Valparaíso

[EDITORIAL] Al Circo de Castrito por suerte ya nadie le cree

Esta mañana de domingo desperté temprano y, hojeando la prensa local, me desayuné con un artículo donde Jorge Castro salía dando excusas de sus fechorías y culpando de todos los males de esta ciudad a la administración del Alcalde Sharp y la Alcaldía Ciudadana.

Por un momento pensé que este era un adelanto de la temporada de circos, los que, al verse impedidos de explotar a animales, han potenciado su espectáculo con payasos, acróbatas y malabaristas. Sí, eso sentí que pretendía el ex alcalde, tratar de hacer malabarismo político y de una manera que invitaba a reírse (como los mejores payasos) y desmarcarse de sus responsabilidades en la desastrosa administración que lideró en esta ciudad durante 8 años, sumando además que fue cómplice activo como concejal otros 12 años.

Veinte años tomando decisiones en esta ciudad y ninguna responsabilidad, solo malintencionados que interpretaban mal las cifras. Jorge Castro nos invita a darnos cuenta que los contratos de parquímetros eran convenientes (las primeras risas); que el acuerdo con Total Transport no podía ser mejor (las risas se contagiaban); que era bueno que el dueño del Mall Barón, como concesionario de nuestro borde costero, decidiera qué se hacía y qué no en ese lugar (el público se apretaba la guata), y, para rematarla, la culpa de todo la tiene Sharp (gente se orinó en sus asientos, algunos gritaban “Viña, Viña”, pero desde Viña aclararon que ya tenían su propio show).

El malabarismo y la acrobacia no están fuera de las competencias de este tremendo artista del circo político: vean cómo hace girar las cifras de $100.000 millones de deuda del Municipio, es sombroso, “debemos separar lo que quedé debiendo de los intereses que se generaron porque no pagué y, si lo separamos en dos y luego en tres, llegamos a deber tres tercios de $33.333 millones y no $100.000 millones” (los espectadores se agarraban de los asientos de lo nerviosos que estaban). Brillante como giran en el aire los acreedores; al fabuloso malabarista no se le cae ninguno. Parece que tuviera un pacto con ellos. Preocupémonos, el Cirque du Soleil anda buscando elenco.

Para rematar la magia, es increíble cómo hace desaparecer las cosas, el patrimonio del municipio y de la ciudad desaparecieron casi sin darnos cuenta. Pasamos de ser Patrimonio de la Humanidad a ser patrimonio de nuestros acreedores, debemos más de lo que tenemos. Pero el show sigue y hoy, con su nuevo emprendimiento “La Ruta del Tango”, financiado por su auspiciador EPV, quiere robarnos hasta el Valparatango (ha tratado de inscribir la marca para quitársela al municipio y la ciudad). ¿No ve que él dice que lo creó cuando era funcionario municipal y, por lo mismo, se lo puede llevar para la casa? Pide el apoyo del público para terminar su espectáculo, pero la gente ya no le cree. Para ser ilusionista debes tener credibilidad, la misma que él perdió cuando ni los suyos (la UDI y RN) fueron a votar por él.

El respetable público se enoja porque los magos devuelven las cosas que hacen desaparecer. Eso los diferencia de los ladrones. Ahí se nos cayó Castrito. Al terminar, los espectadores se tocaron los bolsillos para ver si aún tenían sus billeteras y celulares y se retiraron del circo indignados gritando “¡que devuelva la plata!”.

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