Hace tan solo unos días, la naturaleza volvió a demostrar que el ser humano aún no está preparado para sus embates. Esta vez, fue el turno del temporal que trajo tanto intensas lluvias como vientos superiores a los 120 km/hr. durante la noche del jueves 01 de agosto y madrugada del día siguiente, ocasionando centenares de fallas en la red de alta tensión, miles de árboles y ramas caídas, daño a infraestructura eléctrica y quebradura de postes, dando como resultado más de 300.000 hogares sin electricidad, equivalente al 20% del país.
La cifra de afectados, recién el 08 de agosto por la tarde disminuyó a menos de 100.000 damnificados, totalizando 94.494. Sin embargo, a las 0:00 horas de este miércoles 14, es decir, más de 10 días tras el temporal, existían 10.117 hogares en el país sin suministro eléctrico, de los cuales sobre 3.000 corresponden a la Región Metropolitana y están bajo responsabilidad de Enel, incumpliéndose así el ultimátum dado por el gobierno para reponer la totalidad del servicio eléctrico.
Resulta irónico lo sucedido, pues ocurre a, prácticamente, un mes de que el Congreso Nacional aprobara una norma para regular el valor de la electricidad, traduciéndose en un aumento escalonado del precio aplicado en los tramos julio y octubre de 2024 y enero del 2025, llegando a un alza del 60%. También es llamativo todo lo sucedido, debido a implementarse -hace bastante tiempo- medidores inteligentes para optimizar el servicio en cuanto a: (I) Entregar información sobre las cantidades de energías consumidas en las distintas horas del día; y (II) Permitir una facturación más precisa al enviar datos automáticamente al proveedor de energía, lo que lleva a facturas sin errores ni estimaciones. No obstante, no existe la tecnología suficiente para prevenir que miles de hogares queden sin suministro eléctrico ni tampoco restablecerlo rápida y eficazmente cuando falla.
El gran “culpable” de los estragos producidos por los fuertes vientos no es la naturaleza, como se ha hecho pensar, sino el ser humano propiamente tal, al solo existir una “cultura” enfocada en incrementar el valor de un servicio cada vez más costoso, sin preocuparse por su reposición rápida y eficaz cuando se requiera, ni mucho menos prevenir fallas mediante la mantención y cuidado a través de un trabajo mancomunado entre municipalidades y empresas distribuidoras de electricidad, como lo son CGE Distribución y Enel, por ejemplo.
Javier Osorio O.
Egresado de Derecho UAH
Universidad Alberto Hurtado
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