Valparaíso

[EDITORIAL] Después de todo algo de fe no es tan malo

Este domingo desperté atenta al cielo amenazante del puerto. Durante toda la semana los canales, las radios y los diarios nos habían decretado que el fin de semana nos íbamos a mojar hasta los calzones y, como yo estaba decidida a acompañar a los pescadores de la caleta Portales en su procesión de San Pedro, me tenía que preparar psicológicamente.

A los pescadores los trataron de convencer por todas las vías que cambiaran el día, pero ellos, fiel a su cultura, no echaron pie atrás: “¡si la podemos con la mar, ¿no la vamos a poder con la lluvia?!”. Con eso estaba listo el panorama: levantarme el domingo temprano para ir a la misa y después caminar bajo la lluvia para llegar a la Caleta. Una parte de mí se reía de la otra parte de mí, como si esa mitad no cachara que cuando llueve todos se mojan.

Tengo que decir que las expectativas no eran las mejores, pero me parecía bien acompañar a las familias de los pescadores tan maltratadas por la naturaleza y saqueadas por la Ley de Pesca creada por un grupo de familias y sus empleados del Congreso.

Cuando llegué a la iglesia me tomé un tecito con empanada y me puse a conversar con los dirigentes de los pescadores mientras empezaba la misa. Aún no llovía y se veía posible una falla en los pronósticos, pero nada de eso. Al poco rato la lluvia se desató y parecía que de ahí en adelante todo empeoraría.

Saliendo ya de la misa, la primera sorpresa debajo de esa lluvia torrencial era ver a cientos de jóvenes organizados en distintas comparsas que se aprestaban para acompañar a otros cientos de pescadores que, lejos de preocuparse por la lluvia, se dispusieron a realizar esa acción de fe colectiva que se supone los beneficiará con una mejor pesca durante el año. De ahí en adelante una energía colectiva se apoderó de la experiencia, la lluvia pasó a un segundo plano y todo fue alegría y regocijo, aun para los que la fe no nos mueve muy profundamente.

Desde esta experiencia reflexioné cuántas habían sido las veces en que, por escuchar un mal pronóstico o un mal augurio, habíamos bajado un proyecto o lo reprogramamos para una mejor fecha esperando “mejores condiciones”. Pero acaso no sería lógico reflexionar para quiénes trabajan o a qué intereses responden estos “oráculos modernos” o, si sólo se tratara de charlatanes oportunistas, qué medios son los que generosamente les prestan su tribuna para decir sus pseudo verdades.

Los oráculos modernos nos dicen que no cambiemos la Constitución, que no es tiempo, que es peligroso, que el Código de Aguas lo dejemos tal como está, que podemos aumentar la cesantía, y el T2 que lo construyamos luego, que el puerto va a quedar atrás, “no va a ser competitivo”. ¿Derogar la Ley de Pesca?, no se puede, no por ahora, o que si gana la izquierda todo se va a caer a pedazos, y así suma y sigue.

Pero nada de eso es verdad. Solo usan el miedo para tratar de detenernos, pero parece que ya no les resulta tan fácil. Al menos ya los pescadores no les creen y las mujeres tampoco les creen, y pronto la mayoría -estoy segura- no caerá en sus engaños y, aunque llueva, truene y relampaguee, saldrán a exigir lo que es justo.

Parece que me emocioné… Después de todo, algo de fe no es tan malo.

Categories: Valparaíso

Tagged as: , ,