[ENTREVISTA] Pedagogía contra la xenofobia: una experiencia de alfabetización de inmigrantes haitianos (por Adolfo Estrella*)

La xenofobia es una actitud primaria. Se puede hacer más compleja con argumentos económicos, demográficos, culturales u otros, pero estos no dejan de ser justificaciones ideológicas de la misma actitud básica: rechazo al extranjero y defensa de los, supuestos, valores superiores de la tribu propia.

A los xenófobos la alteridad los altera. Los xenófobos proliferan en una sociedad como la chilena que tanto le gusta lo uniforme y los uniformes. Una sociedad que tiene serios problemas para aceptar la diversidad y la mezcla, aunque seamos un revoltijo étnico o, justamente, por eso mismo: uniformidad interna y xenofobia son elementos de un mismo conjunto de represión (psíquica) y ocultamiento (físico) de la propia identidad mezclada.

La xenofobia es una ideología fácil, por elemental. Basta con jerarquizar una diferencia, autodefinirse en una posición superior en la escala y, a partir de ahí, discriminar. El último subordinado, el situado en la última posición en la jerarquía social, el más sometido, el más explotado, se siente superior a cualquier extranjero definido como inferior y sobre él ejerce su supremacía miserable y circunstancial. En relación al extranjero VIP, por el contrario, agacha la cabeza.

Pero en medio de la miseria humana y contra la corriente, aparecen pequeños espacios de acogida de la diferencia. Iniciativas de instituciones religiosas, ONGs y comunidades barriales, colegios, universidades etc. han comenzado a producir prácticas de xenofilia, es decir, de hospitalidad hacia el diferente, pero, sin embargo, igual.

Andrea_Sofia2En un colegio de la zona oriente de Santiago, por ejemplo, se desarrolla desde el año 2017 una valiosa iniciativa de enseñanza del español para trabajadores y trabajadoras haitianas. Es una iniciativa del Centro de Alumnos, con los propios estudiantes de tercero y cuarto medio como tutores y los de primero y segundo como colaboradores, con apoyo directo por parte del cuerpo docente y de la Dirección del establecimiento. Conversamos con dos jóvenes profesoras de ese programa, Andrea Purcell y Sofía Ocampo. Ellas nos cuentan los avatares de su experiencia. Es el relato de un aprendizaje común entre profesores y alumnos. Leeremos una narración donde la enseñanza se pone a prueba ética y didácticamente y donde la imaginación y la creatividad para afrontar situaciones nuevas y aprender de la diversidad, rasgo central de toda buena pedagogía, florece.

Hablemos acerca del comienzo de la iniciativa…

Andrea Purcell: Nosotras fuimos invitadas para ayudar a los estudiantes del colegio a armar las clases desde un punto de vista pedagógico, a darle estructura, trabajar los contenidos, orientarlos en la secuencia didáctica etc. Los profesores acompañamos a los grupos de alumnos que hacían las clases, pero no contábamos con la llegada de un grupo de personas analfabetas. Frente a esto, no había preparación y la primera reacción fue considerarnos como no capacitados para la tarea. Pero después pensamos que, si había un grupo de inmigrantes extremadamente vulnerables y que necesitaban apoyo, estos eran los analfabetos y nos decidimos a hacerlo.

Sofía Ocampo: Nosotras como profesoras estuvimos involucradas en dos procesos: la primera etapa consistió en apoyar a los estudiantes de tercero a cuarto medio a planificar las clases de español. Y después dar las clases nosotras. Todos los profesores eran voluntarios y no necesariamente del área de humanidades. El énfasis estaba en el apoyo pedagógico para el desarrollo de las clases. Y justamente en ese momento comenzaron a aparecer los alumnos analfabetos.

¿Cómo es la estructura de las clases y el material para este tipo de alumnos?

Andrea: La clase se divide en dos partes: una de español y otra es la clase de alfabetización. Pero el primer desafío fue la inexistencia de materiales específicos para analfabetos. Había aproximadamente catorce guías hechas para estudiante de nivel uno, proporcionadas por el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM). Fue un punto de partida que ayudó mucho a los estudiantes y a los profesores y sobre ellas fuimos construyendo más cosas.

Sofía: Las guías estaban pensadas para acompañar la inserción laboral, temas de transporte, de salud de los inmigrantes principalmente.

Andrea: Fue un punto de partida importante. Nosotras habíamos estudiado a Paulo Freire en la Universidad, entonces sabíamos que la clave era que su aprendizaje fuera significativo y, por lo tanto, vinculado a circunstancias de su vida cotidiana y, en particular a su trabajo, porque muchos, aunque habían llegado hace poco, estaban trabajando.

¿Cómo se resuelve la doble demanda de aprender español y aprender a escribir?

Andrea: Lo resolvimos nosotras, no sé si se resuelve así siempre, haciendo, en primer lugar, sólo materiales visuales. Entonces toda la parte del aprendizaje de español son imágenes, por ejemplo, de objetos de casa, porque las dos profesiones principales son construcción y trabajadoras de casa particular. Nosotras nos imaginábamos situaciones muy cotidianas porque tienen muchos problemas para comunicarse en su vida diaria.

