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[EXCLUSIVO] Entrevista a la periodista Alejandra Matus

La destacada periodista entrega detalles sobre el proceso investigativo que ha dejado en evidencia una serie de inconsistencias en las cifras oficiales respecto de la pandemia COVID-19 en Chile, en particular el número de fallecidos, el cual podría ser mayor al que entregan las autoridades de Gobierno. Tanto en la región de Valparaíso como en el país en general, se registra una significativa alza de fallecidos en marzo de este año en comparación con el promedio de años anteriores.

La periodista, investigadora y escritora Alejandra Matus ha ocupado parte de su tiempo en cuarentena en Nueva York para hacer seguimiento a la situación de la pandemia de COVID-19 en Chile. Su trabajo se ha centrado en investigar los informes oficiales sobre los casos de contagios y fallecimientos en el país, y el manejo de sus cifras, las cuales, para muchos del mundo político, de la salud, la prensa y seguidores en Twitter, han generado múltiples dudas y cuestionamientos. Ante nuestra pregunta si le importaba los ataques recibidos, su respuesta es clara: “Mi propósito como periodista es simplemente mostrar que esto pasa”.

portadaEn entrevista en #FTVenCuarentena, la autora de libros de investigación periodística como El Libro Negro de la Justicia Chilena (1999/2016), Doña Lucía (2013) y Mitos y verdades de las AFP (2017), entre otros, asegura que “los datos no es que sean erróneos; los datos que entrega el Gobierno todos los días son correctos, en términos del número de contagiados o de fallecidos. El tema es la falta de otros datos, o las zonas grises en las cuales, por ejemplo, no se está haciendo tests; en la falta de testeos, por ejemplo, que se reclamó inicialmente en los sectores populares y que recién se está haciendo. La prolijidad, o más bien, la extensión con que se recogió los datos es lo que causa dudas”.

Twitter se ha convertido en una importante herramienta en todo este trabajo. ¿Hay alguna intención con eso?

-Como contexto general, me parece que el género periodístico más necesario en circunstancias de crisis es el periodismo informativo, que todos los días te nutre de información básica, tomando cuenta de lo que pasa, pero también permitiendo a la autoridad y a los distintos gestores tomar decisiones. Por eso he usado Twitter, porque es una herramienta instantánea para el periodismo informativo. Lo que he estado publicando no son reportajes largos sino información que me es posible reportear, chequear y subir a Twitter.

CIFRAS DURAS E INCONSISTENCIAS

Hay un análisis que haces tú con cifras duras, con respecto a las inconsistencias en el número de fallecidos. ¿A qué conclusiones llegaste?

-Como estoy aquí encerrada, mi obsesión favorita desde enero ha sido seguir la pandemia, primero lo que estaba pasando en otros países, después acá (en los Estados Unidos) y luego en Chile, y en esa observación tomé la idea de varios medios norteamericanos, y varios ingleses y españoles que han calculado el impacto de la pandemia en lo que se llama ‘exceso de muertes’, que es un cálculo bien simple: uno hace un promedio de cuál es el número de muertos más o menos estable para el mes, donde hay pandemia, en este caso marzo y abril, comparado con los tres años o cinco años anteriores. Nosotros lo hicimos por cinco años -digo nosotros porque también me ayudó mi hermano- y se ve una diferencia bastante significativa entre 2020 y 2019 y también entre 2020 y el promedio de los cinco años anteriores, donde hay una diferencia de 11-12%, es decir de 932 fallecidos.

EFECTO LUNES

Pero no se puede hacer de esto una conclusión directa, de que todas esas muertes corresponden a COVID-19…

-También puede ser gente que no llegó a atenderse, por distintas razones. El Gobierno también ha señalado que hay problemas en el registro. Por ejemplo, se registran fallecimientos de febrero en marzo, por esto de los cinco lunes, y puede ser que una parte de ese número sea explicable por problemas de registro. Pero no todo. Todas las respuestas que se han dado oficialmente para explicar esa diferencia de fallecimientos no alcanzan a dar cuenta de estas

Un paso siguiente es saber de qué murieron esas personas, y ahí la información es mucho más difícil de obtener. En Chile, el análisis más fino de causa de muerte y número de muertes por mes lo hace el INE con un desfase de dos o tres años. La estadística que tenemos hoy es de 2017, la más fresca. Esto dicen los datos y ojalá que los expertos puedan hurgar ahí para ver si efectivamente hay personas que en marzo, donde se registraron solo 16 muertes, fallecieron de COVID.

