Opinión

[OPINION] Estrategia sanitaria: Una mirada hacia la futura Gobernación Regional de Valparaíso (Aníbal Vivaceta y Rodrigo Mundaca)

Aunque la elección de gobernadores regionales nos genera muchas expectativas, el proceso involucra la transferencia de competencias bastante limitadas. En el plano de la salud, no está previsto ningún traspaso de responsabilidades desde el gobierno central y su administración, delegada en las Seremis de Salud. Es por ello que hemos hecho el ejercicio de imaginar acciones concretas que pudieran impactar positivamente en la emergencia sanitaria, aun sin transferencia de competencias a la región en este ámbito.

Una primera falencia en el abordaje de la pandemia, tanto a nivel nacional como regional, tiene que ver con la ausencia de comunicación de riesgo. Durante las maratónicas sesiones televisivas, las autoridades han mantenido un permanente discurso triunfalista, comenzando, hace un año, por declarar que estábamos mejor preparados que nadie para impedir la entrada del virus; lo que actualmente se ha transformado en la etiqueta de “uno de los países más exitosos en la administración de vacunas en el mundo”. No han destinado, en cambio, ni un solo minuto en explicarle a la gente cómo se transmite el virus. Como mucho, se le repite a la gente consignas del tipo “use mascarilla”, sin aportar datos que permitan entender cuándo se necesitan y cuándo no, o cuándo pueden revestir incluso un mayor riesgo. Se le dice a la gente que se lave las manos, pero sin una explicación resulta difícil que la gente valore la medida; si por otro lado, se le habla de un virus que va de una vía respiratoria a otra. El discurso exitista sobre la vacunación colabora a fomentar el descuido por las medidas básicas de prevención.

Digamos, desde ya, que este discurso vacío y muchas veces confuso permite una enorme discrecionalidad en la aplicación de las medidas, tanto en la decisión de su adopción como en la posterior fiscalización de su cumplimiento. Esta dimensión no es irrelevante, pues esa discrecionalidad se instala como un hábito, se naturaliza.

Aunque la Gobernación no reciba competencias directas en esta área, existe un enorme espacio para trabajar en información de calidad, en una comunicación de riesgo basada en la comprensión; una comunicación que considere a las personas como seres pensantes, capaces de decidir sobre sus riesgos una vez que toman conciencia. En esta labor, la gobernación regional podrá actuar como un articulador. No es necesario considerar grandes campañas mediáticas. Basta conjugar los esfuerzos y los espacios de diferentes actores con esta orientación común.

Otro de los grandes problemas de la gestión de la pandemia tiene que ver con las reales posibilidades de aislar a quienes pueden contagiar: los casos y sus contactos, dada la organización del trabajo en el país. En efecto, sin entrar en las discusiones sobre la efectividad de los confinamientos masivos -donde la literatura parece decantarse por un efecto poco relevante o incluso perjudicial en términos de propagación– la medida de aislar a quienes portan el virus es fundamental en el control de la epidemia, como han demostrado Corea del Sur o Islandia y como se sabía desde hace siglos.

El mercado laboral chileno, con sus altos niveles de precariedad, hace inviable que mucha gente que presenta síntomas se declare enferma. Convencerse de que “es una carraspera por alergia”, “siempre me pasa en esta época”, “debe ser por el cambio de temperatura” se convierte en una estrategia de supervivencia, por ejemplo, si trabajas en el tan recurrido delivery. En estos sistemas, donde supuestamente eres un “socio”, como Uber o Rappi, no puedes darte el lujo de parar por enfermedad. No es solo que tu sustento diario peligre: Si te declaras enfermo, conviertes a tus compañeros en contactos estrechos, con lo cual hay una presión social a no declararse enfermo.

En términos de instalaciones para el aislamiento, las viviendas chilenas también representan una dificultad, dado que una buena parte cuenta con espacios reducidos, como para que una persona se aísle. Sumado a eso, la baja o nula información sobre mecanismos de trasmisión incrementa los riesgos intradomiciliarios. La solución en este caso, no se reduce a una residencia sanitaria. Las personas tienen redes familiares y de amistad que implican responsabilidades. Si gran parte de los hogares son madres solteras o mujeres jefas de hogar  criando solas a sus hijos y muchas veces cuidando familiares, no es cosa simplemente de irse a una residencia.

Si bien todo lo anterior obedece a reglas del juego de cómo funciona el país que exceden con mucho las facultades de una gobernación, e incluso involucran procesos globales, nuestra población ha desarrollado estrategias de ayuda mutua, cuyo ejemplo más visible son las ollas comunes y las redes solidarias por la alimentación. Han surgido diferentes formas de apoyo local a quienes están haciendo un servicio social cuando se aíslan efectivamente para evitar transmitir la enfermedad que tienen o están en riesgo de haber contraído, a otras personas. También aquí existe un amplio margen para fomentar estas estrategias solidarias, apoyarlas, estimular su coordinación, aprovecharlas como espacios de educación colectiva y de articulación de redes comunitarias.

No podemos cambiar de raíz un modelo neoliberal que pone la producción por encima de cualquier otra consideración y que lleva la gente a arriesgar la vida y la integridad para subsistir; pero podemos hacer prevalecer la solidaridad, la ayuda mutua, la organización territorial.

El proceso de adquisición de competencias por las administraciones regionales no es algo estático ni puede obedecer sólo a ciertos aspectos predefinidos. Con creatividad, participación, reflexión colectiva, podemos ir ampliando los espacios de gobernanza local más allá de los límites formales, tensionando estos mismos con la fuerza de la organización y sus logros en busca de la construcción territorial, por el buen vivir y la autonomía de las localidades y sus barrios.

Rodrigo Mundaca

Anibal Vivaceta
Epidemiólogo
Rodrigo Mundaca
Ingeniero Agrónomo. Candidato a gobernador regional por Valparaíso

 

 

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