[OPINIÓN] Kast o la tram(p)a de los conceptos (Roberto Córdova)

La Falacia

Desde el principio de los tiempos la derecha ha usado la falacia como recurso discursivo; cuando no, la mentira a secas.

En todo el proceso político del siglo pasado, conforme los asalariados tomaban conciencia de clase, se les hizo cada vez más complejo engañar a las masas.

La foto electoral de marzo de 1973, donde el gobierno de la Unidad Popular alcanzó el 44% de los votos en medio de la polarización reinante, fue el punto de inflexión para concretar un golpe de Estado como única manera de evitar el colapso de los privilegios históricos de los dueños del capital a los que la derecha representa.

Lo que sigue es historia conocida: el rearme de la derecha a punta de crímenes sistemáticos e impunes bajo el manto del tirano, el resguardo y privilegios a los viejos y nuevos dueños del capital, una salida pactada para una democracia de los acuerdos y en la medida de lo posible. La consolidación del modelo económico impuesto por la dictadura y administrado por todos los gobiernos hasta hoy, y finalmente, el funesto proceso de transformación cultural donde lo común dio paso al individualismo frenético, la cooperación a la competencia despiadada y la sostenibilidad a un consumo irracional.

Por otro lado, el desarrollo exponencial de la tecnología en la última década, facilitó la consolidación de la noticia falsa, la repetición de la mentira y, a falta de hábito lector, el imperio de los titulares.

Sin lugar a dudas, Kast y lo que representa se levantó, y pretende proyectarse, sobre esa tríada. El punto es que siguen estirando el elástico y no sabemos hasta cuando resistirá. Independiente de las acciones de los partidos opositores,  podríamos encaminarnos a una nueva revuelta popular y nuevos “acuerdos por la paz”, que ya sabemos dónde terminan.

La Presunción

Los que hasta hace poco eran oficialistas y por lo mismo debían soportarse entre ellos porque si no perdían la pega, hoy a duras penas ejercen el rol de oposición. Después de la peor derrota que se puede tener, que es ser sucedido por un gobierno protofascista, todos los partidos se han volcado a resolver sus cuitas internas; lo que ha redundado en un favorable escenario para el nuevo oficialismo ya que no cuenta con una oposición estructurada, la que se ve agobiada por la cantidad de frentes abiertos por el gobierno.

No obstante, lo peor no es el desconcierto opositor o las vocerías que lo evidencian. Lo peor es la presunción de que el plan de la derecha es fundamentalmente torpe, mediocre y digno de memes. Y no es que los actuales gobernantes sean unas lumbreras intelectuales, pero no podemos obviar que en política cuando se ostenta poder no es la intelectualidad la que brilla, sino la claridad de propósitos,  la astucia y la falta de pudor para obtenerlos. Pinochet era un mediocre, pero se sostuvo 17 años en el poder y tuvo un bonus track en plena “democracia” sin que lo pudiera tocar la justicia.

Asimismo, a la izquierda del Partido Comunista existen las izquierdas que mantienen la bandera en alto de un proyecto político nacional herético respecto de la biblia neoliberal. Aquello, sumado al no ejercicio de la administración del Estado, permite la distancia para análisis más certeros o al menos más agudos.

Sin embargo, su ya histórica dispersión y, en muchos casos, su sobreideologización, dificulta la capacidad de incidencia en  la instalación de su discurso crítico en el mundo real. La presunción acá no es la del mal diagnóstico de los acomodados al sistema, sino la de quienes piensan que por la mera persistencia en principios y diseños ideológicos, se pueden generar los cambios.

La Parodia

Un ministerio es un tema serio. El cargo debiera ocuparse con el rigor que honre la responsabilidad que conlleva. Pero la actual Secretaría General de Gobierno en una parodia inquietante. El caso Sedini es paradigmático. Toda su puesta en escena es un chiste de mal gusto. Sus sucesivos y garrafales errores son objetos de memes y sarcasmos. ¿Pero qué se esconde detrás de su permanencia en el cargo? Ciertamente, cualquier gobernante se hubiese desecho rápido de tan inepta vocera. Pero no, insisten en ponerle la fianza. Entonces, todos hablando de lo patética que es la ministra. Todos hablando de las formas de sus intervenciones, pero nadie de los contenidos subyacentes o circundantes.

