Valparaíso

[OPINIÓN] Valparaíso, cuando las plagas son un síntoma y no el problema de fondo (Carla Meyer)

@carla_meyer_a

// La semana pasada se denunció la existencia de una colonia de ratones en el centro de la ciudad, al lado de una escuela y a tres cuadras del Hospital Carlos Van Buren. El terreno, perteneciente a un privado, deja al descubierto la siempre urgente necesidad de comprometer a los privados dueños de terreno con el desarrollo de la ciudad.

La crisis que enfrentamos hoy en Valparaíso no se reduce a los  problemas de salubridad en nuestras esquinas; tampoco a la plaga de ratones que se pasean por los patios y pasillos del colegio Carlos Cousiño. Esos roedores son apenas el síntoma visible de una pregunta sin respuesta aún: cómo y quién gestiona el territorio en Valparaíso. Con pocas herramientas administrativas y legales, el Municipio ha intentado hacer a los privados responsables del cuidado de sus espacios. Lamentablemente, la administración actual, a pesar de sus esfuerzos, no ha logrado que los dueños de los terrenos sean partícipes activos del bienestar de la ciudad,  a pesar de lucrar con ella. 

Contradictoriamente, quienes buscan activar, desarrollar y potenciar la ciudad no son siempre considerados por la administración. Ejemplo de ello fue el poco apoyo a FITVAL 2026, Feria Internacional de Turismo Valparaíso,  y la detención del Proyecto Luminarias por caprichos políticos disfrazados de probidad. Estos bloqueos administrativos son un golpe directo a la calidad de vida que en los últimos 10 años mejoró en la ciudad.

Bien sabido es que las ciudades no se gestionan únicamente bajo la lógica de la limpieza, seguridad y  vigilancia. La fuerza e impacto a largo plazo de un gobierno local radica en la planificación territorial y la recuperación de espacios.  En esto, la actual administración ha transitado por una senda de sobrevivencia, ejecutando proyectos heredados —como la Plaza de los Inmigrantes o las intervenciones en Sotomayor, Lord Cochrane, por mencionar algunas— sin proponer (o difundir con fuerza) una hoja de ruta propia que proyecte al Valparaíso de la próxima década.

A todo lo anterior se le suma el riesgo de la falta de financiamiento.  La reforma que impulsa el Gobierno central sitúa a Valparaíso en una posición de vulnerabilidad extrema. Sin los recursos del Fondo Común Municipal, y habiendo debilitado la posibilidad de generar  recursos propios, la situación actual pasará de ser un síntoma a una parálisis total. 

Sin inversión no hay política de calle efectiva, no hay ordenamiento del comercio ambulante, no hay respuestas concretas y de fondo para las organizaciones sociales en los cerros que seguirán recibiendo respuestas asistencialistas en lugar de verdaderas políticas de desarrollo barrial.

Hoy no basta con planificar el funcionamiento del Municipio; hoy se debe tener una visión en la planificación territorial, que piense en una ciudad que crece, que se construye y que, por supuesto, transforma la calidad de vida de su gente… la que al final del día es el eje de su potencial y de su desarrollo.

Carla Meyer Arancibia
Trabajadora Social


 

Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de su(s) autor(es) y no necesariamente representan las del Diario La Quinta. 

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