[OPINIÓN] 13 de febrero: Día de la Prensa (Javier Pardo)

·Discurso pronunciado en el acto de conmemoración realizado en Valparaíso (13 de febrero, 2025).

El día de hoy, 13 de febrero, se conmemoran los 213 años de la impresión del primer diario nacional, la Aurora de Chile, la cual fuera fundada por Fray Camilo Henríquez, a quien rendimos homenaje en este día.

Son más de dos siglos de historia de la prensa chilena, que se inicia con los albores de la Independencia y que ha acompañado el desarrollo democrático de nuestro país desde antes de su independencia formal de España.

En los inicios de la República, la prensa tenía un marcado carácter propagandístico, ligado a la manifestación de diversas opiniones que correspondían a las disputas políticas de la época, entre conservadores y liberales.

Es avanzado el siglo XIX, cuando se produce la transformación de la prensa en negocio. Sobre esto, en el libro de Eduardo Santa Cruz, “Análisis histórico del periodismo chileno”,  se establece que para que se den las condiciones necesarias para el desarrollo de la prensa-negocio, o como él la llama, la empresa periodística, se debieron conjugar dos factores: por un lado, se produjo el abaratamiento de costos de las publicaciones diarias debido al avance tecnológico, lo cual habría llegado a Chile a fines del siglo XIX y, por otra parte, se necesitó de un marco legal que dé garantías al ejercicio libre e independiente del periodismo, lo cual, en el caso chileno, se produjo con la Ley de Imprenta de 1872.

Con esto, el lector pasa de ser un ciudadano a ser un consumidor de noticias, por lo cual el rol de la publicidad entrará a jugar un factor relevante en esta nueva etapa, en donde los medios buscan abiertamente el afán de lucro. Por otra parte, el nuevo estilo periodístico profusa la objetividad y la pretensión de mostrar las noticias “tal cual se presentan” y “sin injerencias”, lo cual primará en los medios desde esta etapa en adelante.

Con la creación de la radio, el cine y posteriormente la televisión en el siglo XX, cambiarán las lógicas de comunicación, estableciendo mercados masivos y mundiales que podrán ver o escuchar las noticias en directo y de forma más rápida que la tradicional prensa escrita. Es el tiempo de la instalación de las industrias culturales donde aparece un mercado de la cultura. Ligado a esto y a la intensificación de la Guerra Fría, ambos proyectos globales, capitalismo y socialismo, se enfrentan en el terreno cultural y tratan de mostrar como ideales sus respectivos estilos de vida. En el caso chileno se introduce el estilo de vida americano, a lo que se suma la irrupción de la industria cultural mexicana, argentina y brasileña, lo que tendrá una fuerte repercusión en la tradicional cultura chilena.

El debate por la libertad de prensa se instala también fuertemente después de la Segunda Guerra Mundial, siendo este debate foco de la lucha ideológica, ya que si bien se establecerá un consenso sobre la necesidad de la existencia de libertad de expresión y de prensa como un derecho humano universal, esto se verá mermado por las características propias de cada modelo socio-político en disputa: en el bloque occidental, una alta concentración estructural de medios de comunicación en manos de grandes cadenas y agencias de prensa afines a la clase dominante, facilitando el reforzamiento hegemónico de la cultura capitalista, mientras que en el mundo socialista, en nombre de los intereses de la clase trabajadora, se producirá la censura de la prensa disidente a ese sistema, desdibujándose en ambos casos  el derecho a la libertad de expresión y libertad de prensa.

Además, es en esta etapa donde se produce la profesionalización del ejercicio periodístico, lo que se expresó en la apertura de la Escuela de Periodismo en la Universidad de Chile el año 1953 y también en la creación del Colegio de Periodistas en 1955.

Las grandes tensiones sociales y políticas del siglo XX, que alcanzaron su punto álgido en el Gobierno de Allende, se tradujeron también en la prensa, siendo en esta última etapa del período desarrollista en donde existió un mayor pluralismo mediático.

Con la dictadura cívico militar se produce el cierre de todos los medios de izquierda del período anterior y la persecución y muerte de periodistas opositores al régimen. Este es el caso de Mario Calderón, militante del MIR, detenido desaparecido, a quién también rendimos un homenaje hoy día.

La censura, férreamente vigilada por la DINACOS (Dirección Nacional de Comunicaciones), produjo serias restricciones a la libertad de expresión y de prensa. Junto a esto, el régimen militar se encargó de utilizar a los medios de comunicación afines como verdaderos medios de propaganda a través de la presentación de noticias falsas bajo un halo de “objetividad”.

Hoy en día, y como ha quedado establecido por diversos autores, la concentración ideológica del mercado de la prensa será la principal característica en el Chile de la post dictadura. Sobre esto, Guillermo Sunkel y Esteban Geoffroy en su libro “Concentración económica de los medios de comunicación”, plantean que, si bien este fenómeno no es aislado en el mundo, lo particular del caso chileno sería la similitud ideológica de los distintos medios.

