Opinión

[OPINION] Sostenibilidad turística: gobernanza y planificación (Leonardo Latorre Melín)

El turismo, a diferencia de otras actividades económicas, no se acumula en bodegas ni se vende en centros comerciales. Es un servicio que se desarrolla de manera presencial e inmediata, no pudiendo acumularlo para después. Pero curiosamente, para venderlo lo empaquetamos y ofrecemos como si fuera un producto tangible y es esta ambigüedad -entre producto y servicio- lo que transforma al turismo en una actividad inapropiable. ¿Cómo podríamos ser dueños del bosque donde llevamos a los turistas? ¿O del relato histórico de una comunidad? ¿De las texturas de un tejido o los ingredientes de una cazuela? Simplemente no podemos.

El turismo existe y se sostiene sobre el patrimonio cultural y natural de las naciones, en la herencia que nos han dejado generaciones anteriores y nos obliga a conservarlas con especial cariño y cuidado. Por eso el desarrollo turístico sostenible -sí, con apellido- no es una opción, sino que una obligación de responsabilidad. Ya sea por respeto a las culturas locales y la naturaleza o como estrategia económica para cuidar los activos que sostienen el negocio para los insensibles. No importa el camino que elijamos; el conservacionista o el economicista, el turismo sostenible es el camino para los dos.

Durante los años previos a la pandemia, el crecimiento de la actividad turística era celebrado por autoridades y al mismo tiempo visto con preocupación por otros sectores de la sociedad. El arribo de turistas crecía con cifras superiores al 20% anual y parecía que nada sería capaz de detener el aumento de llegadas. A modo de ejemplo, entre el año 2016 y 2017 el volumen de turistas que arribaron a nuestro país aumentó un 26% pero el impacto económico para el mismo periodo creció solo un 7,8%. Por cierto que el turismo creció mucho más que la economía nacional, pero este aumento de turistas significó la aparición de los primeros atisbos de Turismofobia; el pánico de comunidades locales a la alteración de su bienestar y una importante amenaza sobre la naturaleza. Y el cálculo es simple, no puede existir un desarrollo sostenible cuando el turismo colapsa territorios y altera el día a día de la comunidad, dejando, por ejemplo, el sistema de recolección de basura colapsado, los negocios locales sin provisiones, cajeros automáticos sin dinero y una huella de ruidos molestos que no pasará inadvertido.

La pandemia detuvo esta ola de crecimiento que parecía imparable y que amenazaba silenciosamente la sostenibilidad de nuestros destinos turísticos. Nos obligó a cerrar fronteras y tener tiempo para pensar el país que queremos construir.

¿Cuál es el camino entonces? El turismo sostenible es uno. Pero sostenible de verdad, no solo en el discurso. No solo en el corte de cintas… sino que en el día a día. Y el primer paso para avanzar en un desarrollo sostenible es la planificación de destinos turísticos y el fortalecimiento -o creación donde no existan, de gobernanzas turística que puedan conducir el devenir del territorio, procurando el cuidado de la naturaleza, de una economía sana y por sobre todo, del bienestar de las comunidades de acogida.

Nuestra región avanza por este sendero, pero aún tenemos tareas pendientes. La reciente declaración de Olmué como Zona de Interés Turístico se suma a las declaratorias de Casablanca, Robinson Crusoe, Putaendo y Valparaíso, lo que permite establecer una ruta de navegación para estos destinos con acciones concretas. Pero la gestión y su Gobernanza, sin el financiamiento adecuado, siguen siendo un desafío. El desarrollo de territorios sostenibles es una misión mucho más grande que solo el turismo y se requiere la colaboración de todos los actores que pueden incidir, de una u otra forma, en su desarrollo.

La turismofobia es una enfermedad que amenaza a nuestra región y hay que trabajar para evitarla. Debemos continuar procesos de planificación territorial y por sobre todo del fortalecimiento de Gobernanzas locales que permitan hacer frente a los desafíos del turismo. La coordinación de los servicios públicos a partir de los requerimientos comunales, ciudadanos y de gremios turísticos es urgente antes que volvamos a los mismos síntomas pre-pandemia. Por eso el primer desafío para un desarrollo turístico sostenible es la planificación y gobernanzas.

Leonardo Latorre Melín
Director Ejecutivo Regenera ONG

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