Pero me da la impresión que son personas con muchos otros problemas, aunque, evidentemente, están relacionados.

Andrea: Sí. El otro problema que tienen tiene que ver con lo legal. Al ser analfabetos no tienen ninguna posibilidad de gestionar sus papeles ni en Haití ni en Chile. La pregunta es cómo llegaron aquí. Y en Chile alguien les dice que tienen que ir a un lugar para regularizarse y hacen una cola de seis horas y resulta que era otro día.  La precariedad y la vulnerabilidad es muy alta: no tenemos idea si en la construcción tienen contrato. Les dicen una cosa y después otra. Por eso primero es fundamental que manejen el idioma. Después que manejen sus derechos y que sean capaces de escribir su nombre y que cuando lo lean sepan que es el suyo.

Sofía: En las clases una de las primeras actividades era aprender la dirección dónde vivían. Muchos no la sabían. Pero pasó algo interesante: de tanto repetirles que se lo aprendieran en algunos les quedó como un tic: en la graduación final una persona se presentó diciendo su nombre y el lugar donde vivía, cosa que no es buena en otros contextos. Eso nos enseña mucho acerca de nuestra pedagogía y sobre las cosas que debemos poner atención.

Andrea: Muchos tampoco saben los números lo que dificulta su manejo de la plata. Una alumna haitiana nos contaba que iba a comprar y pasaban los billetes. Dependía de la honestidad de la persona que los recibía darle o no el vuelto.

Sofía: Sí, pero pasó una cosa curiosa. Nos conseguimos con los niños de básica unos billetitos  que usan justamente para aprender acerca del uso del dinero. Y empezamos a jugar con eso. Les hacíamos el ejercicio: “si este vaso cuesta mil pesos y yo te paso cinco mil…”  Pero, mi alumna se enojó conmigo y me dijo “yo sí sé sumar, lo que no sé es escribir”. Ella sabía sumar, porque en Haití, en el campo trabajaba vendiendo las verduras y conocía la operación matemática.

Andrea: muchas veces les pasa que cuando no saben un concepto se desesperan y te dicen: “lo sé, pero en creole”, como diciendo: “no soy ignorante”,

Sofía: es difícil enseñar cosas que se aprenden en las primeras etapas de la vida, a personas mayores. Se sienten inferiores si nosotras les hablamos más lento, por ejemplo. No soy una niña, te insinúan.

Es difícil enseñar cosas básicas sin infantilizar…

Andrea: Sí. Eso pasa con los materiales didácticos. Nosotros trabajamos con materiales que son para Kinder, pero con Sofía tratamos de eliminar todo sesgo de infantilismo. Dentro de nuestras posibilidades, tratamos que los materiales sean adecuados a adultos.

Sofía: Hicimos un libro para aprender los números, con varios ejercicios, eliminado todos los dibujos infantiles y le pegamos cosas que ellos utilizaban, como ladrillos, martillos, frutas y verduras para que no fuera un material pedagógico para niños de Kinder.

Andrea: Pero hay muchas cosas que son problemáticas. Por ejemplo, con las vocales que ha sido un tema muy largo. Porque al no saber leer no pueden estudiar. Se pueden llevar en su cuaderno las letras de las vocales, pero si no se acuerdan que el grafema e es el fonema e no pueden estudiarlo solos en casa. Tienen que esperar una semana y que en clase se lo corrijamos. El aprendizaje es muy lento. Porque, aunque hay muchas experiencias de alfabetización de adultos, aquí son analfabetos con la variante que son de extranjeros que hablan otro idioma.

Sofía: Paulo Freire remarcaba la importancia de darle, significado a las palabras para “poder pronunciar el mundo” pero enseñar y aprender a escribir en otro idioma es muy difícil.

Andrea: No tienen la plasticidad de los niños y el esfuerzo para ellos es muy grande. Estuvimos más de un mes aprendiendo las vocales. El único material que encontramos un libro de alfabetización con extranjeros que hablaban otro idioma, en España. Pero es demasiado difícil el libro para nuestro caso. El libro es precioso y apunta a las mismas cosas que la guía del SJM, las cosas urgentes: el pasaporte, la foto, nombre, apellido, dirección etc. Después las partes del cuerpo para poder decir lo que les dolía en caso de ir al médico. Pero al pasar a la escritura nos encontramos con que no sabían tomar el lápiz… y nosotras no estábamos preparadas para ese nivel de dificultad. A Sofía se le ocurrió que comenzaran a pintar mandalas porque necesitaban soltar la mano antes de llegar a una motricidad más fina que era la escritura. Pero también les costaba pintar, no apoyaban la mano en el cuaderno.

