Internacional

[REPORTAJE] La memoria de un converso

Verano de 2005, Estocolmo, Suecia.

Una veintena de chilenos deambula por el hall del Grand Hotel, ubicado en el casco histórico de la ciudad. Otros tantos esperan en uno de sus lujosos salones.

Ambos grupos vienen al encuentro de un mismo personaje: el candidato a la presidencia de Chile Sebastián Piñera.

Los del hall vienen a funarlo a él y a los del salón.

Los del salón vienen a escuchar las propuestas del candidato.

Lo curioso es que estos últimos no son simpatizantes de la derecha. Son, ni más ni menos, militantes locales del Partido Socialista de Chile (PS). Sí, del PS chileno.

Como ajeno a la pugna de estos dos grupos acodado en la barra del bar, cerveza en mano, se encuentra quien se hiciera famoso en ese país, el músico DJ Méndez, quien espera al candidato para una entrevista privada. Nunca se sabrá qué conversaron.

La osada y agitada agenda de Piñera en Estocolmo contó con un anfitrión igual de famosillo que Méndez, pero en el ámbito de la política: el diputado del Partido Liberal Sueco, el también chileno Mauricio Rojas Moller.

Así fue que Rojas entró en la esfera del entonces candidato Piñera.

LOS AÑOS ROJINEGRO DE ROJAS

Andrés Pascal Allende, emblemático dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), ha puesto en duda la militancia que Rojas dice haber tenido en el MIR hasta 1978. Su posición se sustenta en diversos testimonios de indiscutidos militantes de esta organización que compartieron los lugares del recorrido de Rojas.

No obstante, el relato del converso respecto de su pasado rojinegro contiene varios tips que hacen probable su participación.

Hijo de Juana Moller, una dirigente sindical y comprometida militante del PS quien llevó su compromiso hasta la casa donde vivía con su único hijo; casa donde se realizaban frecuentes reuniones políticas, lo que permitió -según Rojas- a instancias suyas, que el máximo dirigente del MIR, Miguel Enríquez, se reuniera con su gente.

Por otra parte, Rojas cursó su enseñanza media en el emblemático Liceo de Aplicación, y de ahí salió a estudiar Derecho en otro centro educativo clásico por su efervescencia política: la Universidad de Chile.

De esos años, el relato de Rojas expuesto en una invitación a La Moneda en el primer gobierno de Piñera señala: “miraba a mis amigos del barrio, de la escuela, y pensaba que eran seres humanos chiquititos que estaban al lado de un mesías y no se habían dado cuenta. Estos seres chiquititos da lo mismo que los matemos, porque son pequeñitos”.

Es a esa visión perversa, maquiavélica, a la que se habría rebelado años más tarde para iniciar el camino a lo que es hoy: un liberal de derecha. El bien triunfaría sobre el mal.

El converso, durante el gobierno de Salvador Allende, abandona la universidad para ocupar un cargo técnico en el gobierno. Estando en esas funciones lo encuentra el golpe de Estado.

Ya con los militares controlando el país, su madre oculta en su casa a un connotado dirigente del PS. Por esa razón es detenida por los aparatos represivos (DINA) y llevada al centro de torturas y exterminio de Villa Grimaldi.

Es en este contexto que Rojas (23 años) decide salir del país, primero a Argentina, de ahí a Italia, para llegar finalmente a Suecia, no como asilado político, sino por la ley de reunificación familiar, ya que su madre sale de Villa Grimaldi a Suecia en calidad de asilada y eso le permite reclamar a su hijo.

Allí ambos, como cientos de chilenos que se salvan de los horrores de la dictadura, son beneficiados por las políticas de asilo del gobierno de Olof Palme.

Entre enero de 1974, fecha en que llega Rojas a Suecia y 1975, hay antecedentes que lo vinculan a las actividades del exilio político chileno. Después sus compañeros le pierden la pista.

Según el converso, habría estado apoyando la Operación Retorno impulsada por el MIR, al punto que el mismo buscaba regresar a Chile a combatir a la dictadura. Esa aspiración lo habría llevado a estudiar mecánica y no continuar con su carrera de Derecho. Quería aprender a hacer armas para enfrentarse a los militares.

Claro que la Operación Retorno ocurre en 1978, tres años después de su desaparición de las actividades del exilio. Es más, su propio relato habla de 1977 como el año en que vio la luz y comienza su conversión. Pero bueno, a veces la memoria nos juega malas pasadas, y Rojas no es la excepción.

EL CAMINO A DAMASCO

Toda persona tiene derecho a cambiar de opinión, a refundar su pensamiento, su visión de la vida. El cambio no es un mal en sí mismo.

El problema es cuando un individuo que abraza una determinada ideología, y que se ve a sí mismo como un mesías, al cambiar al extremo opuesto, lo más seguro que su nueva verdad sea tan absoluta como la que abandona.

Rojas tiene un perfil que su propio relato -escritos mediantes- se evidencia como totalitario.

La primera víctima de su conversión absoluta es su propia madre. Él mismo cuenta cómo, después que Juana lee unos textos de la autoría de su hijo, le grita desesperada “destruiste mi vida”. La madre percibe a su único hijo como un traidor. He ahí su dolor.

Rojas sitúa en la Universidad de Lund y en la lectura de autores como Smith y Popper su iluminación. Desde ese momento caminará a paso firme hacia posiciones de derecha y luego de extrema derecha.

Coqueteará primero con los Moderatas, que representan a la derecha conservadora en Suecia, para terminar siendo candidato al parlamento en 2002, en un cupo independiente del Partido Liberal, resultando electo. Poco después entrará a militar en el mismo. En 2006 va a la reelección, pero no le alcanzan los votos. Sin embargo, el líder de su partido que gana el cargo es llamado a ocupar una cartera en el nuevo gobierno de derecha y eso permite que el converso vuelva al parlamento.

Dos años más tarde, la juventud de su partido pide la expulsión de Rojas. El motivo: lo acusan de extremista, racista y xenófobo. Lo anterior transgrede los principios del partido.

En efecto, Rojas había desarrollado un discurso que condenaba a los inmigrantes, ilegales y legales, que ponía al Estado en la persecución y castigo de estos seres culturalmente inadaptados al mundo sueco.

Un individuo como Rojas que ingresó a este mundo beneficiado directamente por las leyes de acogida para extranjeros vulnerados en sus derechos en sus países de origen, y que dicho individuo cuando detenta poder dentro del aparato del Estado sale a perseguir extranjeros, simplemente se convierte en un ser despreciable.

Ilich Galdámez, reconocido y respetado activista político y comunicador social que llegó asilado a Suecia en los años 70 y que conoció y encaró públicamente al converso, nos comenta: “hace 10 o 12 años las posturas xenófobas de Rojas eran marginales. Hoy, los SD, que es el partido neonazi sueco, cuentan con 49 de 349 escaños en el parlamento, convirtiéndose en la tercera fuerza política. Si Rojas se queda sin trabajo en Chile, puede volver a Suecia. Seguro que los SF lo recibirán con los brazos abiertos”.

(Por Roberto Córdova)

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