[CRONICA] Federico Santa María: “De soñador a empresario y precursor de la educación superior” (Gina Landázuri Cantos)

El 15 de agosto de 1845, en la antigua calle El Cabo, hoy Esmeralda, en la ciudad de Valparaíso, nació Federico Santa María, hijo de Magdalena Carrera Aguirre y Juan Antonio Santa María Artigas. recibió una formación exigente y disciplinada basada en los principios universales como el respeto, la rigurosidad y el apego a la verdad, tanto para sus padres como para la vida social de ese entonces. Su abuelo materno y su tía abuela, doña Javiera Carrera, contribuyen también a forjar su pensamiento liberal, su amor por la libre expresión y por la patria.

Con tan solo 14 años, Federico ingresa a trabajar a una compañía naviera; sin embargo, tras la muerte de su padre, su ímpetu e impronta familiar lo impulsan a seguir un camino independiente. En 1871 adquiere un sencillo lanchón para prestar servicios de carga y descarga de mercancías en los barcos que recalan en el puerto, para lo cual cuenta con el apoyo incondicional de su madre, quién después de enviudar y de casarse nuevamente, sigue siendo un pilar fundamental para él. Esto consta en el anecdotario acerca de su vida, el cual relata que ella habría empeñado un anillo para reunir el capital necesario y apoyar a su hijo en su primer emprendimiento.

Fiel a su arraigado espíritu patriota, no duda en dejar de lado sus negocios e incorporarse a las filas del Ejército para participar en la Guerra del pacífico en la que Chile libra con Perú y Bolivia a causa de los conflictos por las salitreras de la zona norte. Así, en 1879, con 34 años, se acantona en el cuartel que se encontraba en el cerro Artillería, siendo nombrado comandante del Batallón Cívico N.º 1 de Valparaíso, con el grado de teniente-coronel. Sin embargo, una enfermedad le impide participar en el combate y decide embarcarse a Europa. Su viaje se inicia en 1880 y si bien lo realiza por motivos de salud, no desperdicia la oportunidad de sumergirse en el ambiente comercial y financiero europeo, concentrando sus actividades en Francia.

A fines de 1884 decide volver a Chile donde retoma sus negocios comerciales en diversas zonas del país. Testimonio de ello son las acciones en las compañías de ferrocarriles mineros en el norte y en compañías de gas en San Felipe y Concepción participando además en la política nacional. Sin embargo, su espíritu aventurero lo lleva en 1894 a iniciar su aventura buscando descubrir nuevos países, realidades y culturas como de la india, la china y la nipona; así como también se deslumbra por el progreso que evidencian Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Canadá. México, Cuba, las Antillas, Barbados, Jamaica y Venezuela son también parte de su periplo, que finaliza al regresar a Europa en 1897, lleno de experiencias y energías para iniciar un nuevo ciclo en su vida.

Ese año se instala en París e inicia una relación sentimental con Anna Gillaud, una joven francesa, quien fuera la compañera de su vida de acuerdo con sus mismas palabras. Es en el negocio del azúcar donde hizo parte de su fortuna, además se organizan con varios chilenos residentes y como una muestra de agradecimiento al pueblo francés por la ayuda prestada en el proceso de Independencia de Chile, fundan el Hospital Franco-chileno, que tenía como objetivo acoger a los heridos de guerra. Durante la primera guerra mundial, apoyó al Ejército francés, donando ropa y armas, sin embargo, cerró todos sus negocios declarando que no quería sacar ganancias de la guerra.   Es por esa misma época, y fiel a su espíritu altruista que, decide donar a la Junta de Beneficencia de Valparaíso su fundo Quebrada Verde (actualmente Santuario de la Naturaleza).

De vida austera y sin grandes comodidades a pesar de la fortuna que poseía y que le hubiese permitido vivir con grandes lujos, tenía otra cosa en mente. Dejando su manifiesto expresado en su testamento concebido cinco años antes de su muerte, un frío domingo 20 de diciembre de 1925 en París, producto de una neumonía que lo aquejaba durante largo tiempo, partió de este mundo.

En honor a sus sueños y legado, se conserva lo que él pensaba en esta época proyectar un gran parque de descanso y recreación ciudadana, me refiero a los Ventisqueros donde está el Santuario de la Naturaleza que tanto inspiró a Santa María en sus momentos de estadía en su querido Puerto de Valparaíso y que hoy gracias a Sandra Hernáez Sanhueza, habitante del lugar y presidenta del Centro Cultural la Ventisqueriana, es quien preside los proyectos ambientales que allí se están desarrollando como por ejemplo el que se está ejecutando junto a R-Acciona, el cual es un proyecto de mejoramiento de la cancha de fútbol para la comunidad, entre otros, y con esto realzar el santuario que tanto amaba don Federico.

Con una importante donación, Agustín Edwards hizo posible ejecutar la voluntad testamentaria de Federico Santa María, de dotar a de un centro de estudio compuesto de una Escuela de Artes y Oficios y un Colegio de Ingenieros en Valparaíso, primero como fundación para luego pasar a denominarse «Universidad Técnica Federico Santa María» hasta la actualidad.

Mucho podríamos seguir escribiendo sobre este admirable personaje, quien pasó por el mundo para dejar como ejemplo su espíritu soñador, gracias a ello tenemos como herencia el creer que los sueños no son solo eso, sino que es posible realizarlos con lucha, tenacidad y especialmente con perseverancia.

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Gina Landázuri Cantos
Periodista/R-Acciona Ltda.

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