Valparaíso

[CRONICA] El Buen Porteño y el mes de los gatos

Difícil referirse a esta tormentosa relación, más en este mes donde la cosa erótica felina no nos deja ni dormir. No sólo lo sabe nuestro techo (y si es de lata más perturbador es), sino que todo el cerro. Sí, todo el cerro porque acá la fornicación se escucha desde el cerro de al frente, lo que hace estéril el lanzamiento del fiel zapato. Además, y pese al escándalo, pareciera que uno es el único wn que lo escucha, porque pueden estar horas en el fornicio sin que del cerro del frente salga un alma piadosa con una escoba o un zapato a parar tanta pasión.

Bueno, además de eso, el Buen Porteño lo único que sabe de los gatos es que tienen cuatro patas y hacen miau, ya que ni siquiera sabe el nombre de ninguna raza. Insisto, en lo de ninguna. Pa’l Buen Porteño sólo están los gatos plomos, negros, amarillos y de colores. En cambio, el finolis de la Ciudad Jardín se sabe más de 10 razas (romano, cálico, shorthair, siamés, Maine, burnés, angora, persa, etc.). Lo mismo sucede con los nombres. Acá se llaman igual que su color, apariencia y raza: el gato plomo, el tuerto, el cojo, la de colores, etc. Los finolis tienen una amplia gama de nombres finos e inclusivos para sus gatos: Merlin, Micifuz, Rayito, Benito, Toby, etc.

Al gato no puedes darle lo que te sobró en el almuerzo, sino hay que hacerle comida especial, caso contrario en protesta, va y caga en el cajón donde tienes tu camisa guerrera y tu única corbata. El Buen Porteño prefiere el ladrido de su fiel mastín antes que el finolis prrrrrrrrrrrr de un gato que ni siquiera sabemos dónde anduvo fornicando la noche anterior.

El Buen Porteño caza sus ratones con sus propios párpados y no necesita de un gato que duerme todo el año y que con raja agarra una laucha cada década y que ni siquiera la mata, sino que la lleva viva a la cama de la bruja dejando la pura escoba. Hay que reconocer que hay gatos memorables, como los que adornan las buenas barras de las cantinas locales y que siempre están ahí, sin hacer nada, «más flojo que gato de casa de putas» dice el certero dicho popular. Caso contrario es el de la Buena Porteña, ella ama a los gatos. Seguramente es por algún gen recesivo finolis de algún antepasado lejano perdido por ahí. Pero eso será parte de otra historia. (En la foto, gatos del cerro Cordillera).

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