Viña del Mar

La gran deuda de la Municipalidad de Viña del Mar con las ollas comunes

Los contagios disminuyen, pero la pandemia no cede. Son tiempos aciagos para todas y todos los ciudadanos, más aún para los habitantes de las zonas altas en Viña del Mar, quienes conviven con la desigualdad, falta de oportunidades e incluso el hambre.

En este periodo de profunda crisis se ha vivenciado cómo la solidaridad y el trabajo colectivo se han expresado con más fuerza, a través de distintas agrupaciones que han ayudado a las familias porteñas y viñamarinas, quienes se han visto afectadas por todo lo que implica el COVID-19.

Una de las iniciativas más valorables y destacadas en este contexto es lo realizado por la Olla Común y Comedor Solidario Itinerante, ubicado en la Variante Agua Santa e ideado y organizado por dos vecinas del sector. Algo que comenzó como un valorable apoyo para 200 pobladores, se convirtió rápidamente en 780 raciones diarias para quienes peor lo están pasando.

Así lo confirma Rosa Silva, dirigenta del Comité de Vivienda Variante Agua Santa, del campamento Esperanza 2011, quien con su amiga Berta Maureira gestaron e impulsaron esta significativa colaboración a la comunidad. “Comenzamos con la olla común el 27 de abril, el primer almuerzo fue donado por la Feria Caupolicán (…), entregamos raciones de lunes a sábado y beneficiamos a varios sectores, entre ellos están Glorias Navales, Miraflores, Villa Arauco, Nueva Aurora, Placeres y muchos otros lugares que hemos integrado gradualmente”, afirma la encargada del comedor.ollas_viña

La dirigenta señala que son nueve personas las que trabajan en el comedor, funcionando desde las siete y media de la mañana hasta las seis de la tarde. “Generalmente salimos a mediodía a entregar almuerzos hasta las 4 de la tarde aproximadamente, luego nos organizamos para el día siguiente”, afirma. Los aportes para mantener operativa la olla común provienen de privados, agrupaciones comunitarias, clubes deportivos y donaciones de comerciantes. Toda contribución es transparentada para mantener el espíritu de la iniciativa.

La Municipalidad de Viña del Mar poca ayuda ha entregado a este tipo de actividades, señala Silva, precisando que desde el municipio viñamarino se han acercado en dos oportunidades a entregar 10 cajas de mercadería, primero en junio y luego en julio, lo que ciertamente es insuficiente. “Con eso no alcanza. Los vecinos se suman, nos piden apoyo y no damos abasto, es demasiada gente. Esperamos que sigan cooperándonos en mayor cantidad” declara.

“Como Corporación Pro Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Viña del Mar entendemos que cada vez se dificulta más sostener las ollas comunes que se realizan en la ciudad, muchos sufren del rigor de la crisis tras la disminución de sus ingresos o pérdida del trabajo, y con el aporte de redes de solidaridad no es suficiente”, señala el vocero de la Corporación, Hernán Madariaga Arqueros. “Como Corporación Pro Defensa siempre hemos creído que el patrimonio principal de la ciudad jardín son las personas, grupos familiares que se han visto afectados por la contingencia que vivimos y el Municipio debe tomar cartas en el asunto” agrega.

“La gente da todo lo que puede, pero falta una respuesta de la Municipalidad de Viña del Mar; aquella es una decisión política que debe tomar la alcaldesa Virginia Reginato y el Concejo Municipal, puesto que nos consta el esfuerzo cotidiano de los funcionarios municipales para poder abordar de la mejor manera esta problemática”, sostiene Madariaga.

Para una olla común de las características de la que ha sido impulsada a través del Comité de Vivienda Variante Agua Santa, seis o diez cajas de alimentos mensuales son ciertamente una ayuda insuficiente para las casi 800 raciones al día que se entregan. Se requiere una colaboración semanal, considerando alimentos, vales de gas y aportes a la infraestructura de las cocinas. Además, explica Hernán Madariaga, en muchos sectores es imperiosa el agua potable. “El primer lugar donde nacen las ollas comunes, dada su evidente precarización, es en las tomas, ellos dependen del transporte de este vital elemento en camiones aljibes”, advierte, por lo que “se requiere que el acceso al agua se intensifique, llegue con más frecuencia y en mayor cantidad para cubrir todas las necesidades”.

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