[OPINION] Volver a la célula (por Jorge Bustos)

Se nos viene septiembre, un mes que, para quienes fuimos parte de la más férrea resistencia contra la dictadura asesina y estuvimos dispuestos a arriesgar nuestras vidas, evoca recuerdos y tristeza. Tras este largo andar, después de haber conquistado esta ansiada democracia, es hora de hacer un aro en el camino y mirar en perspectiva y reconocer cuáles han sido las reales conquistas y reivindicaciones, si ha primado la justicia por sobre el poder. el bien común por sobre la ganancia individual.

Para quienes estuvimos dispuestos a entregar la vida por lograr la ansiada democracia, es momento de que reconozcamos que nos derrotaron, que las consignas y promesas se quedaron en el discurso porque los mismos que dirigieron matanzas, torturas, y robaron las arcas del Estado, son los mismos que han gobernado hasta hoy. Son los mismos que han hecho que la supuesta vanguardia, es decir, los trabajadores, se transformen en un disminuido y errante colectivo que depende de los senadores para negociar sus sueldos, y no sea la clase la que negocie como siempre fue.

Nuestra derrota no solo fue política y militar, sino que también moral. Ha sido tal el derrumbe moral de la República que las jefaturas de sus Fuerzas Armadas han sido tildadas de corruptas por la prensa y, más triste aún, las encuestas muestran un país que olvidó no sólo su historia, sino también su decencia, que se vendió por completo a un sistema que ha profundizado la desigualdad llevándonos a liderar las brechas sociales. Nadie se salva de la debacle moral, ni siquiera el clero que ahora atraviesa por su período más oscuro, enfrentando acusaciones de abusos encubiertos por sus máximas autoridades eclesiásticas. Y de la clase política no hay mucho que agregar, porque es por todos/as conocidos el nivel de corrupción que alcanza niveles vergonzosos. Y, por último, los empresarios, empecinados en ser del mundo y no defender lo nuestro, creyéndose el cuento de la globalización; cuando concluya su ceguera Chile será de una corporación global y todos nosotros sus esclavos.

Claro que de nada sirve decir lo que todos sabemos; al parecer se hace necesario mirarse al espejo y preguntarse cómo hemos llegado a este estado de las cosas. Desde mi visión, la mayoría de nosotros se fue para la casa y está en su zona de confort y, al parecer, ahora son más clandestinos que antes, porque hasta hoy no aparecen desde la academia o desde las gremiales exigiendo que se termine de una vez esta debacle. Creo que el camino es empezar a armar equipos, dejar la herencia de la historia vivida, y de paso levantar, junto a los jóvenes, demandas para presionar por los cambios necesarios. Tengo la impresión que se hace necesario volver a la célula no para escuchar el informe político, sino para darle inteligencia al discurso. Hacer política no es solo criticar al que gobierna, sino proponer, construir realidad. Me parece que el camino más corto en esta idea es recobrar las fronteras que indican las leyes y no desgastarse en proponer sociedades utópicas en donde nos reducimos a una parte minoritaria de la oposición. Es ser concreto, contar con lo que tenemos, ser estratégicos, interpretar las necesidades y canalizarlas. Ser protagonistas y salir de la zona de confort.

Septiembre no es solo sinónimo de carrete, fondas, asados, viajes, como nos han instalado en la conciencia colectiva. Debemos incorporar que es un tiempo de devolver, a quienes se la jugaron y perdieron todo, la democracia real y justa.

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