[OPINION] Perfil: Ratzinger, “el Papa malo” (Gato Dequinta)

Un viejo refrán dice que cuando fallece alguien, no hay muerto malo. Pero el deceso de Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, ocurrido el pasado 31 de diciembre, bien podría hacer dudar a algunos de ese aforismo.

Tuvo un polémico pasado nazi del que nunca renegó; guardó cómplice silencio por los abusos sexuales y violaciones a menores cuando fue obispo; como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe persiguió implacable, cual nuevo inquisidor, a todos los disidentes de lo que él consideraba la interpretación ortodoxa, cargo en el que permaneció en silencio frente a las denuncias de corrupción en El Vaticano.

Ya siendo Papa, se encargó de pulverizar todo lo que había avanzado la iglesia con los principios del Concilio Vaticano II; se opuso totalmente al ecumenismo con las demás iglesias evangélicas; rechazó al islam y al judaísmo; hizo retroceder la Iglesia Católica 700 años, defendiendo creencias medievales en medio de un mundo que transita en pleno siglo XXI; y, finalmente, impulsó la idea de convertir la Iglesia Católica prácticamente en una secta neoconservadora, en que solo unos pocos podían recibir la gracia divina y obtener la salvación.

Con todo este currículo -quizás algunos hasta podrían decir “prontuario doctrinal”- es posible pensar que algunos de sus críticos pudieran llegar a catalogar su figura como “el Papa malo”.

Quizás también por el implacable peso de todo lo señalado, fue incapaz de cargar con su propia cruz y, en un hecho que no ocurría hace 700 años, renunció al papado.

Joseph Ratzinger, en Múnich, con 16 años, vestido con el uniforme militar. En 1941, con 14 años, ingresa en las juventudes hitlerianas (algo obligatorio en este momento) cuando estaba en el seminario. En 1943 es movilizado y destinado a una batería antiaérea (que le llevará a Múnich, Innsbruck y Gilching). En 1944, aun sabiendo que los desertores eran fusilados, abandona su puesto y regresa a casa, donde es detenido por los americanos y enviado a un campo de prisioneros hasta su liberación el 19 junio de 1945. Su hermano, movilizado también y del que no tenían noticias, regresa un mes después. Tras ser elegido Papa, su paso por las Hitlerjugend fue objeto de polémica. Para atajarla, Ratzinger impulsó una investigación que determinaría que su paso por el Ejército nazi no fue voluntario..

SU PASADO NAZI

Según reconoció el mismo Ratzinger, formó parte de las Juventudes Hitlerianas en Alemania, a partir de 1943 y, durante la Segunda Guerra Mundial, se especializó en el combate de baterías antiaéreas. Poco antes de finalizar la guerra y ya sabiendo que Alemania sería derrotada, Ratzinger abandonó el uniforme y escapó. Un par de meses después fue delatado y detenido por el ejército de EE. UU. y enviado a un campo de prisioneros nazis. Tras ser liberado y durante el resto de su vida, nunca renegó explícitamente de su paso por las tropas de Hitler.

CÓMPLICE DE ABUSOS SEXUALES

Cuando era arzobispo de Munich, entre 1977 y 1982, conoció numerosos casos de abusos sexuales y violaciones de sacerdotes a feligreses de su comunidad. Sin embargo, guardó cómplice silencio y solo ordenó el traslado de los curas involucrados. Sus críticos lo acusan de no haber hecho nada en aquellos años por impedir lo que después se convirtió en una verdadera avalancha de pedofilia en la zona donde él era arzobispo, cuando llegaron a haber más de 500 casos denunciados.

SILENCIO ANTE LA CORRUPCIÓN

Ratzinger se vio envuelto en un lío luego de la publicación del caso denominado “Vatileaks”, que dio a conocer las cartas que el nuncio apostólico de Estados Unidos, Carlo María Vignanó, le envió directamente a él en las que denunciaba “corrupción” y “mala gestión” dentro de la iglesia.

Su oscuro manejo de la denuncia quedó también al descubierto con la edición del libro de un empleado de El Vaticano, el que también denunciaba la existencia de corrupción dentro de la Iglesia Católica. Sin embargo, Ratzinger, siendo Prefecto para la Doctrina de la Fe, no había hecho ninguna denuncia al respecto. Es decir, miraba la paja en las iglesias ajenas, pero no en la propia.

RECHAZO A LA HOMOSEXUALIDAD Y AL MATRIMONIO IGUALITARIO

Sobre la homosexualidad, en una biografía suya que contó con su autorización, Ratzinger apareció cuestionando al matrimonio homosexual con el “demonio”. En ese sentido, consideró que veía en este tipo de relaciones la obra del “Anticristo”.

“Es una deformación de la conciencia y lamento que haya penetrado profundamente en sectores de personas católicas”, expresó.

DIRIGIÓ LA INQUISICIÓN MODERNA

Dentro de la Iglesia Católica, Ratzinger era llamado el “Rottweiler de Dios”, un apodo atroz pero clarificador, encargado de perseguir las llamadas “iglesias populares”.  En 1984, cuando era Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, escribió una “Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación”, doctrina a la que acusó de tener fuertes nexos con el marxismo y que estaba arraigada en el Tercer Mundo, sobre todo en América Latina. Aprovechando esta “cruzada”, Ratzinger también atacó a las “comunidades cristianas de base”, a las cuales acusaba de ser ingenuas y permeables a los curas que hablaban de una “iglesia del pueblo”, distinta a la voz oficial de la iglesia.