Para estos autores, lo anterior se explica en la composición del empresariado chileno, cito: “un empresariado ideológicamente homogéneo, educado en una matriz económica neoliberal y en un conservadurismo valórico donde quienes se salen de este esquema constituyen excepciones a la tendencia general. Esto incluye no solo a los propietarios de los medios, sino también al conjunto de los avisadores”.

Esto, que se puede ver reflejado en el cierre de medios alternativos a las grandes cadenas, como por ejemplo La Nación o más recientemente el caso de La Red, dan cuenta que estas restricciones del “mercado mediático” no son solo teoría, sino que se transforman en una triste realidad para quienes deciden enfrentarse al poder político-económico.

En este momento histórico, nos encontramos ante nuevos desafíos y problemas. A principios del siglo XXI el desarrollo de internet trajo aparejado la aparición de nuevas formas de adquirir información a través de las redes sociales.

Este avance tecnológico, que logró entregarle voz a millones de usuarios en Chile y el mundo, lamentablemente también se ha prestado para la aparición de noticias falsas difundidas por inescrupulosos, ya sean estos movidos por intereses comerciales o por fines político ideológicos.

Los límites éticos establecidos en el siglo XX para regular el ejercicio del periodismo y también la circulación de la información, han quedado obsoletos frente a estos nuevos fenómenos. Es un deber urgente del Estado hacerse cargo de estas nuevas realidades y asumir que debe establecerse un marco regulatorio para las redes sociales, poniéndole coto a la difusión de este contenido.

Por ejemplo, en la Unión Europea ya se cuenta desde el año 2022, con un Reglamento de Servicios Digitales que busca, a juicio de Andrés Moisés Barrio, “atajar no sólo las distorsiones informativas  o desinformación, sino también la difusión de contenidos ilícitos: en particular el discurso de odio, la difusión de contenidos ilícitos entre menores, la publicidad ilícita, la segmentación de la información y la manipulación de servicios con efecto en los procesos democráticos y la seguridad pública, entre otros”.

Esta norma, que establece la responsabilidad de las empresas dueñas de redes sociales de lo que ocurre en sus plataformas, siempre y cuando tengan más de 45 millones de usuarios, termina tratando a las redes en sí mismas como un medio de comunicación, siendo lo publicado allí también responsabilidad de estas multinacionales de la información.

Nuestro Gremio no ha quedado indiferente a estos debates, siendo el tema de las noticias falsas abordado en el reciente Congreso Nacional del 2024. Ya sea por medio de la implementación de nuevas cátedras de ética periodística en las universidades o, también, a través de cambios en nuestro código de ética interno, el Colegio de Periodistas ya está trabajando en estas nuevas realidades, siempre con el compromiso de la defensa del ejercicio periodístico de una forma seria y responsable.

Junto a lo anterior, la irrupción de las plataformas digitales como medio de información masivo ha llevado a una severa crisis financiera a los grandes medios de comunicación, lo que a su vez ha traído una consecuente precarización laboral de las y los periodistas. Solo como un ejemplo, hace poco nos enteramos de la grave situación en la que se encuentran los colegas de COPESA, quienes por medio de su sindicato han denunciado el pago parcial y diferido de sus remuneraciones, además de cotizaciones impagas.

Para hacer frente a esta realidad, en la Carta de Santiago, documento donde se sintetizan los principales acuerdos del Colegio, se establece exigir la pronta discusión de la ley de negociación ramal o multisectorial, lo cual permitirá establecer mínimos salariales y condiciones laborales dignas, tanto en el Estado como en el sector privado.

Además, el Colegio de Periodistas de Chile ratifica la demanda del derecho a la comunicación, reconociéndolo como un derecho fundamental, junto a la libertad de expresión y de prensa. También, reforzamos nuestra petición al Estado para promover un sistema de medios robustos, con apoyo estatal, que garantice un ecosistema de medios descentralizado, autónomo y con enfoque en los territorios.

Igualmente, el Colegio insta a tomar medidas para transitar desde asociaciones gremiales a organizaciones de derecho público, que conlleven la recuperación de la tuición ética. Esto, además de seguir apoyando la Ley de Protección a periodistas y personas trabajadoras de las comunicaciones, proyecto que hoy se encuentra en la Comisión de Derechos Humanos del Senado.

Expuesto todo lo anterior, creemos que para lograr estos objetivos es fundamental fortalecer nuestro vínculo con los distintos poderes del Estado, en particular el Ejecutivo, hoy representado por su seremi de Gobierno, María Fernanda Moraga. Igualmente, destacamos el respaldo de la Ilustre Municipalidad de Valparaíso, hoy representada por su alcaldesa Camila Nieto, para iniciar una nueva etapa de colaboración mutua.

Quiero cerrar destacando el trabajo serio y profesional de miles y miles de periodistas a lo largo de Chile y nuestra región de Valparaíso.

Hemos sido y seguiremos siendo un pilar fundamental para el desarrollo de la democracia. Y como nos llama la Carta de Santiago, vamos a continuar perseverando por la construcción de un periodismo ético y transformador para el Chile que queremos.

Muchísimas gracias.

Javier Pardo Mella
Presidente del Colegio de Periodistas de la Región de Valparaíso

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