No podrán encorvar la historia los negacionistas pusilánimes, ni tampoco los políticos oportunistas —que hoy aparecen disfrazados de regionalistas—, ni los que tributan con el nazismo y, aún menos, aquellos que no tienen ninguna relación con las raíces del Norte Infinito.
Desde la formación de la República se ha venido luchando sistemáticamente por un país más equilibrado y representativo. En estos últimos años, han surgido diversos movimientos y acciones para que el Estado Chileno reconozca el esfuerzo de las comunidades locales y para que, en las tomas de decisiones, la gente participe. Por ello, el imaginario de la Revolución Constituyente de 1859, resulta significativo y simbólico, para que nuestro país siga desarrollándose y resolviendo las necesidades de la gente en forma eficaz y eficiente; que esto se vuelva un verdadero factor y se convierta en una Nación pluricultural y desarrollada.
La Revolución de 1859 parte porque nuestros diputados y representantes de algunas provincias no se sumaron a los arreglos nacionales de la Presidencia de don Manuel Montt para favorecer la oligarquía, que con métodos fraudulentos pretendía comprar por parte del Estado, bienes a particulares. Esto trajo como resultado una tensión insoportable. Los mineros del norte ya estaban muy molestos con el Gobierno del Presidente Montt, porque los agricultores casi no tributaban; en cambio, ellos, pagaban altos aranceles. Además, los artesanos y, particularmente, los obreros de las faenas mineras, soportaban condiciones prehistóricas de trato en los laboreos y de abundante accidentalidad. Esto hizo que la comunidad pluriclasista de Atacama y Coquimbo se uniera, y estallara la Revolución.
En Atacama se formó el “Ejército Libertador del Norte” encabezado por Pedro León Gallo. Se sumó, desde La Serena, Pedro Pablo Muñoz Godoy, el cual ya había participado en la Revolución de 1851. Este Ejército del Norte quedó conformado con casi 2.000 hombres. Se construyeron cañones y otros armamentos. Se emitieron Pesos Constituyentes. Se nombraron autoridades. Pedro León Gallo fue elegido por votación popular, como Intendente Regional. Se formaron batallones con los mineros de Chañarcillo y de otras faenas; de Chañaral, Caldera, Tierra Amarilla y Vallenar, y con intelectuales y artistas de la ciudad de Copiapó y La Serena. También, se sumó un contingente de la provincia de Coquimbo. Estas tropas tenían experiencias en las revoluciones anteriores; contaban con recursos que venían de las ricas minas, especialmente de Chañarcillo. También, había una efervescencia intelectual muy influida por los emigrantes europeos y la masiva presencia de exiliados argentinos que huyeron de la dictadura de Rosas.
Este Ejército luchó con armas propias, incluida la herramienta de trabajo denominada “Corvo”. Comenzaron los combates contra el Ejército Centralista, en diversos lugares de la provincia de Atacama y, luego, las grandes batallas: Quebrada de Los Loros (14 de marzo de 1859) y Cerro Grande (29 de abril de 1859).
La Revolución Constituyente fue un hecho significativo de la historia de Chile, aunque desconocido y no suficientemente valorado. Han pasado más de 160 años, y muchas de las visiones de Estado que tenían los revolucionarios siguen latentes: como son la creación de Regiones Autónomas; una educación verdaderamente pública; una Ley Tributaria equilibrada; la elección de autoridades provinciales y regionales a través de voto popular; el derecho a tener símbolos culturales propios y la creación de una Constitución: conmutativa, sinalagmática, consensuada por la Comunidad y acercada a la equidad de un Estado Federalista.

