[OPINION] La Caridad (por Roberto Córdova)

Considerada una de las principales virtudes por el cristianismo, la Caridad se nos presenta en una sociedad dominada por la cultura cristiana como un hecho incuestionable. Cualquier acto de Caridad sólo merece elogios.

Pues bien, la caridad entendida –más allá de los cánones teológicos- como una expresión de amor al prójimo, efectivamente es digna de crédito. Si hay alguien en una posición desventajosa, desmedrada; si a la vez existe otro alguien con los principios bien puestos y las condiciones para tender una mano al desvalido, bienvenida la Caridad.

No obstante, si reflexionamos un poco en la situación que motiva un acto caritativo, casi siempre esta situación dice relación a problemas estructurales de la sociedad que nos toca vivir. En otras palabras, la caridad casi siempre se ejerce respecto de alguien que sufre una situación de pobreza material, y casi siempre dicha pobreza es el resultado de las injusticias sociales provocadas por los mismos seres humanos.

No hay designio divino en la condición de pobreza, aunque algunas religiones intenten convencernos de ello. La pobreza (y sus derivados) es el tema por excelencia de las injusticias que la codicia humana genera.

Lo curioso y paradójico es que un alto porcentaje de codiciosos que ostentan posiciones de privilegio socio-económico y/o político, profesan alguna religión y pregonan ideologías que consagran las estructuras generadoras de pobreza. Entonces, estos individuos privilegiados pueden ejercer su virtud caritativa y ser depositarios del respeto de la comunidad toda.

A condición de ser políticamente incorrecto, fue inevitable pensar en lo anterior cuando Daniel Morales, alcalde de Limache, apareció en un video promoviendo una obra de caridad de su administración que beneficia directamente a las personas en situación de calle de la comuna: un albergue.

El albergue con capacidad para acoger a 20 personas se implementó con una serie de comodidades (buenas literas, ropa limpia, calefacción, duchas), y contempla, además, las comidas pertinentes a los horarios de funcionamiento (19.30 a 8.30 horas).

Lo que llama la atención es el criterio que permite se active el albergue: éste atenderá a las personas en situación de calle cuando las temperaturas bajen de los 5° (sic).

Luego surgen una serie de preguntas en torno a los criterios de funcionamiento:

  1. Si la temperatura a las 19:30 horas es de 6° ¿no se puede hacer uso del albergue?
  2. Si la temperatura a las 8:30 horas es inferior a los 5° ¿igual se debe abandonar el albergue?
  3. Dado que se cuenta con capacidad para 20 personas y el catastro hecho por el municipio estima en 32 las personas en situación de calle ¿si llegan más de 20, estos serán devueltos a la calle?

Independiente de las respuestas que puedan esbozarse, lo cierto es que la medida es un paliativo para quien se encuentra en condición de pobreza extrema, y será valorado por lo mismo. Peor es morir de frío en la calle.

No obstante, seguirá pendiente la causa que llevó a una persona a tener que vivir en la calle, o en otros casos a vivir en una toma de terrenos, o en una vivienda social de 45 metros cuadrados, o con una pensión de gracia de cien mil pesos mensuales, o con una jubilación un poco menos miserable que esa pensión de gracia, en fin. Son múltiples los motivos que nos llevan a pensar –y ojalá a actuar- en empujar los cambios estructurales que permitan que la pobreza no siga requiriendo de la Caridad de los bondadosos y de los administradores del sistema que la genera.Opinion_RobertoCordova

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