[CARTA] Bitácora de una mala Ley

Carta a la redacción.

Fármacos II aparece recién aprobada la denominada Ley de Fármacos I, y según su autor, buscaba llenar los vacíos de ese primer proyecto. Durante su tramitación, los parlamentarios bromeaban (porque para ellos esto no es un problema apremiante) con que serían necearías una Ley de Fármacos III y quizás cuantas más. Esto da cuenta de la seriedad con que el Congreso enfrenta las problemáticas que asfixian a las familias chilenas, pueden pasar la vida legislando, mientas su incapacidad cuesta vidas.

Durante sus largos años de tramitación, los congresistas vieron en vivo y en directo el rotundo fracaso de la legislación anterior, pero en vez de enmendar el rumbo, siguieron haciendo más de lo mismo, con los mismos y para, los mismos de siempre.

Fármacos II debe ser una de las leyes más asimétricas en cuanto a participación ciudadana. En comparación con la comparecencia de la industria farmacéutica con sus múltiples chapas, la participación de organizaciones de pacientes fue mínima. En materias de transparencia también está muy al debe. Los acuerdos a la hora de almuerzo y entre asesores fueron la norma, sorprendiendo a quienes seguimos de cerca su tramitación y también a los mismos parlamentarios los que no tuvieron el coraje para enfrentar estas malas prácticas.

Esta ley contempla iniciativas bien intencionadas como la prescripción por DCI, pero que, si no contempla la obligatoriedad de contar con stocks de bioequivalentes, no sirven de mucho. Otras iniciativas, como la del Observatorio de precios, solo servirán si se observa de manera critica, buscando países con precios bajos y no la media que incluye aquellos países apaleados por la industria farmacéutica tal como sucede con Chile. Pero por el detalle de la norma, pareciera que seguirá los dictámenes de la Big Pharma.

Ya al final de su tramitación afloraron tanto sus reales intenciones, así como sus mayores debilidades.

En primer término, a fines del 2020 la oposición presentó una propuesta de regulación de precios, que en realidad era una manera de zanjar la disputa entre laboratorios y cadenas en beneficio de los primeros, estableciendo una tarifa de dispensación para las farmacias sin discriminar entre cadenas y farmacias independientes. El gobierno, representado por el Minsal dilató el acuso de recibo por meses y la iniciativa durmió durante la mayor parte del 2021 hasta que la Segpres desplazó al Minsal (en una Ley de Fármacos) y llegó a un acuerdo con Girardi, Quinteros y sus asesores, sorprendiendo de nuevo a parlamentarios oficialistas y de aposición (que nuevamente acataron en silencio) disponiendo además la suma urgencia para el proyecto.

La última semana de tramitación tuvo de todo, operaciones comunicacionales, exabruptos del Subsecretario Pávez, reemplazos forzosos de parlamentarios (algunos francamente bochornosos) y reconocimientos tales como que este Proyecto de Ley no tiene ningún estudio de impacto que lo avale y la solicitud de uno ex post. También se habló por primera vez del precio de entrada de los medicamentos al país y otros temas que la lógica indica que debieron ser abordados en un inicio.

Pero nada de eso fue tomado en cuenta por el presidente de la Comisión Mixta, tampoco las graves denuncias por conflicto de interés entre una de sus asesoras y la industria farmacéutica, dando explicaciones inverosímiles que contribuyen aún más al desprestigio del Parlamento. Mas allá de las deficiencias técnicas, la forma en que la Comisión abordó el tema de conflicto de interés quedara en la historia de este Congreso como ejemplo de lo que no se debe hacer y será una mancha difícil de borrar en caso de que el proyecto siga avanzando.

Atentamente,

Patricio Novoa Valle
Daniel Zapata Zapata

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