Sofía: Nosotras trabajábamos sin saber muchas cosas, desde nuestra intuición. Por ejemplo, a mi alumna le costaba la letra e. Y de repente me puse detrás de ella y le tomé la mano y fuimos dibujando la e. Lo hicimos unas tres veces y logró aprender. Pero fue por intuición, no lo leí en ningún libro.

Andrea: Y desde los errores. Hemos ido aprendiendo pedagogía básica. Hay que generar materiales permanentemente porque no existe nada. Tienen mucha dificultad para hacer líneas curvas, por ejemplo.

Sofía: Comenzamos con las vocales en mayúsculas y minúsculas. Y las minúsculas tienen muchas líneas curvas. Entonces dijimos que no tiene sentido que aprendieran las minúsculas y nos dedicamos a que aprendieran sólo las mayúsculas.

Andrea: Muchas de las cosas que nos pasaron una profesora de educación básica nos diría que es obvio, pero para nosotras viviendo la experiencia no fue obvio. Tuvimos que sistematizar estos aprendizajes nuestros, pedagógicos, en torno a la enseñanza de la escritura. Las profesoras de básica nos sugirieron que tuvieran blocs grandes para que hicieran trazos libres y practicaran.

Sofía: Después nos dimos cuenta que muchos tienen problemas visuales lo que les dificulta leer. Nos conseguimos una cita con un ex –apoderado del colegio que es oculista. Antes de ir llamé para decir que es analfabeta porque sabía que para revisar la vista hay que leer letras, pero, afortunadamente, le hicieron el examen con números y eso ella sí los conocía.

Andrea: Tenemos un listado de muchas situaciones pedagógicas de este tipo. Por ejemplo, yo consideraba que era fascinante ocupar Google Earth, porque en mi fantasía pedagógica pensaba que íbamos a llegar a la calle dónde vivía en Haití y que para ella fuera algo bonito pensando en que echan de menos y que todos tienen a sus hijos allá. Pero nos encontramos que no son escolarizados y que, por lo tanto, que no han sido expuestos a estímulos que para nosotros son evidentes. Por ejemplo, nunca habían visto un mapa y no lograban entender que lo que yo les estaba mostrando era un esquema de un territorio.

Sofía: No sabían dónde estaba Haití.

Andrea: En lo que respecta a transporte público pasa lo mismo. No conocen ni las calles ni los recorridos de las micros. Hay muchos haitianos que se pierden. Tienen el papel con la dirección, pero no pueden leer. Tampoco entienden un plano de Santiago. Son situaciones habituales muy extremas. Había dos alumnos que siempre se perdían para llegar a la clase. Les enseñamos como llegar con instrucciones: “camina a la derecha…”

¿Ustedes han aprendido algo de creole?

Andrea: Sí, pero poco. Se puede hablar con ellos en francés. Los no alfabetizados no lo hablan, pero descubrimos que el francés es a los haitianos como el portugués a nosotros.

Sofía: Hay muchas palabras parecidas, las frutas, por ejemplo.

Andrea_Sofia3Me da la sensación de que para ustedes ha sido una ruptura de la normalidad. Ha sido una experiencia llena de cosas imprevistas, no estudiadas, no codificadas…

Sofía: Totalmente. Salir de los esquemas. Y por mucho que hayas estudiado y leído te enfrentas al desafío de tener que enseñarles las letras mayúsculas porque no pueden escribir las minúsculas, por ejemplo. Es la vida misma, la experiencia.

Andrea: Pero también no es necesario inventar la rueda sino traer muchas cosas y adaptarlas a la realidad de adultos inmigrantes analfabetos. Nosotros nos metimos porque empatizamos con el tema. Yo me volví a encantar con la pedagogía a través del proyecto. Sentí que tenía más sentido mi trabajo, a pesar del enorme esfuerzo personal y colectivo que significaba. Si bien es una experiencia enriquecedora, el cansancio también era evidente. Pero, también sabemos que para ellos son muy importantes estas clases. Tuvimos un alumno que estuvo dispuesto a sacrificar un trabajo porque no quería perderse estas clases. Yo creo que hay que sumar fuerzas y que ojalá en muchos colegios se repitan estas experiencias.

Sofía: Yo creo que se está haciendo en otros colegios. Existe la idea de hacer encuentros y sistematizar las experiencias.  En el Servicio Jesuita a Inmigrantes, en la Universidad Católica y en la Universidad Alberto Hurtado están haciendo cosas. Lo interesante es cómo una experiencia novata tiene tantos errores y tantos aciertos y que, por eso mismo, es muy importante sistematizarlos y compartirlos.

¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje para ustedes?

Sofía: yo creo que la capacidad de cambiar las creencias que uno tiene, aprender a ser más flexibles con la pedagogía. Todo es transformable según el contexto.

Andrea: Que ser profesora es algo que me define mucho en este momento de mi vida. Mi experiencia con los estudiantes haitianos me ha ayudado mucho a repensar y remirar mis clases con mis alumnos chilenos. Me cambió la perspectiva de todo lo que estaba haciendo. Me relativiza mi posición como pedagoga.

Opinion_AdolfoEstrella

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