos para las elecciones de noviembre al ver que su partido se iba al carajo tras las elecciones. Además, insistieron que ellos solo habían invitado al PS y que no aceptaban “colados” en el pacto, como eran el PPD, los liberales de Mirosevic y el Nuevo Trato.

Entonces Elizalde se paró de la mesa y, con cara de funeral, se fue a contarle lo sucedido a Narváez. En el PS, el escalonismo estaba feliz. Mientras tanto, dentro del FA también se armó la batahola, porque Revolución Democrática estaba de acuerdo con que entraran el PPD y los otros, mientras el PC y Convergencia Social no. Finalmente, se impuso el rechazo al acuerdo si iba el PPD.

La guinda de esta amarga torta fue el patético llamado de última hora de Elizalde a Carmen Frei, que ya a estas alturas era la presidenta interina de la DC tras la renuncia de Chahín, para pedir que volvieran a levantar a Ximena Rincón y, de esa manera ir a primarias el PS con la DC. Estos últimos se dieron un gustito, cobrándose una pequeña venganza y le dijeron que no.

Mientras tanto, un triste y solitario Carlos Maldonado, presidente del PR, esperaba inútilmente que algún otro partido llegara a inscribirse con él en una primaria de Unidad Constituyente. Nadie apareció.

LA FALTA DE MEMORIA Y HUMILDAD DEL PS

Al final, el PS, con una conducción oportunista y errática, se quedó en medio de la nada, sin pan ni pedazo. La alianza que mantuvo por 30 años con la DC, a costa de la crítica y la renuncia de miles de militantes socialistas por ello, resultó dañada. Mientras por el otro lado, tras las declaraciones de Narváez y del propio Elizalde -“No se humilla al partido de Salvador Allende”- incendiaron la pradera y abrieron nuevamente una zanja con el PC y el FA.

Pero Elizalde olvidó mencionar: No se humilla al partido de Salvador Allende gobernando y administrando el modelo neoliberal de Pinochet durante los gobiernos de la Concertación. No se humilla al partido de Salvador Allende amenazando con llevar a la cárcel a los dirigentes sindicales, poblacionales y estudiantiles por hacer paros o huelgas a los gobiernos concertacionistas; no se humilla al Partido de Salvador Allende creando La Oficina para perseguir a los antiguos opositores de la dictadura; no se humilla al partido de Salvador Allende trayendo de vuelta al dictador Pinochet desde Londres para que quedara impune; no se humilla al partido de Salvador Allende permitiendo la privatización de las empresas del Estado; no se humilla al partido de Salvador Allende teniendo relaciones con SQM. La lista es larga y la memoria socialista escasa.

A esta hora resurge el anticomunismo en las filas del PS y se convencen entre ellos que hicieron lo correcto. Cero autocrítica. Falta humildad entre los socialistas, sobre todo pensando que el pueblo chileno los ve como los que administraron durante 30 años el modelo neoliberal y que durante estas tres décadas se alejaron completamente de la izquierda y del mundo popular.

LA FALTA DE GRANDEZA DEL PC Y DEL FA

Pero el PC y el Frente Amplio también tienen una gran responsabilidad en esta tragicomedia. A ambos les faltó grandeza.

Convergencia Social, partido joven y con poca experiencia política y una de las piedras de tope del acuerdo, se puso purista, pensando como una secta de fanáticos convencidos y no en lograr una gran alianza política que, precisamente por ser más amplia que el grupo uniforme de siempre, tiene diversidad y contradicciones.

Otro que tiene responsabilidad es Gabriel Boric. Quedó en evidencia su escaso peso político para influir en todo este embrollo. Él era partidario de un acuerdo sin exclusiones, pero fue incapaz de jugarse por su opción, ejercer un liderazgo, ser más enérgico y convencer a los demás del FA. Al final, aparece como un personaje muy secundario de esta película.

Pero la gran mayor responsabilidad en esa noche aciaga la tiene el propio candidato presidencial, Daniel Jadue.

En política, muchas veces hay que “tragarse el sapo” al tomar decisiones. Esto quiere decir aceptar determinadas situaciones o condiciones en aras de un bien mayor.

Por ejemplo, para vencer a Pinochet en el Plebiscito, el PS tuvo que aliarse con la DC, partido golpista, del que muchos de sus militantes delataron a los socialistas, comunistas y miembros de la UP. Pero en aras de un bien mayor, como era recuperar la democracia, los socialistas y la izquierda marcharon juntos a la DC y aceptaron que el candidato presidencial fuera Patricio Aylwin, reconocido partidario del golpe de Estado contra Allende.

(Si hasta Lenin pactó con los mencheviques y Allende con los radicales durante la UP).

Una cosa que olvida el candidato Jadue. En el año 2008 le envió un recado a Camilo Escalona, entonces presidente del PS. Si todos los de la Concertación, sí, leyó bien, todos los de la Concertación lo apoyaban a él, le ganaban a la derecha en Recoleta. En ese momento no tuvo empacho en aceptar los votos del PPD, incluso de la DC, con tal de ganar la alcaldía. Pero esa vez la DC no quiso, puso a competir a Francisca Zaldívar y ganó la derecha. El 2012 la oposición a Piñera ya integraba al PC para crear la Nueva Mayoría y todos, DC y PPD incluidos, votaron por Jadue, quien ganó. En esa ocasión Jadue no recriminó haber sido apoyado por ellos, ni tampoco hubo vetos a los votos recibidos.

Hay registros del apoyo DC a Jadue en la campaña municipal del 2012 y Jadue no dijo nada por eso.

Después, tras el triunfo de Bachelet 2, los comunistas se integraron sin chistar al Gobierno. Incluso destacaron teniendo al ministro Marcos Barraza, a la ministra Claudia Pascual y algunos subsecretarios. Durante la administración bacheletista no tuvieron complejos en estar al lado de los PPD que tanto critican ahora.

Otro ejemplo de cuando Jadue y el PC aceptaban a los PPD sin reclamar. En otra fotografía aparece con la Presidenta Bachelet y el entonces ministro PPD de Hacienda, Rodrigo Valdés.

En esta ocasión, Jadue debió haber dejado de actuar como simple militante y agitador político y pararse como futuro Presidente de Chile. Debió entonces haberse “tragado el sapo” de que el PPD y los otros quisieran “pasar colados”. Debió haber hecho un discurso muy crítico hacia ellos. Dejar en evidencia a Heraldo Muñoz como colaborador de las políticas de Washington y al PPD de ser un partido de oportunistas. A los liberales y al “Nuevo Trato”, enrostrarles que se fueron y ahora volvían con la cola entre las piernas. Pero que, pensando en grande, en Chile y en su futuro, con el fin de construir una alianza poderosa que transforme verdaderamente el país, se les permitía entrar en el nuevo pacto, pero con tarjeta amarilla, ya que todos estarían vigilando sus pasos para evitar nuevos oportunismos, posibles vicios de corrupción y nuevas fugas y que deberían ir sentados en el último asiento.

Pero claro, esto ya es política ficción. Ya fue. Ahora el escenario es otro. Está por verse si los actores de esta trágica comedia de errores aprendieron la lección o habrá que esperar otros 30 años para que vuelva a producirse una tan valiosa oportunidad para la izquierda chilena, como la amargamente desperdiciada la noche del miércoles 19 de mayo.

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