En abril también se detectó una diferencia a nivel nacional de 3,5% respecto de abril del año pasado y los últimos cinco años, pero se produce la situación de que en Santiago hay una reducción de las inscripciones, que coincide con la cuarentena. Pero hay otras regiones donde el alza es mucho más significativa, como la Quinta, Octava y la Novena, que son regiones que en análisis de marzo también registraban un mayor porcentaje de aumento que en la Región Metropolitana. Esto no se puede explicar solo por el ‘efecto lunes’.

Matus1Otra cosa que descubrimos con estos datos es que en marzo -no tengo datos para abril- la mayor cantidad de muertes está concentrada desde los 50 años para arriba en una proporción mucho mayor, y también es significativa estadísticamente que los años anteriores.

El hecho es que murió más gente en marzo de 2020 que en marzo de 2019 y que los cinco años anteriores, en un monto bastante significativo, a mayor edad, más gente, y se registraron menos muertes entre niños y jóvenes. En el caso de abril, no tenemos por edad, pero sí las diferencias regionales.

CERTIFICADOS DE DEFUNCIÓN

¿Qué pasa con los certificados de defunción? Tú publicaste que los certificados de defunción están omitiendo el COVID-19.

-Es muy raro que en Chile se tenga esta excepcionalidad de tener, aun con aumento de contagio, una letalidad inferior a otros países e incluso en otros países con mejor sistema de salud que el nuestro.

Hay dos hipótesis posibles: una es que Chile tiene algo especial que hace que la letalidad sea menor y la otra es que no se estén detectando los fallecimientos que sí están ocurriendo. Estos son datos que uno no puede extrapolar porque solamente encontré dos casos, pero son significativos porque pueden representar lo que está pasando.

caso1En un caso es una mujer, de 89 años, que ya fue diagnosticada con COVID, llevaron sus hijos a urgencia, falleció antes de someterla a algún tratamiento y en el certificado de defunción que firma el médico y que es el documento oficial para designar la muerte de una persona, se puso ‘neumonía’ y ‘síndrome de deficiencia respiratoria aguda’, pero no se puso ‘COVID’. De hecho, en el Registro Civil, al darle el pase a la familia para que la sepultara, se escribió a mano ‘persona con COVID no informada’, para que la funeraria tomara los resguardos del traslado del cuerpo, pero eso no corrige el certificado de defunción.

La pregunta que queda pendiente es si el Gobierno lo registró como muerte COVID o no. Eso hasta ahora no se sabe porque, además, cuando el Gobierno informa de muertes, a diferencia de lo que ocurre en otros países, no entrega ningún dato. Al principio entregaba más datos; hoy menos. Solamente dice que murieron ‘x’ personas y entre el rango de tal y tal edad, pero no se sabe comuna, si tenía enfermedades base. No se sabe mucho, entonces no se puede cotejar si este caso en particular está en la contabilidad del Gobierno.

