Opinión

[OPINION] Autonomía política de la Mujer y Ciudad de Cuidados: la necesidad de una planificación urbana que ponga la vida en el centro (Patricia González Toro)

La violencia contra las mujeres comprende a todas las mujeres en su diversidad. Y es que el sexismo no distingue entre las orientaciones sexuales de las mujeres para el trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados, simplemente somos mujeres y debemos trabajar en forma no remunerada, porque así lo mandata la sociedad.

La literatura feminista concibe que el sexo es una construcción social, el cual está condicionado por un modelo ecológico que comprende los ámbitos institucionales, normas sociales y, por supuesto, las relaciones sociales cotidianas. Por esta razón, la violencia contra la mujer y su determinación como responsable del trabajo reproductivo y de cuidados es, entre otras causas, el resultado tanto del ejercicio del poder de los hombres en base al sexismo, sus privilegios y permisibidad para ejercer ciertas formas de violencia. Así, la violencia, o amenaza de violencia, se usa para establecer y mantener el orden jerárquico entre los géneros: niños y hombres aprenden a utilizar selectivamente la violencia contra las mujeres para perpetuar privilegios sociales y una división sexual del trabajo.

Desde esta perspectiva, podemos decir que los espacios y formas en que habitamos, especialmente en las ciudades, están permeadas por esta construcción social del sexo. Según Valdivia (2018), los espacios públicos urbanos no son neutrales, sino reflejan formas de vivir. Su planificación está diseñada desde y hacia una experiencia masculina que afecta a las mujeres y otras identidades de género que viven allí, lo cual se evidencia en la falta de incorporación de la mirada y experiencia de niñas, jóvenes y mujeres adultas y mayores en las eventuales planificaciones para mejoramientos de infraestructura y gestión urbana de ciudades como espacios seguros para la reproducción de la vida social de las mujeres, especialmente de madres y cuidadoras.

La pandemia del COVID-19 y la prolongada cuarentena aumentaron la violencia contra las mujeres, obligándolas a convivir con sus agresores. El coronavirus y la gestión de la respuesta a la emergencia han acentuado las desigualdades entre los géneros, deteriorando aún más la situación de las mujeres. El confinamiento, así como la paralización de los servicios públicos repercuten negativamente sobre las condiciones de vida y subsistencia de las mujeres, y la confluencia de estos factores expone a las mujeres a un riesgo elevado de violencia de género.

La experiencia de convertirse en cuidadora familiar informal, es decir que no recibe remuneración, es un cambio total de vida. Un proceso de duelo en sí misma, entre lo que imaginaste que sería tu vida, versus tener que cuidar a otro(s) ser(es) humano(s), con poco o nulo apoyo económico, de la familia y del Estado. Esto trae consecuencias en la vida de la persona cuidadora, a nivel físico, emocional, social, laboral y económico.

Esta inequidad se acrecienta al tomar en cuenta la brecha de analfabetismo digital en mujeres adultas mayores y cuidadoras informales, dado que las formas de comunicación y relaciones sociales en pandemia se dan principalmente por redes sociales. La brecha tecnológica y de analfabetismo digital aumenta el aislamiento social y la falta de participación social para resolver dificultades de cuidados en colectivo y en comunidad.

Se evidencia la necesidad de procesos de planificación mediante metodologías de valoración trabajada en talleres participativos presenciales: conceptos básicos, identificación y caracterización de gestión comunitaria, educación cívica, género y cuidados, para co-construir una hoja de ruta a futuro a modo de proyecto piloto de una “Ciudad Cuidadora”, donde el foco sean las comunidades, sus relaciones, sus dinámicas y necesidades en los territorios; desde el cuidado se posiciona como un factor relevante en la planificación urbana. Esto significa no dejar la tarea del cuidado sólo a las mujeres, sino que sea de forma colectiva.

Como el cuidado es “invisible”, es necesaria la mirada socio-territorial desde los organismos públicos como las juntas de vecinos, gestionando y construyendo barrios que nos cuiden y nos permitan cuidar a otras personas y responder a una forma de hacer ciudad en conjunto con todos y todas, desde la articulación territorial y el involucramiento ciudadano, en los proyectos urbanos y habitacionales, incorporando nuevas metodologías, identificando las principales problemáticas en torno al cuidado, su reconocimiento, sociabilidad, y las soluciones viables, contribuyendo a facilitar el cuidado, ya que sostiene la vida en los barrios de la ciudad.

Patricia González Toro
Antropóloga social
Docente investigadora


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