- Carta a la redacción.
Felicito la reciente determinación de la autoridad de ordenar el bloqueo de 42 sitios de apuestas online ilegales, una medida que da estricto cumplimiento a una sentencia de la Corte Suprema y zanja de manera definitiva la posición institucional frente a estas plataformas. Había resultado incómodo el desliz anterior de pretender cobrar impuestos a empresas que operan en la ilegalidad, lo que generó dudas sobre la postura oficial; este acto de cumplimiento judicial, en cambio, ratifica que tales portales están prohibidos y deben ser erradicados del país.
Las casas ilegales, sin duda, doblarán la apuesta: cambiarán rápidamente sus dominios a otros portales para eludir la prohibición y seguir oyendo provecho de personas con problemas de ludopatía. Aun así, la acción enérgica de los tribunales y los organismos fiscalizadores es correcta y merece respaldo.
Pero si el Estado ha decidido finalmente acatar con firmeza este mandato en el ámbito online, también se debería doblar la apuesta desde los poderes colegisladores para avanzar hacia una regulación más exhaustiva de los casinos presenciales. Estos han derivado en un juego de algoritmos más que de azar, donde la suerte es ya una quimera. En esa línea, lo coherente sería prohibir el uso de tarjetas que individualizan aún más a los jugadores, práctica que permite a los casinos ajustar la máquina de manera más precisa y alejar a las personas de la experiencia de los juegos de “azar”, donde un algoritmo determina quién gana, si es que alguien gana.
Atentamente,
Daniel Zapata Zapata
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