caso2El otro caso fue super bullado el fin de semana, que es el de un joven de 40 años que falleció en la comuna de San Joaquín estando en cuarentena por COVID. La familia y los amigos, fundamentalmente, comenzaron a escribir por redes sociales porque no iba nadie a retirar el cuerpo. Y aquí hay otra conclusión respecto de las instrucciones, porque la gente piensa que tiene que ir al Servicio Médico Legal, que tiene que ir alguien del Servicio de Salud, o alguna autoridad, pero el instructivo del Gobierno dice que no, que los servicios de salud certifican la muerte solo si la persona murió en un centro de salud o 48 horas después de haber sido atendido. Si la persona, pasadas esas 48 horas, muere en su casa o si nunca llegó al médico y se murió en casa, no. Con un indigente incluso hay mayores posibilidades porque para el SML murió en la calle y se les hace el test. Para llegar al SML tiene que ser muerte violenta o sospecha de asesinato, o en la calle. Pero para una persona que muere en su casa, o por muerte natural y es joven, viene un médico y certifica la muerte. En este caso, se certificó la muerte para ayudar a esta familia que estaba acongojada, pero ese certificado no llegó a ninguna autoridad del servicio de salud y el Registro Civil, al recibir ese certificado, solamente puso como causa de muerte ‘paro cardiorrespiratorio’.

De nuevo la pregunta es: ¿se enteró el Gobierno que esta persona falleció por COVID?, Cómo podía enterarse, cuál es el conducto para que alguien que muera en su casa y que llega un médico particular o un vecino o de la funeraria, le informa al Gobierno que esa persona tenía COVID, o que incluso murió antes de que le hicieran un test. En Chile no se están haciendo tests a personas que ya murieron.

Supongamos que tienes un familiar en tu casa y muere en la casa, una persona mayor es típico que no se le va a hacer el test. ‘Ah, se murió porque estaba viejito’. No le hacen el test. No se contabilizó y el no contabilizar esa muerte en Chile no solo tiene un impacto en la sensación de la población, de sentirse más segura, sino que también tiene un impacto en las políticas públicas, en cómo se va a enfrentar si uno considera que esta enfermedad no es grave y que no produce letalidad. Las medidas públicas de las cuarentenas, por ejemplo, las medidas de contención para evitar que se sobrepasen los servicios de salud van a ser menos, como se ha visto además en Chile, que se adoptan cuarentenas parciales, se levantan, se suspenden, se vuelven a levantar…

TESTS PCR Y SATURACIÓN EN HOSPITALES

Tú advertiste la saturación en el Hospital San José donde fallece un joven. Ayer murió una funcionaria del Van Buren. ¿Cómo has buscado la información? Y segundo, ¿cómo ves el tema de que no se podrán seguir haciendo tests por problemas de desabastecimiento?

-Twitter también ha sido una herramienta no solamente de difusión sino también de reporteo. Mucha gente me hace llegar información a través de los mensajes y eso me ha permitido generar una red de contactos con Chile bastante extensa y fuentes de peso, expertos, especialistas y gente que está en la ‘primera línea’ de la pandemia y, gracias a ellos y a ciudadanos comunes y corrientes que me mandan información sobre lo que pasa con sus familiares, he podido hacer también un reporteo desde acá, encerrada, gracias al computador.

Además, no solo soy periodista, tengo a mi mamá, mis abuelos, mis primos, mis tíos, la gente que quiero está en Chile y la noticia partió así: primero falleció un enfermero, luego una enfermera, después un doctor y así empiezan a subir las muertes de las personas que están atendiendo y que fallecen porque los equipos de protección personal no son suficientes, o porque están sobrepasados y no alcanzan. No pueden ir al baño, no tienen descanso… se revientan en la pega; y las camas y los respiradores no dan abasto y la gente empieza a morir ya a tasas de mayor velocidad.

Uno ve estas pequeñas burbujas de algo que va a empezar a ebullir y la impotencia de ver que la gente que tiene responsabilidad no toma las medidas en serio a tiempo, como las cuarentenas, por ejemplo. Si hoy se toma una cuarentena obligatoria en la Región Metropolitana, el efecto para reducir la curva se va a ver en dos o tres semanas más, y en dos o tres semanas más la gente que ya se contagió, que ya está grave, va a llegar y seguir llegando a los servicios de emergencia, no solo en la RM sino también en el resto del país. Ese es el tema. Si esto fuera un terremoto, estaríamos todos despachando inmediatamente, pero como es una especie de terremoto lento, uno tiende a, como conducta humana, ignorarlo. Pero, como un tsunami que se anuncia con anticipación, va a llegar.

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