Opinión

[OPINION] Vivir la Revuelta Popular de Octubre como una revolución permanente (Nancy Díaz Soto)

La política se define por relaciones de poder. La nueva Constitución dependerá de cómo se resuelvan las relaciones de poder a lo largo de este proceso, tanto dentro de la Convención Constitucional como en la sociedad toda. Las concejalías, como parte de los gobiernos locales, debemos ponernos a disposición de inclinar la balanza hacia las transformaciones que nuestro país demandó el 18 de octubre.

La disputa de relaciones de poder en el proceso constituyente se caracteriza, entre otras cosas, por legitimar quienes pueden, o no, alzar voces en este debate. Desde sectores de la izquierda se intenta instalar la dicotomía entre poder constituyente y poder constituido, haciendo referencia a que sólo el poder originario, compuesto por los convencionales o asambleístas, son los portavoces de los distintos sectores de la sociedad que representan. Inclusive, algunas y algunos convencionales han afirmado que no trabajarán con el poder constituido, es decir, con aquellas autoridades que están por fuera de la convención, porque obedecería a lo viejo, a aquello que se quiere enterrar.

Esta dicotomía analítica es engañosa. Así lo recordó el segundo día de la Convención Constitucional, en que los propios convencionales denunciaron que el Gobierno de Sebastián Piñera no realizó los preparativos y gestiones pertinentes para el inicio de las sesiones y comisiones de trabajo en el Palacio Pereira. También recordemos que, en plena Revuelta Popular, el Gobierno de Sebastián Piñera pudo procesar el conflicto gracias al cuestionado Acuerdo por la Paz, pero también gracias al respaldo del empresariado y las Fuerzas Armadas. Las y los chilenos fuimos catalogados de “alienígenas” por demandar dignidad.

Desde este hito vivimos un escenario de continua deslegitimación del proceso constituyente, en especial del quehacer de la convención, no sólo por el gobierno, sino también por la desinformación de los grandes medios de comunicación y su foco en “farandulizar” la Convención Constitucional, así como los cuestionamientos a la Presidenta Lamngen Elisa Loncón por su origen mapuche, subvenciones y nuevo presupuesto, y a las normativas de ética de parte del sentido común chileno y conservadurismo político chilenos.

Las relaciones de poder también se juegan y definen en el campo social, fuera del Palacio Pereira. Por esta razón, debemos entender que no basta con la sistematización de asambleas para la redacción de una Nueva Constitución, sino que debemos forjarla al calor de una Nueva Cultura Política que madure las demandas y discusiones, así como formas de organización social y toma de decisiones de la Revuelta Popular del Octubre Chileno.

Esta Nueva Cultura Política debe considerarse una revolución de la sociedad toda, en especial de los gobiernos locales. En este sentido, las concejalías tienen un rol importante en facilitar el nacimiento del nuevo chile de transformaciones y dignidad. La política también se debe fomentar a nivel comunal y territorial mediante el fortalecimiento de la sociedad organizada y el recambio generacional incorporando y formando dirigencias jóvenes en Juntas de Vecinos, Comités de Adelanto, Comités de Allegados, Coordinadoras Territoriales, Comités Ambientales Comunales, Cooperativas de Abastecimiento de Alimentos y Ollas Comunes, y toda organización social vital para la convivencia en colectivo.

Vivir Octubre como una revolución permanente fortalecerá la autonomía política de la sociedad respecto a las 7 familias con mayor poder político, económico y empresarial del país. Para esto necesitamos unidad de acción bajo el reconocimiento de nuestras diferencias, sin exclusiones ni falsas dicotomías que potencian el aislamiento y la búsqueda de pureza política, de selección y poca representatividad de las mayorías del país, de las personas comunes y corrientes sin mayor organización.

El proceso constituyente llama a las concejalías y los gobiernos locales a dejar atrás la vieja política clientelar, de las subvenciones y favores, para concentrar nuestras fuerzas y energía en fomentar la organización y participación social, entendiéndolas como derechos fundamentales para convivir en sociedad.

Por último, las iniciativas del Programa Viña Constituyente del Municipio de Cuidados, así como la Comisión Nueva Constitución, Mujeres y Feminismos del Concejo Municipal de Viña del Mar son claros ejemplos de cómo los gobiernos locales podemos aportar en el sostén de procesos sociales y territoriales en un contexto nacional. El potencial aporte en infraestructura, metodologías y plataformas digitales abiertas a la participación vinculante de vecinas y vecinos en el proceso constituyente  son algunos de los elementos que estas iniciativas pueden dialogar ante la eventual aprobación de plebiscitos dirimentes (o intermedios) y aseguramiento del derecho de la participación mediante metodología estandarizada en todos los territorios del país, que no sólo dependa de la voluntad política y calidad del trabajo territorial del convencional, con el objetivo de desbordar el proceso constituyente del Acuerdo por la Paz y a la propia Convención Constitucional.

Nancy Díaz Soto
Concejala de Viña del Mar

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