Opinión

[OPINION] El asilo contra la opresión (Carlos Schneider Yañez)

Hay veces que el nombre o la imagen “Chile” da la vuelta al mundo. Puede ser por un terremoto o calamidad natural que despierta la inmediata solidaridad internacional y nacional. Otras veces es algún éxito deportivo o un escritor destacado con el Nobel u otro galardón. También el inesperado resultado de una elección o una marcha multitudinaria o “estallido social” que quiere cambiar al país desde sus cimientos despierta el interés mundial.

Hoy, en cambio, nuestra bandera, el “Ceachei” y el cálido, extravagante y sonoro nombre de Chile cubre las portadas de prestigiosos medios mundiales no por un triunfo o derrota deportiva ni por movimientos telúricos ni protestas masivas, sino por el peor de los sentimientos: la xenofobia. Podrán argumentar sobre el descontrol fronterizo, la mala gestión migratoria, los problemas de convivencia, pero, ¿quién en su sano juicio vitorea cuando desalmados y exaltados arrojan a una hoguera pañales, juguetes y las pocas pertenencias de desesperados y asustados migrantes?

Nos auto reconocíamos como solidarios; el asilo contra la opresión casi era un himno, el “Verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero…”, pero bastó el rumor, el temor y el nacionalismo barato para que surgiera el horror. De seguro los miles de marchantes en Iquique no participaron en la quema de los enseres, pero vitorearon o avalaron con su presencia tamaña brutalidad, «Si en una mesa hay un nazi y diez personas que lo respetan, en esa mesa hay once nazis«, afirma un dicho alemán.

El problema migratorio de seguro se irá acentuando a medida que se levanten las restricciones pandémicas; el mal gobierno y las crisis en Venezuela, Haití y otros lugares del hemisferio empujarán a oleadas cada vez mayores a viajar. Un viaje a lo desconocido, nuevas tierras, climas, acentos e idiomas los esperan, y estaba en sus cálculos, sería difícil ya lo sabían de antes, pero de seguro no se imaginaban que en el confín del mundo hombres y mujeres con odio (y temor) enarbolarían palos, antorchas y cánticos violentos para perseguirlos, envueltos en nuestra bandera tricolor, la misma de nuestros libertadores, héroes, deportistas y poetas.

La solución de seguro no es fácil. No basta con declaraciones “buenistas” y políticamente correctas. Faltan viviendas, empleos y servicios para todos.

Los choques culturales suelen ser complejos, pero cuando hay voluntad y sobre todo humanidad se logran milagros. La imagen “Chile” no puede ni debe ser asociada a xenófobos trogloditas persiguiendo a mujeres y niños asustados. Los iquiqueños y los chilenos en general seguimos siendo el asilo contra la opresión.

Carlos Schneider Yañez
Odontólogo y Magíster en Gestión en Salud
Universidad de Chile
M.B.A. Tulane University (USA)

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