Destacado

[OPINION] ¡Cierren la puerta! (por Gato Dequinta)

Imagine, estimado lector, que está en un restaurante. Comienzan a llegar masivamente los clientes y los dueños del local, ante la demanda, se apuran por colocar más y más mesas para dar respuesta a la demanda. Pero llega un momento en que no hay más mesas, el local está lleno hasta el tope y la gente sigue acumulándose, exigiendo ser atendida a la entrada del local.

ENFERMO CORONAVIRUSEso es lo que está pasando con la equivocada política del Gobierno y del ministro de Salud, en particular, para responder a la angustiante pandemia de coronavirus que ataca a Chile.

Piñera y su capataz sanitario, Mañalich, continúan con la fracasada estrategia de decir que el país se va a llenar de ventiladores mecánicos para atender a los enfermos más graves. Pero las cosas están llegando a un límite y los ventiladores mecánicos no darán abasto.

Lo central acá es cerrar la puerta. Evitar la creciente llegada de personas a los hospitales y consultorios, poniendo énfasis en la prevención, es decir, fiscalizar drásticamente el cumplimiento de las cuarentenas ya decretadas, obligando a las personas a no salir de sus casas, y ampliar las cuarentenas de manera urgente a las zonas ya afectadas como Valparaíso, San Antonio y las comunas cercanas a Santiago y todas aquellas comunas que lo piden y lo necesitan con urgencia.

Y las personas deben comprometerse a no salir a las calles mientras dure la pandemia.

Pero hay un “pequeño” gran detalle.

¿POR QUÉ LA GENTE SALE A LAS CALLES?

La gente en las calles se podría explicar por al menos dos razones. Una es objetiva: la crisis del modelo económico neoliberal, con su característica principal, la acumulación de la riqueza en unos pocos y una profunda desigualdad social.

Millones salieron a la calle desde octubre del año pasado para exigir el fin de este nefasto modelo, el que agonizaba a comienzos de marzo, cuando se vislumbraba la posibilidad de cambiar la Constitución de Pinochet y, con ello, sepultar el neoliberalismo en Chile.

Llegó la pandemia y pilló al país luchando contra la desigualdad. La pandemia, entonces, vino a exacerbar los efectos negativos del modelo neoliberal.

El hambre, que ya existía antes de la pandemia, empuja con más fuerza hoy a los más vulnerables a salir a las calles, unos a trabajar y otros a protestar.

Frente a este cuadro de deterioro económico la limosna del Gobierno a través de la “cajita feliz” de ayuda social nunca alcanzará. “Solo el pueblo ayuda al pueblo”. Las ollas comunes que dieron de comer a miles de chilenas y chilenos durante la dictadura han vuelto hoy y son uno de los caminos para enfrentar solidariamente los estragos de la pandemia.

La solución a la falta de alimentos en los hogares pobres de Chile ya está surgiendo de manera horizontal, solidaria, ayudándose unos a otros; y no esperar la ayuda vertical, del Gobierno, del Estado, como caridad hacia los pobres.

La segunda razón de la gente en las calles es subjetiva: el total descrédito de la población en la clase política, Gobierno y oposición.

Respecto del Gobierno, hay un rechazo a su discurso triunfalista y también poca credibilidad sobre sus cifras. No es racionalmente creíble la alta cantidad de contagios con la tan baja cantidad de fallecidos. La población cree que se están escondiendo los muertos.

Otro “pastelazo” reciente de Mañalich le agrega más leña al fuego de la ira popular. Acaba de decir que “hay un nivel de pobreza y hacinamiento en la población, del cual no tenía conciencia”. Es decir, estamos gobernados por sujetos que no saben en qué país viven.

Y entonces se juntan estos factores y surgen una especie de rebeldía a lo que diga el Gobierno y el llamado de los políticos. La gente no les cree.

Se suma a esto, otro virus, el “virus neoliberal” inoculado a los chilenos por la dictadura y mantenido durante 30 años por los gobiernos de la Concertación y la derecha. Esto se traduce en el excesivo egoísmo e individualismo que aún mantienen miles de personas en nuestra sociedad. Su frase favorita: “Mientras a mí no me afecte, no me importa”.

Dentro de este cuadro, es cierto que miles de chilenos y chilenas no pueden quedarse en sus casas porque necesitan “parar la olla”, por ejemplo, los feriantes, los “coleros”, los vendedores ambulantes y callejeros, etc. La derecha dice que ellos salen porque son “porfiados”. ¡Qué saben los ricos de pasar hambre! Es bien fácil decir “Quédate en casa” cuando tienes todo resulto y los bolsillos llenos.

Para este grupo de trabajadores informales podría haber un permiso especial que les permita trabajar en cuarentena. El resto, si puede, que se quede en casa.

FRACASO TOTAL DEL GOBIERNO

Ahora, el capataz Mañalich ha reconocido que todo cuanto había dicho, de que “estaba todo bajo control”, “venceremos la pandemia” y bla, bla, bla, era mentira. “Se ha caído como castillo de naipes” y “navegamos en la oscuridad”, ha terminado por reconocer. Piñera, que no puede con su egolatría y megalomanía, apenas dijo que “se han cometido errores”.

Lo concreto es que el Gobierno ha fracasado total y estrepitosamente en su estrategia para hacer frente al coronavirus. Su plan de salvar primero las empresas antes que la vida de las personas le está costando la vida a cerca de mil chilenos y este número seguirá creciendo. Chile ya supera a China en el número de contagiados y rápidamente pasará a ser parte del triste Top Ten de los países con más contagios en el mundo. La pandemia en Chile está descontrolada por culpa de unos ineptos que solo están interesados en salvar el capital.

COLEGIO MÉDICO

Por eso, en esta hora difícil, una forma de solución para cerrar la puerta a la pandemia podría ser hacerle caso, todos, al Colegio Médico y reiterar un llamado intenso y masivo por las redes sociales a realizar todos los esfuerzos preventivos por evitar expandir el contagio. A cuidarse entre todos, que el Gobierno ya no lo hizo. A lavarse frecuentemente las manos, usar mascarillas, guardar la distancia física necesaria, evitar participar en actos masivos, etc.

Y a los otros, los que no hacen caso, los que salen a fiestas masivas, a pasear a las macotas, en fin, a los que no toman conciencia de la gravedad de la pandemia y salen a puro “huevear” a las calles, a esos habría que dejarlos detenidos y fuertemente multados. Y pegarles una fuerte “patá en la raja” por weones.

Opinion_GatodeQuinta

Deja un comentario