Opinión

[OPINION] El fracaso de la derecha y los desafíos de los gobiernos transformadores en materia de seguridad pública (Carlos Carvajal Pino)

La seguridad es una de las principales preocupaciones que tiene la población chilena, según lo han señalado diversos estudios. Esto en un contexto en que las cifras de delito han aumentado y los tipos de delitos son cada vez más violentos. Para parte importante de la población la delincuencia y las violencias se deben combatir con mas cárceles, con penas más altas y sanciones más severas.

En este escenario, el discurso fácil y simplista enmarcado sobre la base del populismo punitivo y el populismo penal ha tomado fuerza principalmente en los sectores políticos de derecha, quienes históricamente se han destacado por incorporar el “combate” a la delincuencia como una de sus principales banderas de lucha, donde el compromiso de abordar el delito con “mano dura” se expresa en eslóganes como “delincuentes, se les acabo la fiesta”.

A pesar de lo enérgico que han sido las derechas en términos discursivos respecto al abordaje de la seguridad, podemos evidenciar cómo en Chile las cifras de delito siguen aumentando y los delitos que se cometen son cada vez más violentos, aumentando la sensación de inseguridad, las cifras de victimización y la desconfianza ante las instituciones.

Es evidente que el discurso de la derecha se disocia con la acción de sus gobiernos. Durante el mandato de Sebastián Piñera, de acuerdo con diversas publicaciones, se evidencia que en Chile se han instalado reconocidos carteles de narcotráfico de América Latina tales como “Jalisco Nueva Generación” de México, vinculado a la incautación de 3,5 toneladas de marihuana durante el año 2020 en el puerto de San Antonio, Cartel de Sinaloa y Cartel del Golfo (Colombia) que, de acuerdo a lo informado por el Observatorio de Narcotráfico en Chile, tienen presencia en el país. Finalmente, durante las últimas horas se sospecha de la asociación de un secuestro ocurrido en la ciudad de Puerto Montt con el Cartel de Cali. Junto con ello, durante el año 2020 se registra un aumento de homicidios, expresión más evidente de la cronificación de la violencia.

Si miramos un poco hacia la historia, podemos identificar que el ingreso de la pasta base a las poblaciones chilenas se instala durante la etapa final de la dictadura y el transito hacia los gobiernos de la “democracia”. En este sentido, algunas investigaciones periodísticas asocian el enriquecimiento ilícito del dictador Pinochet (caso Riggs) con el tráfico de armas y drogas (curioso, sabiendo el impacto que generó esta droga en nuestras poblaciones).

Esto da cuenta que el discurso de “mano dura” es un mito, tal como lo demuestra la evidencia internacional. El discurso de la derecha, por lo tanto, solo busca conectar con la percepción de la ciudadanía, sin avanzar en una estrategia eficiente y eficaz en materia de Seguridad Pública, sin abordar las causas de esta y con un abordaje ambivalente respecto al “combate” de la delincuencia. Sin duda LA DERECHA CHILENA HA FRACASADO EN MATERIA DE SEGURIDAD PÚBLICA Y PREVENCIÓN DEL DELITO.

Ante la falacia de la mano dura, ¿cuáles son los desafíos de los gobiernos transformadores para enfrentar la delincuencia, el narcotráfico, y la prevención del delito y las violencias en general? Entender que el delito y las conductas transgresoras son multicausales, es reconocer que su abordaje debe ser integral, es decir, considerando las diversas dimensiones de la vida de las personas. En este sentido es importante reconocer que una estrategia que busque reducir el delito debe contemplar la prevención como también el control, y con importante énfasis en la reinserción para promover el desistimiento. Para los gobiernos de izquierda, muchas veces hablar de control es como entrar en terreno ajeno, sin embargo, no podemos desconocer la urgencia de abordar la compleja situación actual en términos de comisión de delito, tráfico de drogas, uso de armas de fuego, etc. Esta es una realidad que debe ser abordada con la rigurosidad que amerita. El desafío, por tanto, está en profundizar estrategias de prevención con abordaje integral, desarrollar mecanismos de control del delito y garantizar procesos de reinserción social en las cárceles de Chile que hoy se han transformado en escuelas delictuales que cronifican el delito, especialmnte en los sectores populares jóvenes.

Prevenir de forma integral debe contemplar un abordaje desde la primera infancia, garantizando igualdad de oportunidades para niños, niñas, jóvenes y sus familias, favoreciendo el pleno desarrollo de sus derechos y evitando la exclusión social. En este caso, para prevenir debemos transitar desde una concepción de “seguridad pública” hacia una mirada desde la “Seguridad humana”. En este proceso, el acceso a bienes, servicios y derechos debe ser la prioridad poniendo como prioridad temas como acceso a viviendas dignas, barrios con posibilidades de acceso a deporte y cultura, acceso a la educación, acceso al trabajo y acceso a la salud. Respecto a este último punto, el acceso a la salud mental hoy es una gran deuda, desde la salud mental se puede prevenir desde temprana edad las conductas transgresoras de jóvenes y adultos. Contar con atención en salud mental de manera oportuna permite abordar aquellos “signos de mal pronóstico” tales como la impulsividad, las conductas agresivas, déficits intelectuales, etc., que de acuerdo a algunos estudios tienen directa relación con futuras conductas de riesgo tales como el consumo problemático de drogas y participación en hechos de violencia.

Por otro lado, es menester recuperar la confianza en las instituciones, avanzar hacia una policía comunitaria con presencia en los barrios que respete los derechos humanos. Será un trabajo de largo aliento que requiere la refundación de las policías, estableciendo sobre estas y las fuerzas armadas control civil acorde a un gobierno democrático. Este punto es relevante al tener hoy casos de malversación de recursos y trafico de armas por parte de altos mandos de las fuerzas armadas, lo que genera mayor desconfianza y peor aún, empodera a las bandas delictuales que hoy tiene un gran poder de fuego.

Los desafíos son múltiples, porque abordar la seguridad es un tema complejo que requiere un abordaje desde todos los ámbitos de la vida, entendiendo que su origen responde principalmente a factores estructurales (desigualdad, pobreza, exclusión), pero también responde a condiciones individuales, familiares y comunitarias (que son expresiones de los factores estructurales) evidenciándose la necesidad de relevar el rol de los gobiernos locales en el trabajo comunitario, cultural, deportivo y desde la salud primaria. Un gobierno transformador debe tener la capacidad de abordar el problema con la complejidad que este representa y no solo mediante discursos obsoletos que proyectan tranquilidad pero que en lo practico no se hacen cargo.

Carlos Carvajal Pino
Sociólogo, Universidad de Playa Ancha
Magister (c) en Prevención, Seguridad Urbana y Política Criminal, Universidad Alberto Hurtado

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