Opinión

[OPINION] Gobernar con unidad (por Aland Tapia)

Cuando surgió la idea de gobernar Viña del Mar con un proyecto nacido de distintos sectores y actividades, la alcaldía estaba bajo una fuerte crítica por el estado de abandono de la ciudad.
Esa condición no ha mejorado, sino todo lo contrario. Recuerdo las reflexiones en medios nacionales y locales del Premio Nacional de Humanidades, Agustín Squella, a las que acompañaron otras personalidades públicas que decían que Ciudad Bella era nada más que un eslogan. Luego vimos el déficit financiero, los juicios que siguen abiertos y hoy se publica con pomposos títulos que “La municipalidad está saneada”, lo que es un decir, porque lo que viene es pagar las deudas que dejará la administración actual y manejar un menor presupuesto por la caída en la actividad económica.
Pero el gran motivo para plantear este desafío nació en los barrios, en la mirada de un ambiente de abandono a la suerte de cada cual y que Viña (y nadie en Chile) se merece. La gente pasa vestida con lo que dejan otros, son los que copan la periferia y su pertenencia e identidad con la ciudad están cada vez más desmejoradas. Y eso que aparecía como “de los cerros” hoy transita por todos lados por los malos empleos, la precariedad de todos los servicios y se va instalando como una cultura (subcultura), que se traduce en la imagen que proyectamos.
La política elaborada en 40 años bajo esta Constitución escondió la realidad. Lo hizo en Puente Alto, Maipú, La Florida, Antofagasta… y en Viña del Mar.
El surgimiento de esta candidatura independiente no es en contra de nadie, sino contra la pérdida de cohesión y cooperación para remecer y ayudar desde acá, desde la sexta comuna más habitada del país, a sacar a Chile de su condición, adormecida hasta octubre y que despertó. Escribí en varios medios sobre lo que se vendría y usted lo puede leer, pero esas reflexiones respondían a lo que observaba en la comunidad, la que cierta prensa nunca cuestionó, sin hacer la crítica necesaria, y que sigue insistiendo en poner a los millones de personas manifestando en el mismo plano de los saqueadores.
Vamos a poner una voz fuerte en Santiago, porque no somos patio trasero de nadie. No podremos frenar la caída de Viña del Mar ni de las regiones, ni menos soñar con alcanzar el umbral de desarrollo si no hay una nueva Constitución, y eso requiere unidad, requiere una voz que se une y no rivaliza con Valparaíso ni Concón, ni con Quilpué ni Quillota, ni con Vitacura ni Concepción.
Una voz fuerte es la que no ruega en la Subdere, es una voz que hace sentir, por ejemplo, que no se postergará por enésima vez la licitación del transporte público, una que no se “comprará” la seguidilla de rimbombásticos anuncios que cada tanto se dejan caer (tren bala, túnel Recreo-Las Salinas, palacios para la cultura y algunos festivales que terminan siendo caros y malos).
Hay esbozadas temáticas de lo que proponemos nosotros, los de la universidad, los del barrio, los que somos padres y apoderados, los que hemos sido autoridad y llegamos a este momento con una historia en la ciudad. Esperamos seguir sumando opiniones, uniendo voluntades para trabajar juntos los proyectos que Viña del Mar y Chile requieren con urgencia.
Me compromete mi historia, pero más las expresiones de adhesión que con sus firmas han asegurado el primer nombre en la papeleta para la elección del 11 de abril a la alcaldía de Viña del Mar.

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