[CRONICA] Seis viñetas para Enrique Winter (por Guillermo Rivera)

I.

Creo que ciertos libros de poesía parecen novelas, o están animados por el espíritu de la novela. Es éste, pienso, el sentido de Lengua de Señas:  articularse con procedimientos propios de la novela adecuados a nuestra época, intentando, con una voluntad capaz de respaldarla, desprenderse de los diseños más o menos acostumbrados para decirnos otra cosa.

Si esto que digo fuese cierto -por cinco minutos-, podría afirmar que Lengua de Señas es un libro de poemas que se eleva a una doble potencia, porque también es una novela, en que el autor ha considerado un sinnúmero de voces y situaciones, proyectándolas vigorosamente sobre sus páginas.

¿Es esto nuevo? Sí y no. Lo nuevo acá son esas sensaciones abiertas a partir de la experimentación del lenguaje, como si de pronto los personajes decidieran escribir su propio diario, o resolvieran en una jornada de exhibición mostrarnos su intimidad.

II.

Leo el libro día a día. En el plazo de una semana voy tomando apuntes, haciendo esbozos, sumando páginas a mi lectura. Lo cierto, es que lo leo en mi computador.

Si ocupásemos una metáfora conceptual podríamos decir que Atar las Naves era A, Rascacielos B, Guía de Despacho C. En Lengua de Señas el tratamiento es más radical y complejo: el foco que sacude a los sujetos es distinto, el ritmo se vuelve irregular, la distribución ordenada de los argumentos se transforma en flujo ininterrumpido en pos de un lenguaje transfigurado. Nos damos cuenta que el lenguaje es el personaje principal, y en este exceso de actualidad -con objetos definidos y voces definidas- se introducen nuevos nexos entre las cosas: el lenguaje como Proteo viaja en un Mustang a Mantagua y plasma las bases de un mundo que produce nuevos centros de relación.

III.

Detenerse en Proteo. Darle otra vuelta. El poeta ya en el inicio de la página ocho nos señala:

“Aquí se esculpe con los ojos oídos
Ojalá las imágenes se basten a sí mismas
Pero lo que dicen es y debe ser
otra cosa…”

Nos damos cuenta que en un momento este poema trata de dos amigos que hablan desde la infancia, o un poco más grandes de ex novias que se renuevan. Pero a la vez se trata -quizá- de una madre con su hijo, o de otra conversación distinta en un lugar distinto. La imaginación en el poema va operando por capas, se desprende una y aparece otra. Luego, lo que hemos visto es nuevamente desprendido para que veamos otra cosa.

En el poema de la página quince sucede lo contrario. La imaginación (en la metáfora del cuerpo) es omni-abarcante. Es un poema dramático en que la agresión a la que es sometida el cuerpo impregna la totalidad del entorno: se incrusta en las paredes de ladrillo, cae contra el piso, alcanza las banderas de la paz, impregna el dormitorio y el cubrecama. La agresión se propaga tanto en el cuerpo como en las cosas, modificando completamente la composición del paisaje.

IV.

Me he acordado leyendo este libro de la expresión de Sergio Mancilla respecto a los territorios de la literatura como territorios de límites flotantes. Para mí, tiene que ver con esos residuos trastocados de un presente donde lo que hay que interpretar no es el fondo de sentido verdadero, sino el sinsentido, lo innombrable, el desecho, como gustaba a Gadamer.

Lengua de Señas se nos presenta así como un mundo múltiple, concreto, vertido sobre el papel, donde las conexiones tradicionales de la representación parecen desarticuladas.

V.

En esta novela no hay desarrollo, nudo, ni desenlace. No obstante, desbloquea nuestra mente. Se parece a un mosaico que evitando ciertas reglas, o lo que en el gusto se estima como ventajoso, nos pasa su forma por la cara. Podría escribir con más detalle sobre esto, con mayor exactitud, tal vez sobre el flujo de conciencia que lo atraviesa, o ir a la raíz de este libro que en alguna medida nos asalta, sin que poseamos claramente marcos de interpretación.

VI.

Escribo poemas. No soy especialista en literatura. Al releer mis apuntes tomados durante esta semana sobre Lengua de Señas, no estoy seguro de haber dado en el blanco, de haber dado una idea clara del libro. Desde mi perspectiva, creo que ha sido una celebración insuficiente.

(Foto: Cortesía / Dirk Skiba)

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