Opinión

[OPINION] A propósito de Virginia Reginato: Críticas al modelo de gestión municipal neoliberal

(Por Alejandro Aguilera y Francisco Guilardes)

La noticia de esta semana sobre el déficit de ingresos en la Municipalidad de Viña del Mar, que obligó a modificar el presupuesto a la baja en medio de una pandemia que afecta gravemente a Viña del Mar, se suma a una serie de hechos irregulares de la actual administración municipal en los últimos años. Ya el informe de Contraloría durante el año 2019, que denunciaba un déficit municipal de $17 mil millones y pago de horas extras a funcionarios municipales de forma irregular, develaba la corrupción de la administración de Virgina Reginato al frente de la Municipalidad de Viña del Mar. Sin embargo, la raíz del problema no es la corrupción en sí misma. El problema que estalló en nuestra ciudad es mucho más transversal y tiene que ver con una crisis en la forma de gestión municipal neoliberal.

No es casualidad que se estén repitiendo los mismos problemas que se veían en la administración municipal de Jorge Castro en Valparaíso. Si bien en ambos casos hay casos de corrupción, lo relevante es el origen de esta corrupción, que tiene que ver con la lógica de los gobiernos locales desde las reformas en la dictadura cívico-militar y su continuación y consolidación bajo los gobiernos de la Concertación.

¿De qué trata esta lógica de administración? En primer lugar, es profundamente tecnocrática. Es decir, se deja la administración y ejecución de políticas sociales a supuestos expertos, políticas que a su vez están diseñadas por otros expertos en la administración estatal central. Las personas son, con suerte, meras receptoras de beneficios sociales, sin participar en ningún nivel de elaboración ni ejecución. De esta manera, se prescinde del conocimiento acumulado en la población, quienes conocen bien sus necesidades y problemas, y no se hace parte de la solución a la comunidad.

En segundo lugar, al no participar de los procesos, tampoco hay vigilancia activa de los recursos municipales y la ejecución de programas u obras sociales. Cuando las personas participan de las decisiones de gestión local, tiene mayor conocimiento de cuántos recursos están disponibles para cierto ítem y en qué cosas la municipalidad había planificado gastar esos recursos. Por lo tanto, cuando algo no se ejecuta o se hace mal, la reacción de las personas es de forma inmediata. Esto dificulta la aparición de corrupción, y permite la formación progresiva de las personas en los quehaceres institucionales de la política, consolidando una visión informada de la vida pública.

En tercer lugar, las políticas sociales neoliberales son focalizadas e individuales. Es decir, por un lado los beneficiarios son unos pocos elegidos por métodos tecnocráticos definidos desde la administración central y no se ejecutan políticas de beneficios universales para toda la población en general. Por otro lado, los receptores son individuos y no la comunidad en su conjunto, reduciendo los problemas sociales a problemas de consumo personal. Por lo tanto, se dificulta de sobremanera enfrentar los problemas barriales y comunitarios de forma sistémica, impidiendo la regeneración del tejido social.

Una cuarta característica de la lógica de administración es que las municipalidades neoliberales han cedido cada vez más patrimonio y capacidad de ejecución, favoreciendo la lógica subsidiaria del neoliberalismo. Es decir, se sigue la lógica de inyectar dinero público a empresas privadas para solucionar problemas sociales. Esto debilita a los municipios y, además, es fuente fértil de corrupción. Cada vez más consultoras privadas ejecutan programas sociales con dinero público y, dado el déficit de fiscalización, se corre el constante riesgos que funcionarios públicos de altos cargos tengan accesos directo mediante algún familiar, amigo o conocido a las mismas.

A la administración neoliberal municipal debemos anteponer la lógica de gobiernos locales posneoliberales. Un gobierno local de estas características debe construir políticas sociales de manera participativa, comunitaria y vinculante, sin prescindir de patrimonio municipal. De esta manera, vamos reconstruyendo tejido social, combatiendo la corrupción y devolviendo soberanía al pueblo.

La solución a la corrupción de Viña del Mar -o cualquier otro municipio prisionero de estos problemas- no es un mero cambio de nombre en la cabeza de la Alcaldía, sino la entrada de un proyecto político posneoliberal que haga carne las demandas del 18 de octubre de construir una democracia popular que le devuelva la dignidad a la gente.

AlejandroAlejandro Aguilera
Director de la Fundación País Digno y profesor de Matemáticas de la UTFSM.

 

 

FranciscoFrancisco Guilardes
Secretario ejecutivo de la Fundación País Digno, sociólogo y Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad de Chile.

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