Sedini es la pantalla perfecta para la política de shock implementada contra el pueblo pobre. Es la distracción farandulera de la tragedia que cuaja en la trastienda nacional.

Si la derecha es perversa por naturaleza, la extrema derecha es la perversidad sin límites. Y si la oposición progresista y socialdemócrata no alcanza a ver la jugada; si cometen otra vez el error de diagnóstico de cuando se intentó cambiar la constitución pinochetista,  seguirán flotando en el espacio infinito de la estética y las formalidades, a la espera de recuperar el poder que será, sin lugar a dudas, más de lo mismo.

Ciertamente, la parodia no puede ser eterna. Llegará el momento en que el payaso del circo reciba el sobre dorado por sus servicios; pero la tarea estará cumplida. Nunca sabremos, eso sí, si Sedini era consciente de su rol en la escena del poder; aunque observando su historia de vida pública nos atrevemos a deducir que su cabeza está tan vacía como los programas de farándula de los que participaba.

El Fatalismo

Otro concepto de esta trama se relaciona con el resultado de la conjunción de los conceptos anteriores. Resultado que se refleja en la “opinión pública”, en la gente, en el pueblo, en la chusma, o como usted quiera llamarle.

Desde 1970 hasta hoy, Chile ha experimentado todo tipo de gobiernos: de izquierda (Allende), dictadura (Pinochet), centro “izquierda” neoliberal (Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet), derecha liberal (Piñera), “izquierda progresista (Boric) y extrema derecha (Kast).

La corrupción creciente y la impunidad sostenida de los corruptos fue instalando en el ciudadano medio un repudio a la actividad política. Ciudadano medio que, a su vez, fue perdiendo su condición de ciudadano, transformándose progresivamente en un analfabeto político.

Esta mezcla potenció una opinión pública donde el fatalismo es el dominante: “mi realidad no hay quien la mejore”, “gobierne quien gobierne yo tengo que seguir trabajando”, “todos los políticos roban igual”, etc, etc.

No se trata de ignorar la corrupción generalizada de los políticos, pero evidentemente la negación de la evidencia, de los hechos, favorece sobre todo a los más corruptos y mentirosos: la derecha.

En treinta y seis años de una seudo democracia, nunca habíamos asistido a la irrupción de un gobierno tan vergonzoso e inepto. Tanta mediocridad levanta la sospecha de una artimaña de los “cerebros” detrás (o sobre) Kast, para su proyecto de refundación pinochetista, en favor de los más ricos y en contra de las mayorías pobres (con el voto de esas mayorías). De no ser así, de ser verdad tanta vulgaridad, es muy posible que en poco tiempo asistamos a la necesidad -ahora sí- de un gobierno de emergencia por desfonde del “gobierno de emergencia”.

Roberto Córdova Pacheco
Proyecto La Comuna
Olmué


Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de su(s) autor(es) y no necesariamente representan las del Diario La Quinta. 

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1 respuesta »

  1. Comparto contigo el análisis Roberto, sin dejar pasar el temor que me infunde el sub texto de toda esta performance: generar condiciones para una militarización del país; un Estado de Excepción permanente que le permita gobernar como insinuó, «por decreto», cuestión que resulta cada día más fácil con una masa adormecida por la «triste promesa del cilindro de gas»; el aumento de la contratación – como si los empresarios fueran a contratar sólo un trabajador o trabajadora más de los que ahora tienen- y el apoyo de los paladines de «ni fachos ni comunachos»; prestado ropa a la miscelánea basura decadente y mentirosa de los «Chicagos Boys». Cuando comemos unos porotos con riendas y cuerito de chancho? Un abrazo.

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