[OPINIÓN] ¿Matinales? No, gracias (Irene Alvear Azcárate)

Acabo de ver una “novedad” que me propuso Netflix, donde Harrison Ford dispara sus últimos cartuchos como actor. En la película, una joven productora de matinales busca de manera frenética el éxito y un exdestacado periodista en decadencia mantiene un contrato con una cadena de televisión, que, por diversas razones, no lo está aprovechando con minutos al aire. La novata productora debe convencerlo de que sea el rostro del matinal del canal, espacio que además de marcar bajísimo en el rating es el hazmerreír del ambiente televisivo por su falta de vigencia.

Ford asume obligado el puesto y durante más de la mitad de la película se lo ve molesto y huraño frente a cámara, relatando sin emoción una seguidilla de noticias “serias” que parecen no importarle a nadie, tampoco a él.

Pero la joven sabe lo que quiere: un matinal en regla, con notas llamativas y estridentes y, sobre todo, con personas de carne y hueso experimentando en vivo momentos exagerados que impresionen y lleven a emociones “fuertes”…ya no risa sino hilaridad, ya no pena sino dolor y sufrimiento, ya no miedo sino terror. Así, el matinal pone al aire sucesivas notas en vivo con el hombre del tiempo subido, por ejemplo, a una montaña rusa o a un helicóptero, con su cara de horror y sus gritos destemplados; o a la conductora interactuando en cámara con distintos tipos de alimañas y besando sapos (literal). Gracias a esas puras notas las cifras del rating aumentan como la espuma.

Pero nuestro héroe de antaño del sombrero y el látigo (me refiero a Indiana Jones, el famoso personaje encarnado por Harrison Ford en los años noventa) se resiste. Él quiere un programa (o un espacio) de televisión serio, que dé noticias veraces, que sea fuente de información de calidad para que los televidentes sepan realmente lo que está pasando, y no que sean deliberadamente confundidos por un desfile sin jerarquía de imágenes y afirmaciones donde resulta imposible distinguir entre hechos y especulaciones, entre realidad y falsedad, entre algo que realmente sucedió o algo que fue creado para impresionarnos y estimular nuestras emociones.

Sin que me importe arruinar la sorpresa contando el final de la película (o sea, haré spoiler): ¿quién creen ustedes que gana? La joven productora, obvio. El vetusto periodista termina rindiéndose a la evidencia (el canal amenaza con cancelar el matinal si no sube en el rating) y aparece cocinando al aire su receta favorita y esbozando una sonrisa, en un incipiente intento por “humanizarse”. Esta actitud, no cabe duda, lo llevará directo a aceptar la propuesta que la productora le hace al final de la película sobre armar una nota en vivo mientras él se somete a su próximo examen de próstata.

Y eso es precisamente lo que hacen los matinales: en la película comentada, en la quebrada del ají y, sobre todo, aquí, en Chile. Qué mejor prueba de ello que el alevoso asesinato de tres personas (sí, antes de ser carabineros son personas) en el sur del país. Los cuerpos aún no habían sido enterrados y los hechos no eran claros (aún no lo están, por algo hay una investigación en curso), pero ya en los matinales había un desfile de entrevistados (la mayoría de los cuales tiene horario de trabajo y a esa hora debería estar o bien legislando o en su municipio) que especulan, acusan, confunden y, en varios casos, derechamente mienten, con un denominador común: apelar a nuestras emociones más básicas y, sobre todo, subir el rating del matinal y el propio.

Los alcances políticos de este triple asesinato son evidentes; pero no por eso vamos a poner todo en un mismo saco, revolverlo y batirlo para sacar de ahí una mezcolanza que, lejos de ayudar a comprender, confunde y aterra.

¿Qué tiene que ver el asesinato de tres carabineros en el sur del país –donde hay un conflicto de muy larga data actualmente mezclado con delitos comunes como el robo de madera y el narcotráfico– con el estallido social que sucedió hace más de cuatro años? ¿Por qué como resultado de este atentado algunos están pidiendo amnistiar a carabineros que violaron los derechos de otros chilenos hace cuatro años o más? ¿Por qué se aplaza la formalización del Director General de Carabineros por una causa que no tiene ninguna relación con lo acontecido el pasado 27 de abril; acaso no hay más personal idóneo en esa institución que asuma el cargo? Y es más, ¿por qué no se exige al mismo Yáñez que asuma algo de responsabilidad por lo sucedido en el Sur? Mal que mal, quienes fueron asesinados son hombres que él tiene a su cargo. En material institucional, la mera victimización no es una alternativa válida o, al menos, no es la única reacción posible.

En este tipo de situaciones, cuando lo que se ha perdido es la vida de otros seres humanos y hay familiares dolidos cuyo pesar se debe respetar, no son los matinales los llamados a hacer las preguntas y dar respuestas. Lo que está en juego es demasiado serio, y simplemente no puede dejarse en manos del rating, menos el de los matinales.

Irene Alvear Azcárate
El Tránsito, Huasco Alto

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