“Las tesis de las «teologías de la liberación» son ampliamente difundidas, bajo una forma todavía simplificada, en sesiones de formación o en grupos de base. Son así aceptadas por hombres y mujeres generosos. Por esto los pastores deben vigilar siempre la calidad y el contenido de la catequesis y de la formación”.

CONTRA LOS EVANGÉLICOS, EL ISLAM Y LOS JUDÍOS

En el 2011, los evangélicos lo invitaron a un encuentro ecuménico mundial en el histórico convento de los agustinos en Erfurt, Alemania, para abordar, entre otros, el tema de las 95 tesis fundacionales del protestantismo que Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517.

La respuesta de Ratzinger es brutal y le dispara directamente al pilar que sostiene el evangelismo, rechaza que basta solo la fe para salvarse.

“En la vigilia de la visita del Papa (él mismo) se ha hablado varias veces de que lo que se espera de ella es un don ecuménico del huésped. A este respecto quisiera decir que esto constituye un malentendido político de la fe y del ecumenismo. La fe de los cristianos no se basa en una ponderación de nuestras ventajas y desventajas. Una fe autoconstruida no tiene valor”, les respondió en su discurso.

Al respecto, otra frase suya de “La sal de la tierra” es lapidaria: “Es del todo evidente que las Iglesias Protestantes no han resuelto el problema de cómo ser cristianos en el mundo de hoy”.

Con respecto del islam, poco después de asumir como Papa, viajó a su natal Alemania y en su discurso en la universidad de Ratisbona, citó a Manuel II, un emperador bizantino del siglo XIV, al decir que el islamismo sólo trajo maldad al mundo y que había sido propagado a punta de espadas. “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”, es la frase textual que citó Ratzinger.

Sus palabras provocaron violentas protestas en países musulmanes, incluso con quema de iglesias católicas y líderes islámicos lo declararon enemigo del islam. Ratzinger solo lamentó los efectos de sus palabras, pero no se retractó.

Sobre los judíos, siendo ya Papa, visitó el campo de concentración que los alemanes crearon contra los judíos en Auschwitz. Allí solo se preguntó “por qué Dios guardó silencio” en ese momento de la Segunda Guerra Mundial, pero nada dijo de su pasado nazi. Además, los judíos le expresaron su rechazo cuando levantó la excomunión a cuatro sacerdotes que negaban el Holocausto judío. Así mismo, reinició el proceso de beatificación del Papa Pío XII, reconocido pronazi y antijudío, lo que significó también el rechazo del Estado de Israel.

“SÓLO EN LA IGLESIA (CATÓLICA) ESTÁ LA SALVACIÓN”

El 6 de septiembre del 2000, Ratzinger fijó una de sus principales doctrinas: «La Iglesia de Cristo subsiste únicamente en la Iglesia Católica».

Con esta declaración, dicha en pleno siglo XXI, hizo retroceder la Iglesia Católica más de 700, repitiendo casi palabra por palabra el anatema proferido por el Papa Bonifacio VIII, en 1302, en su Bula Unam Sanctam: «Hay solo una Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie está a salvo. Nosotros declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación de toda criatura humana el estar sometida al Romano Pontífice”.

LA IGLESIA CATÓLICA COMO UNA SECTA

Una idea cruzó más de 50 años la vida de Ratzinger. Después del Concilio Vaticano II, terminó convencido de que la “verdadera” Iglesia Católica debía ser una comunidad pequeña, pero fuertemente creyente, lo que, a la luz de cualquier definición sociológica, es una secta.

“Después de las actuales crisis, la Iglesia que surgirá mañana tendrá que ser despojada de muchas cosas que ahora todavía mantiene. Será una Iglesia más pequeña. Y tendrá que recomenzar como lo hizo en sus principios. Ya no tendrá condiciones de llenar los edificios que han sido construidos en sus periodos de gran esplendor”, escribió en 1969, espantado por los avances del Concilio, reiterando que será una iglesia “con un número bien menor de seguidores”.

Casi 50 años después siguió desarrollando la misma idea: “Si en el conjunto de la sociedad no se encuentra un entorno cristiano -como tampoco lo hubo en los cuatro o cinco primeros siglos de la historia-, la Iglesia entonces deberá crear sus propias células donde los cristianos puedan ampararse, ayudarse y acompañarse, es decir, el gran espacio de la Iglesia en la vida se tendrá que convertir en espacios más pequeños”, expresó en “La sal de la tierra”.

Ratzinger planteó una verdadera involución de la iglesia al propugnar que solo unos pocos están en condiciones de recibir la gracia de Dios. Es decir, se opuso tenazmente a una de las doctrinas centrales de la Iglesia Católica, idea potenciada por el Concilio Vaticano II, de que la gracia divina es universal y que todos los seres humanos la pueden alcanzar, sin distingo de género, raza o clase social.

Por todo lo señalado, hoy su muerte solo podría ser llorada por los sectores más fanáticamente conservadores de la Iglesia Católica. La inmensa mayoría de los habitantes del mundo probablemente no lo lamentará.

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