Opinión

[CRONICA] Nueve viñetas para Byung-Chul Han (por Guillermo Rivera)

I. Byung-Chul Han, filósofo, nacido en Corea del Sur, 1959, formado en Alemania en las Universidades de Friburgo y Múnich. Se trata de una de las figuras principales de la filosofía moderna. Estos últimos años ha publicado los libros La Sociedad del Cansancio (Herder, 2012); La Sociedad de la Transparencia (Herder, 2013); La Agonía del Eros (Herder, 2014), La expulsión de lo Distinto (Herder, 2017); El Aroma del Tiempo (Herder, 2018), entre otros

II. LA AGONÍA DEL EROS es un libro que aborda en distintos ámbitos la pérdida de éste, y dónde su supervivencia está amenazada por el dominio del narcisismo, lo cual provoca la desaparición del Otro.

La idea del Otro necesita de la diferencia, de la negatividad que ha desaparecido en la transparencia (donde lo positivo no puede contrastarse con lo negativo, no hay oportunidad para el entendimiento. Tomemos la práctica de la selfie, por ejemplo, de ese primer plano, que se desentiende de lo extraño, llevándose a cabo en la ausencia de fricción, sin la resistencia de lo distinto).

Así, este extremo narcisismo –afirma Han-, no es capaz de conocer al Otro en su alteridad. Sólo encuentra significaciones allí dónde se reconoce a sí mismo y deambula por todas partes como una sombra. “EN EL INFIERNO DE LO IGUAL EL OTRO NO TIENE ESPACIO”.

III. En los tiempos de la sociedad disciplinaria –nos señala Han-, durante el siglo XX, prevalecía el principio del deber: hacemos las cosas en base a los factores externos que nos dominan, que nos indican lo que hay que hacer. No obstante, en nuestra sociedad actual, el sistema encuentra otro modo de condicionar las formas de la coacción productiva, cambiando la lógica del deber por la lógica del poder. El yo debo, es reemplazado por el yo puedo, y esto se refleja en lo que llama La Sociedad del Rendimiento.

IV. El hombre NEOLIBERAL es dueño de su propia EXPLOTACIÓN, y se ordena a si mismo explotándose hasta el agotamiento definitivo, con esta idea de libertad basada en esa supuesta autonomía de decidir sobre sí mismo.

En este marco, la astucia neoliberal es instalar la IDEA que uno es dueño de su destino, porque si uno es dueño de su destino se vuelve responsable de sus eventuales fracasos, como si los fracasos dependieran sólo de la capacidad individual, sin poner en duda a la sociedad ni al sistema.

V. Esta lógica del rendimiento inunda todos los espacios de la vida humana y se hace presente en el amor. En nuestro tiempo la idea del amor se iguala con el placer y el placer con el sexo. Por tanto, amor y sexo se transforman en conceptos simbióticos que hacen posible calcular el amor a través del rendimiento sexual. El cuerpo se convierte en un objeto de exposición tomando la forma de la mercancía, y ese cuerpo tomado como mercancía deriva en el otro como objeto. Ahora, afirma Han, la idea del cuerpo como mercancía nos acerca a la idea del PORNO.

VI. Así, la amenaza a la sexualidad no es la moralidad, es la extrema sexualidad, la presencia absoluta de la sexualidad, que aniquila al eros.

No obstante, considera Han, el porno no es la hipersexualidad, sino, por el contrario, el porno es ausencia: es una sexualidad transparente, sin contradicción, absoluta. EL OBJETO DEL PORNO ES EL OTRO AUSENTE.

VII. En la antigüedad existía una forma de relación que incluía de manera protagónica, conceptos como: tensión, dolor, vulnerabilidad humana, pero actualmente esas mismas relaciones se ven vaciadas de aquella negatividad, y como se vuelven positivas, a la total positividad, a partir de la cual aparecen caracterizadas por la calma, la suavidad, la ternura, etc. De esta manera, considera Han, el amor se ha domesticado, es un amor que prefiere no correr riesgos, que se parece a un bien de consumo, a una mercancía, elegible o garantizada, sin aquel rasgo de locura típico del siglo pasado.
Este amor está domesticado, porque prescinde del dolor y del sufrimiento. Emociones que no se consideran parte de la geografía amorosa.

De este modo, sin esa parte de negatividad, el amor pierde su capacidad de trascender y transgredir: se trata de un amor que se siente cómodo en lo igual.

Un espejo de esto, es lo que sucede en LA RED. Todo es lo mismo. Sin la negatividad se reproduce un aumento irrefrenable de lo igual, como pasa con las sugerencias de Netflix o las páginas web. La información no acepta metáfora alguna. En facebok el otro no tiene preocupaciones ni dolor. Es la comunidad del me gusta, anulando así cualquier indicio de negatividad.

VIII. LA MERA VIDA es el eros cada vez menos presente a nuestro alrededor. En su esencia el eros niega el trabajo, pero hoy el trabajo se ha vuelto un factor central en nuestra vida, por lo cual el sujeto del rendimiento está totalmente sometido a su objetivo.

Recordemos –nos indica Han- que la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento. El neo liberalismo –en este punto Han coincide con Debord, quien sostenía que el espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible-, reconfigura a los sujetos de tal manera que los medios de comunicación, la publicidad, la escuela, el trabajo, o la familia, son ámbitos donde nuestros proyectos, nuestros deseos, están marcados por el capital.

IX. Este sujeto, Han lo vincula a la dialéctica DEL AMO Y DEL ESCLAVO de Hegel. Acumular, consumir, rendir, deserótiza la vida, ya que la convierte en mercancía. La buena vida tendría la capacidad de resignificar la vida erótica.

“Amar es renunciar a la conciencia de sí mismo, es olvidarse de sí mismo en otra mismisidad”. Esta afirmación de Hegel, hace añicos, naturalmente, la  presencia del yo narcisista, puesto que el amor no se trataría de la negación del otro, sino de volcarse hacia el otro.

En cuanto a la relación Eros y política, la visualiza, en su acepción más noble, como amor, entrega, compromiso, transformación. En este marco, la política es claramente la eliminación del Narciso, porque política es privilegiar al otro. Pero, la política actual es mera vida, que se resume en mero trabajo, y por ende, en una tendencia a la mera DESPOLITIZACIÓN. Por lo mismo, plantea Han la necesidad de re-erotizar a la política, de volver a darle vitalidad, ya que una política sin eros, o un pensamiento sin eros, pierde su rasgo DESAFIANTE.

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