[OPINION] Latinoamérica en la encrucijada (por Luis Alberto Terroba)

1982 fue un año estratégico para nuestra Nación Latinoamericana. La lucha por la Independencia, triunfante en Ayacucho en 1824, contra el obsoleto imperio español, cayó en las garras de los imperios británico y francés que, tras la muerte de Bolívar, el asesinato de Sucre y el exilio de San Martín, Artigas y O’Higgins, se repartieron la Patria irredenta por la que, tres generaciones de suramericanos habían levantado sus banderas. Aquel año de 1830 marcó el fin de la gesta iniciada por Miranda y Gabriel Condorcanqui, continuada por San Martín, Bolívar y O’Higgins y llevada al triunfo por Sucre, iniciando la trágica era de la balkanización. Habíamos triunfado peleando juntos. A partir de 1830 comenzamos a ser derrotados reiteradamente por pelear separados. Se inició con la partición de Colombia y continuó así a lo largo de más de 100 años. La caída de la Confederación Peruano-Boliviana; la separación de la Banda Oriental, constituida en un inviable Uruguay y la posterior destrucción de la Confederación Argentina de Rosas y los caudillos federales. El último estertor patriótico fue la guerra común contra España de 1865, marcando en los hechos, el fin momentáneo del sueño de los Libertadores. El primer paso de la Nueva Era estuvo marcado por la Guerra del Pacífico, donde Chile, Bolivia y Perú se destrozaron para aumentar los beneficios de Inglaterra y Francia y la destrucción de la Prusia de América, el Paraguay de Solano López.

A partir de ese momento, innumerables proyectos patrióticos comenzaron a lo largo y lo ancho de la Patria Grande. Pelear divididos en todos los terrenos marcó el final común de todos los intentos y sólo representó el deseo común de un sentimiento latente que se personificaba para concentrarse. El afecto colombiano al pueblo patriota del Paraguay de López; las expresiones de Rosas sobre su sentir latinoamericano; las manifestaciones del general Peñaloza con el apoyo de patriotas de Chile; el apoyo de Roca a Venezuela a través de la doctrina Drago; el apoyo de Yrigoyen a los patriotas de la República Dominicana y el de este presidente argentino y el nicaragüense Sandino a los mestizos en lucha con los WASP norteamericanos, se constituían en los deseos de gobiernos que conservaron nuestra tradición nacional.

La aparición de EEUU y de la ex URSS en la escena mundial tras la guerra interimperialista, mal llamada primera y segunda guerra mundial, que fue solo una comenzada en 1914 y terminada en 1945, marcó el ascenso de aquellos y la decadencia del imperio europeo en cabeza de Inglaterra y Francia en el mundo capitalista y el comienzo de un nuevo período. Esa “división” del poder mundial permitió a Latinoamérica comenzar el retorno a aquel viejo sueño que transitó por el subsuelo de la Nación Latinoamericana irredenta desde 1830. La primera carta escrita por el general Perón al dirigente blanco uruguayo Luis Alberto de Herrera luego de asumir la presidencia de la Argentina en junio de 1946: “Ha llegado la hora de realizar el sueño de Bolívar de constituir los Estados Unidos de Suramérica” marcaba la hora.

Fue la Era de los Movimientos Nacionales, conformados según la estructura social de cada país. No es casual que esa Revolución Nacional comenzara en el terreno de los hechos, en el país más latinoamericano de Latinoamérica: México. No es casual que esa Revolución contagiara al Perú del APRA, y no es casual que de allí se contagiara a los estudiantes de la Córdoba de 1918. El general Perón se constituiría en la síntesis de esos deseos reflejados en obras. No es casual que, al constituirse en faro de los deseos expresados en Brasil por Getulio Vargas; en Chile por Ibáñez y, en momentos sucesivos, en los deseos de los febreristas paraguayos del 48; el MNR boliviano del 52 y otros movimientos, se convirtiera en el objeto del odio del imperialismo europeo. Esa es la base de los dichos del imperialista W. Churchill: “celebré la caída de Perón con más alegría que la caída de Hitler”. Churchill había podido colaborar con el nacionalista co-opresor de colonias, pero era el enemigo de un nacional que luchaba por la independencia. No fue distinto el final de los que, aún con distinta ideología, intentaban seguir el camino de soberanía política, independencia económica y justicia social para sus países. Allí está el final de Arbenz, Allende, del Gral. Velazco Alvarado o de Torrijos.

El estallido de la URSS marcó un cambio en la política mundial. Para nosotros, 1982 marcó el comienzo del final de la organización semicolonial tanto como la insuficiencia de constituir la soberanía política, la independencia económica y la justicia social sin la Unidad Nacional de Latinoamérica. Así lo había visto el general Perón a partir de 1946 con sus expresiones y su concreción en el ABC y el ATLAS.

Un hecho militar, impensado, la Recuperación de Malvinas, no solo marcó un camino inverso para la joven oficialidad del EA, sino que dejó expuesto a uno de los enemigos históricos del Pueblo, no solo argentino, sino latinoamericano: Gran Bretaña. La defensa de la Argentina que realizara el embajador panameño en la cueva de bandidos de la ONU; la reivindicación exacta del hecho por parte del embajador nicaragüense en Perú, Tomás Borge, fueron todo un símbolo del resurgimiento del sueño de los Libertadores. La pérdida momentánea no impidió que otros Pueblos alzaran las banderas. Algunos con manos firmes, patriotas, revolucionarios, que aún resisten el duro embate del sistema imperial. Otros, progresistas, neodesarrollistas, timoratos, que no vinculaban el hoy al ayer para tener un futuro, que pagaron con sus caídas sin gloria su falta de inteligencia, su falta de carácter, su sectarismo, cuando no su complicidad, pavoneándose como empleados del G20 mientras traicionaban la iniciativa del Banco Sudamericano impulsado por el Cnel. Chávez o impedían el ingreso de Venezuela al Mercosur.

En 1982 comenzó una nueva Era para los latinoamericanos. La inteligencia imperialista europea colocó su baza limitando a los Pueblos a sus innegociables necesidades sociales mientras rompía todos los instrumentos del interés nacional. Por allí filtró a sus personeros y a los traidores. Quedó claro que lo Nacional sin lo Social no tiene futuro, y lo Social sin lo Nacional no tiene viabilidad. Mantener separados eso puntos son los objetivos de derechas antipopulares o izquierdas antinacionales.

La inteligencia nacional debe ir por todo: por su Unidad Nacional en primer lugar, asentada en toda su historia y su cultura. Esa unidad asentada en la justicia social será el reaseguro para enfrentar unificadamente la agresión imperial, que sí actúa unificada. Finalmente, la Democracia Directa será la amalgama de la voluntad latinoamericana para que la capital del Inca no se llame Cuzco como quieren los imperiales, sino Qozco como queremos nosotros. Para no ser más “perro”, sino el “Centro del Mundo”.

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